Ta’Marek Sweat en el campus de la Universidad de Texas A&M en College Station, Texas, el miércoles 19 de agosto de 2020. (Michael Starghill Jr./The New York Times)
Frente a un panorama incierto, algunos jóvenes encontraron en el internet una plataforma para salir adelante

Por Allyson Waller

Un estudiante de tercer año de la Universidad Estatal de Texas perdió su trabajo como barman y barista cuando empezó la pandemia. Ahora vende ramen instantáneo y productos horneados con infusión de CBD que prepara en su cocina.

Una estudiante de último año de la Universidad de Vassar tenía algunos ingresos de una pasantía, pero no eran suficientes para que ella o su familia tuvieran seguridad financiera. Así que empezó un negocio de lectura de tarot en línea.

Un estudiante de último año de la Universidad de Stanford trabajaba en la biblioteca del campus hasta que cerró. Ahora tiene un trabajo en un mercado de almacenamiento que se basa en el modelo de Airbnb.

Trabajar en la universidad no es nada nuevo para los estudiantes universitarios. Alrededor del 70 por ciento tiene algún tipo de trabajo, según un análisis de la Universidad de Georgetown. Cuando la pandemia ocurrió durante el semestre de primavera, cerca de un tercio de los estudiantes perdieron sus trabajos, según el Centro Hope para la Universidad, la Comunidad y la Justicia de la Universidad de Temple.

Muchos de ellos han tenido que ser creativos y aprovechar una economía digital que creció a su alrededor mientras la universidad era todavía un sueño lejano.

YouTube y el arte del ramen casero

Zanahorias, apio, cebollas y ajo mezclados con una pasta de miso blanco y asados en el horno, dan más sabor al ramen instantáneo, dijo Raymond Cabrera mientras picaba verduras en la cocina de su pequeño apartamento en San Marcos, Texas, durante una entrevista por cámara web.

Después de perder su trabajo en marzo, llenó sus días con muchas ideas y, por supuesto, con videos de YouTube.

“De ahí saqué la idea del ramen”, dijo Cabrera, de 23 años, estudiante de tercer año que fue transferido recientemente a la Universidad Estatal de Texas.

Dice que un video de la popular serie de Bon Appétit “Gourmet Makes” de YouTube fue la inspiración para hacer y vender ramen instantáneo, algo con lo que había soñado.

Cabrera ahora vende su ramen instantáneo a una cafetería de Austin, Texas, con la esperanza de que algún día se diversifique para venderlo en los mercados de agricultores.

Su empaque es simple: recipientes de plástico que contienen su caldo casero, pulverizado con especias añadidas y fideos sin cocinar comprados en el supermercado. La cafetería paga 1 dólar por contenedor y él suele preparar cerca de 50 contenedores a la vez, y hará más lotes a petición de la tienda, comentó. La ley de alimentos caseros de Texas permite a los residentes vender ciertos alimentos preparados en casa sin una licencia o inspecciones estatales.

La pandemia impulsó aún más a Cabrera a hacer galletas y “brownies” con infusión de CBD, un derivado del cannabis que, según se cree, tiene beneficios para la salud. Los vende a familiares y amigos por, aproximadamente, de 5 o 10 dólares cada uno.

El limitado espacio en la barra de la cocina de su pequeño apartamento está lleno de pequeños electrodomésticos: un deshidratador, una licuadora y una máquina de infusión de aceite de hierbas.

“Soy una de esas personas que necesitan trabajar porque tengo mucha pasión”, dijo Cabrera.

Sara Cochran, profesora del Departamento de Administración y Emprendimiento de la Escuela Kelley de Negocios de la Universidad de Indiana, dijo que el ingenio que los estudiantes están mostrando durante la pandemia demuestra por qué “esta generación ha sido llamada la generación más emprendedora hasta el momento”.

Dijo que los tiempos difíciles de la historia a menudo han beneficiado a aquellos con una mentalidad de ver oportunidades “donde otros ven el caos y la confusión”.

