Las mujeres que en este Día Internacional de la Mujer marchan en protesta por los feminicidios, la discriminación y la violencia de género, lo están haciendo contra la adversidad que representa ser mujer en una sociedad con muy profundas raíces misóginas en los dogmas judeo-cristianos y de la religión católica, esta última con agravantes como el de reconocer hasta el año 1550, en el Concilio de Trento, que la mujer sí tiene alma y por lo tanto es digna de servir a los hombres casi como esclava, cosa que no echó abajo la visión misógina del apóstol Pablo, el judío helenizado que impuso el silencio de las mujeres en la iglesia, asunto que las ha marginado hasta la fecha, no vaya a ser que luego quieran ser obispas.

Y con esa carga negativa de la religión androcéntrica y patriarcal desde su más remota antigüedad, hoy se sigue topando la mujer –de manos a boca– con el machismo en la Biblia, desde el Génesis (3:16) que la obliga al sometimiento del hombre, mismo que le cortará la mano en caso de que llegue a tocar por accidente el pene de otro hombre (Deut. 25:11), asimismo, a ser condenada por impura, lapidada por adúltera, a casarse con su violador o a la muerte por no ser virgen.

Por eso no debe extrañarnos la misoginia, el androcentrismo, el patriarcado y el brutal machismo de las religiones monoteístas, aunque el catolicismo haya incluido a la mujer para ser venerada en el culto mariano, pero en su versión de la virgen inmaculada y como “la esclava del Señor…”.

Estamos hablando de milenios de formación religiosa machista que ha permeado a la vida secular, a la cultura popular, haciendo la apología del feminicidio, como en los corridos de la Martina y Rosita Alvírez. “Mátalas… vuélvete asesino de mujeres”, canta Alejandro Fernández. Todo ello por celos patológicos inculcados en la religión.

Machismo puro desde el credo a la cultura popular. De las canciones rancheras al reggaeton. En cine, radio y televisión. Desde “Mi Bella Genio”, donde Barbara Eden es condenada a la servidumbre de su amo, a la estupidez de Marilyn Monroe en “Los Hombres las Prefieren Rubias”. De “Sexo, Pudor y Lágrimas” a las “Niñas Mal”. La devastación de la mujer en las telenovelas: desde “El Derecho de Nacer” a “Cuna de Lobos”. Todo ello como tópicos de la misoginia perenne y su profunda raíz en las religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo, el islam y los dogmas terribles del clero vaticano.

Y es debido a esa devoción de la mujer en su religión donde el clero misógino ha tenido su más grande influencia y apoyo.

Ahí tenemos el debate entre las diputadas Victoria Kent y Clara Campoamor por el sufragio femenino en España (1931). Ganó Campoamor y perdió la feminista Kent con su propuesta de discriminación positiva. La mujer votó en España y se cumplió el terrible presagio de Kent: el clero católico se hizo del poder, se impuso su dictadura, la mujer retrocedió en derechos y luego ese poder fáctico asesinó a muchas mujeres republicanas, entre ellas, a las Trece Rosas de España.

Bien que las mujeres se manifiesten contra los malos gobiernos. Mejor si lo hacen también contra el yugo de su religión.