Apoyan. El MAG busca darle mayor impulso a las antiguas técnicas de la imprenta. Fotos: Vanguardia/LUIS SALCEDO
“Poemas de Tipos” un proyecto editorial donde 10 poetas locales crearán con sus propias manos las placas de impresión en una prensa del siglo 19

Cuando Johannes Gutenberg introdujo en el siglo 15 en occidente la imprenta de tipos móviles, implicó el inicio de una revolución industrial y de pensamiento que cambió por completo la historia de la humanidad.

Con el tiempo los avances tecnológicos relegaron este método a los museos, y el Museo de Artes Gráficas (MAG), uno de dichos espacios que resguardan imprentas centenarias busca recuperar la vitalidad de las mismas con el proyecto editorialPoemas de Tipos”.

La idea es hacer un libro a la usanza del siglo 15, cuando se estandarizó la altura y fabricación de los tipos”.
Jorge Palomares, encargado del taller.

Una prensa de tipos móviles fabricada a finales del siglo 19 será usada para imprimir 35 ediciones de este poemario, creado enteramente por manos de artistas y poetas saltillenses, algunos de los cuales se reunieron el pasado viernes 31 de agosto en el MAG para hablar sobre la experiencia de creación de este volumen.

“La idea es hacer un libro a la usanza del siglo 15, cuando se estandarizó la altura y fabricación de los tipos. La idea es sacar un librito con ese método, aprovechando que tenemos las máquinas y los tipos, se invitaron a 10 poetas, ahorita vamos en el quinto”, comentó para VANGUARDIA Jorge Palomares, encargado de la producción del texto.

De esta decena de autores 7 ya están confirmados, y cinco han ido ya a trabajar en el museo sus escritos: Christian Luna, Ángeles Dimas, Francisco Robledo, Laura Luz Morales, Esther García, Mercedes Luna y Miguel Rovel.
La dinámica incluye no sólo que los poetas redacten cada uno de los 10 textos que conformarán el libro, sino que también acudan al taller a armar las placas para imprimir las páginas.

“Será un poema por persona, vienen y arman los renglones y aquí ya nada más hacemos el enrame y los espacios en blanco y yo imprimo, es de uno por uno. La tipografía fue donada al museo por los talleres gráficos de Gobierno del Estado”, agregó.

“Este poemita, por ejemplo”, nos dijo refiriéndose al texto más reciente, de Christian Luna,se tardó dos días en armarlo. Hay una media de dos horas y está padre que nos encontramos que hay gente que se dedica a esto, que son cajistas, y lo arman en media hora, pero los poetas que están pensando en el texto es más difícil que lo hagan tan rápido”.

“Ellos se inspiran en el proyecto, en la forma antigua de hacer libros. Llevamos un mes trabajando, yo creo que en un mes más terminaremos”.

Ellos se inspiran en el proyecto, en la forma antigua de hacer libros”.
Jorge Palomares, encargado del taller.

Toda el proceso de producción está envuelto en la historia que el MAG ofrece a través de su colección de imprentas, tipografías y acervo gráfico.

“Esta tipografía no pasa de 1909, encontré que la fundió una empresa llamada Farmers and Son’s, absorbida por la American Type Founders, junto con otras 22 fundidoras que compró de todo el mundo”, nos contó, “la prensa que estamos utilizando se patentó en 1885, estas se siguieron produciendo como 30 años más tarde”.

Serán 35 libros los impresos, los cuales se encuadernarán con el estilo francés y pasta dura, 10 serán para los poetas, 5 se quedarán como parte del acervo del MAG y los demás se distribuirán en algunas bibliotecas del estado.

La intención de este proyecto es darle un uso a las máquinas, que aunque están en exhibición aún son útiles, en un afán de otorgarle mayor vitalidad al museo.

“Vinicio Fabila y yo teníamos el interés de hacer el libro, de usar las máquinas. Somos de la idea de que el museo tiene que estar vivo, pero no somos escritores y Vini platicó con Olga y ya ella nos propuso la poesía. El museo nos apoya con el acceso a las máquinas”, explicó Palomares.

Para los poetas es una experiencia diferente: Tener que crear un texto limitado a los caracteres de las fuentes con que cuenta el museo, colocar tipo por tipo y luego ver el resultado impreso de una manera diferente supone una exploración de la literatura a la que no suelen exponerse.

“Me da gusto ver la marca de la tinta sobre el papel y creo que todo eso me hizo crecer en mi trabajo como escritora. El asunto no es sólo escribir sino también conjugar un objeto, el texto adquiere otro valor”, expresó Ángeles Dimas durante la presentación del viernes.