Ayer se conmemoró el Día Internacional de las Mujeres Rurales, establecido hace 10 años por la ONU a fin de reconocer las contribuciones de este menguado aunque todavía vital grupo y sus contribuciones como precursoras en las técnicas agrícolas, empresarias de la energía verde, protagonistas de respuestas a las crisis por los efectos devastadores del cambio climático, columna vertebral de las comunidades rurales.

Ellas cultivan la tierra, hacen acopio de alimentos, agua, combustibles esenciales y mantienen hogares enteros muchas veces abandonados por los hombres, gracias a las estrategias de sobrevivencia de las mujeres rurales se ha impedido que la producción interna de alimentos se desplome.

Escuchar a las mujeres rurales, reforzar y acentuar sus voces es fundamental para difundir sus conocimientos, como pioneras de las nuevas técnicas agrícolas, primeras actoras en la respuesta a las crisis y empresarias, las mujeres rurales son una fuerza poderosa que impulsa el progreso agrícola, aunque en México son invisibles.    

En este país hay más de 13 millones de mujeres que viven en pequeñas comunidades rurales y mantienen los mayores índices de marginalidad, concentrándose principalmente en las comunidades indígenas, es imperativo para las mujeres rurales  que se revalore su posición en la sociedad y se busquen las mejores condiciones educativas para las jóvenes en particular.

Acerca de la jefatura femenina de hogares, según el censo de 2010, 23.6% millones de hogares la detentan. De esos, 18.2% estaba en situación de pobreza alimentaria; 25.3% en pobreza de capacidades y 48.9% en pobreza patrimonial, la situación no puede ser de mayor segregación y exclusión.

Según el Inegi, en las viviendas, el 50% de los hogares rurales siguen usando el carbón o la leña para cocinar. Respecto al acceso a los servicios de salud, en 2015, solo 13 por ciento de las mujeres rurales tenía esa cobertura, y dos de cada tres muertes maternas que carecieron de atención médica ocurrieron en localidades rurales, lo que obliga al Estado a mejorar las condiciones de salud, vivienda e ingresos, especialmente con jefatura femenina y población indígena.

A pesar de que ellas son las que trabajan y cultivan, la tenencia de la tierra representa una de sus mayores dificultades ya que según el Registro Agrario Nacional, del padrón de  casi 5 millones de personas que poseen núcleos agrarios en todo el país, más de 3.6 millones son hombres o sea, de cada 10 personas no llegan a 3 mujeres con derechos sobre las tierras. 

Lo anterior significa que es preciso promover el acceso de las mujeres a la propiedad de la tierra, el agua, la tecnología y la información de mercados.

El desarrollo sustentable exige que se reconozca y se visibilice el papel esencial que desempeñan las mujeres rurales como agentes claves para impulsar cambios sociales, ambientales, económicos y culturales. 

Es una realidad que las mujeres y niñas rurales enfrentan particularidades y mayores obstáculos para ejercer sus derechos, así que sus vidas están determinadas por un territorio, condicionamientos culturales y redes de dependencia de producción y supervivencia radicalmente diferentes a las mujeres que viven en zonas urbanas.

Ante esta situación de discriminación el gobierno federal ha promovido la coordinación integral de instituciones como el Inmujeres, la Semarnat, la Sader, y la Secretaría de Hacienda, ésta a fin de que se asigne presupuesto para la promoción de la igualdad sustantiva con perspectiva de género.

Reconozcamos a todas las mujeres rurales por el trabajo que realizan para alcanzar la independencia alimentaria en nuestro país y cuidemos que se atiendan sus derechos.

Rosa Esther Beltrán Enríquez
Horizonte ciudadano