Theo Charusi, estudiante de cuarto año en la Universidad de Stanford, en su casa en Lafayette, Luisiana, el martes 18 de agosto de 2020. (James Billeaudeau/The New York Times)

Leyendo la fortuna de la gente con la ayuda de TikTok

Sabrina Surgil, estudiante de último año en la Universidad de Vassar, había estado leyendo las cartas del tarot para ella, sus familiares y amigos durante casi tres años. Sin embargo, no fue hasta este verano que se inspiró para usar su pasatiempo con el fin de lidiar con los problemas financieros.

“Tengo que pagar las cuentas, también ayudar a mantener a mi familia y a pagar mis cuotas y matrícula. El dinero es lo primero, no mi educación”, dijo. “Eso es frustrante, pero es la situación de los estudiantes de bajos ingresos”.

Surgil, de 21 años, es un estudiante de último año con una doble licenciatura en Historia y Francés.

A través de su tienda en Etsy —las lecturas del Tarot del Sol, la Estrella y la Luna— ofrece citas con distanciamiento social incluido. Los clientes pueden optar por una lectura grabada o una en vivo en línea. Preguntan por la vida, el amor y las vidas pasadas.

La lectura del tarot es una “herramienta para reflejar verdades profundas sobre ti mismo que ya conocemos”, dijo Surgil. Promociona sus lecturas en Instagram y TikTok.

Un usuario de TikTok de Georgia contactó a Surgil y terminó haciendo que todos sus amigos le pidieran lecturas.

“No entiendo bien TikTok ni su algoritmo, pero algunos videos obtendrán muchas vistas y luego dirigirán a la gente a mi Etsy”, dijo Surgil.

Haciendo velas para venderlas en Etsy

Courtney Brunson, de 20 años, había planeado trabajar como asesora residente en el campus de la Universidad de Clemson durante el verano, pero poco después de regresar a casa antes de tiempo a Florence, Carolina del Sur, en marzo, se enteró de que el trabajo ya no estaba disponible.

“No quiero estar fuera de casa trabajando con gente, y las cifras de infectados no están disminuyendo en absoluto”, comentó.

Es estudiante de tercer año de la licenciatura en Administración.

Sus padres la animaron a ser innovadora, así que decidió hacer velas aromáticas. Espera abrir una tienda en Etsy. Ha renunciado a ser asesora residente, pero no ha visto muchas otras oportunidades en el campus. “Pensé que iba a poder conseguir otro trabajo en el campus, pero eso también se ha vuelto más difícil”, dijo.

Neil Burton, director ejecutivo del Centro para el Desarrollo Profesional y de Carreras de la Universidad de Clemson, dijo que el centro de carreras estaba tratando de dirigir a los estudiantes a oportunidades más específicas del campus, como pasantías, ya que los trabajos más tradicionales fuera del campus se vuelven escasos.

“Será un desafío trabajar en un pueblo pequeño donde hay muchos negocios de una o dos personas, restaurantes, tiendas de camisetas y cosas así”, dijo. “Va a ser una fuerte caída”.

Obteniendo un empleo en una empresa emergente en línea

Theo Charusi, de 22 años, estudiante de último año de Ciencia y Tecnología en la Universidad de Stanford, dijo que probablemente experimenta “más presión que el estudiante promedio”.

“Nada está abierto o las cosas apenas están abiertas y nadie está contratando, así que tienes que ser creativo para encontrar maneras de hacer dinero”, dijo Charusi.

Cuando su trabajo en la biblioteca del campus desapareció, Charusi se puso a trabajar en la plataforma online Stache, a la que él llama un “Airbnb para soluciones de almacenamiento”, que fue iniciada hace unos años por un amigo de un amigo.

La plataforma conecta a las personas que buscan una solución económica de almacenamiento con otras que alquilan partes de sus casas o cocheras como espacio de almacenamiento. Desde que su madre perdió su trabajo en servicios de comida, ha estado enviando 800 dólares al mes a su casa, donde ella cuida a sus dos hermanos, que tienen 4 y 8 años.

“Es estresante, pero siento que mucha gente está en situaciones peores, así que tengo suerte de tener oportunidades”, concluyó.

c.2020 The New York Times Company

The New York Times

The New York Times es un periódico publicado en la ciudad de Nueva York y cuyo editor es Arthur Gregg Sulzberger, que se distribuye en los Estados Unidos y muchos otros países. Desde su primer Premio Pulitzer, en 1851, hasta 2018, el periódico lo ha ganado 125 veces.​