Las serenatas en las plazas públicas y los conciertos y veladas musicales fueron durante gran parte del siglo 20 el entretenimiento favorito de los saltillenses. Vito y Miguel Alessio Robles dejaron testimonio en sus memorias de los conciertos en la plaza de San Francisco, igual que otros ateneístas del siglo pasado, Florencio Barrera Fuentes y Agustín Isunza, y los poetas Margarito Arizpe y Rafael del Río.

El Salón de Actos del viejo edificio del Ateneo Fuente, en su tiempo, y el Paraninfo del actual han sido escenario de múltiples espectáculos musicales. Igual los teatros saltillenses fueron en su momento sede de conciertos y audiciones musicales, desde el primero del que se tiene noticia, el Teatro Ramos Arizpe, al que siguieron el Teatro Zaragoza, rebautizado Acuña; el Teatro Saltillo; el García Carrillo antes de ser azotado por un voraz incendio, hoy funciona como Centro Cultural del Instituto Municipal de Cultura de Saltillo; y el Teatro Obrero, antecedente del desaparecido Cine Saltillo. Igual el Salón de Actos de la Escuela Normal del Estado, el de la Sociedad Mutualista Obreros del Progreso y hasta el gimnasio y el Patio Español de la Sociedad Manuel Acuña, hoy a punto de caer por la piqueta, y sin dejar de lado el añorado Cine Palacio. En la actualidad, la mayoría de los espectáculos musicales se realizan en el Teatro de la Ciudad Fernando Soler y en el Paraninfo del Ateneo. El auditorio del parque Las Maravillas y la Plaza de Armas reciben a los grupos musicales y cantantes más populares del momento, y en la temporada de la feria, el Teatro del Pueblo y el Palenque.

Son legendarias las serenatas de la Orquesta Sinfónica del Estado y la Banda Municipal en la Plaza de Armas. Y en otros tiempos, las que allí mismo ejecutaban las bandas de los regimientos militares. Saltillo ha sido tierra de buenos músicos. Entre otros, Maclovio Pinto Jiménez, Pompeyo Sandoval, José Tapia R., Jonás Yeverino, los hermanos Antonio y Nicolás Cuevas, el violinista Ismael Fuentes y el ingeniero Zeferino Domínguez. Dos compositores le dieron fama a Saltillo: Felipe Valdés Leal, autor de la canción “Tú sólo tú”, y Alfredo Parra, autor de “Venganza”. La orquesta del maestro Lorenzo Hernández hizo época en los años sesenta y setenta.

A escasos diez meses de la inauguración del nuevo edificio del Ateneo Fuente, el 30 de julio de 1934, se llevó a cabo en el Paraninfo una “Gran Velada Científico Artístico” organizada por la Sociedad Estudiantil Juan Antonio de la Fuente, con el altruista fin de recabar fondos en apoyo a los damnificados de Allende, Coahuila. Participaron en la parte musical la Banda Sinfónica del Estado con una obertura, la Estudiantina Ateneo con algunos números, el profesor Ismael Fuentes ejecutó un solo de violín acompañado al piano por la profesora María de los Ángeles Góngora, y la señorita Brígida Ollervides, del Asilo Mass, interpretó la romanza de La Pilarica de la zarzuela “Gigantes y Cabezudos”. La parte literaria consistió en una alocución, declamación de varios poemas y una conferencia sustentada por el historiador Vito Alessio Robles.

En el Salón de Actos del Ateneo viejo tenían lugar innumerables eventos musicales, entre ellos una serie de “Espléndidos Conciertos Vocales e Instrumentales a beneficio de las obras de la Plaza de Zaragoza”, conocida como de San Francisco, los días 22, 25 y 29 de noviembre de 1906. Cuando se lee el programa, se queda uno asombrado de la cantidad de personas que transitaban por el camino del arte y cultivaban la música. En esos tres conciertos, llevados a cabo en el transcurso de una semana, participaron distintos declamadores, pianistas, violinistas, violonchelistas, cornetines, cuartetos de cuerdas y cantantes, además de la banda del 7° Regimiento de Caballería y una orquesta dirigida por el profesor Pedro Reyes, integrada por “los mejores elementos de la localidad”.

Todavía no se ha escrito la historia musical de Saltillo.