Conmoción y asombro han causado las decisiones ejecutivas del empresario fascista Donald Trump, presidente de EU, como imperio en decadencia.  Pero también preocupación en la sociedad mexicana en todos sus niveles, por la capacidad gubernamental de respuesta económica y política que se tenga ante dichos embates. Ese “imperio” no tiene amigos, sólo intereses. Ahora resulta que México es una amenaza y por tanto uno de sus principales blancos objetivos.

El efecto Trump -junto con 60 millones de estadounidenses que votaron por el empresario-  no es de generación espontánea, es una respuesta ante la expansión progresiva del capital a escala mundial, sin límites regulatorios ni barreras arancelarias, la acumulación a gran escala con innovación tecnológica en espacios de menores costos de producción para calidad y precios competitivos sustentados sobre todo en los salarios reducidos, lo que ha provocado desempleo en los Países de origen y menor ingreso agregado en los Países de destino, así amplias regiones de los Países desarrollados tienen efectos negativos de la globalización. De ahí la propuesta proteccionista victoriosa en las recientes elecciones de la Unión Americana.

Sin embargo, en un mundo económicamente ya globalizado, las decisiones trumpianas no serán sencillas de aplicar y sus resultados en el mediano y largo plazos serían adversos para los gringos y para el mundo.

A primera vista, los estímulos fiscales (caso Ford en San Luis Potosì) y la desregulación, sobre todo los primeros, podrían tener un efecto multiplicador positivo en el empleo y en el ingreso agregado, lo que generaría un posible círculo virtuoso: inversión-empleo-ingreso-demanda efectiva-oferta-acumulación-impuestos por utilidades y consumo-gasto público-.... 

Sin embargo, esta posible recaudación en el mediano plazo, no compensaría la reducción de impuestos por estímulos y el Gobierno deberá acudir o a la deuda vía bonos de tesoro o a la emisión de dólares, lo que significa por un lado un déficit fiscal permanente y por otro exceso de liquidez tanto en EU como en sus Países acreedores, como consecuencia el incremento mundial de precios por demanda y por tanto incremento de tasas de interés reduciendo la inversión y el empleo… sería recesión mundial sin aún haber superado la crisis de 2007-2009.  

EFECTO CONTRAPRODUCENTE
Si se cancela el TLC es obvio que México y Canadá deben entonces firmar, con apoyo de la Organización Mundial del Comercio, acuerdos sólo bilaterales recíprocos y con Estados Unidos, además de otros Países como los asiáticos, especialmente China. 

Para nuestro país es la oportunidad de acercarse a América Latina, desdeñada por los Gobiernos liberales desde hace 30 años. Los líderes latinoamericanos actuales se han solidarizado con la causa mexicana.

Ante las posiciones ostentosas y cínicas de Trump y su equipo, posterior a las presiones políticas y sociales en nuestro país, el presidente Enrique Peña Nieto se negó a un encuentro diplomático, lo que generó opiniones de un repentino nacionalismo que no se veía desde hace muchos años en la sociedad mexicana, sobre todo entre empresarios y políticos neoliberales en cuyos intereses no está la Patria ni la soberanía nacional. 

En efecto, en estos tiempos aciagos se requiere de unidad nacional, pero no sólo por convocatoria circunstancial, sino más bien con una propuesta de fortalecimiento económico a través de una política económica integral, que integre la política industrial como ruta orientadora del crecimiento económico para el desarrollo. 

Como mercadotecnia, la convocatoria nacionalista es sólo contextual, por eso los héroes nacionales no se observan respaldando las declaraciones presidenciales y de ministros de Estado.

¿Ahora sí el nacionalismo? ¿Cómo y con qué enfrentaremos la difícil situación si prácticamente ya se entregaron todos los recursos naturales al poder económico nacional y extranjero? Como primera condición se debe revertir la reforma energética que puso al País como sumiso de un imperio decadente y de sus gobernantes en turno, los que ahora, sin el menor respeto diplomático, desconocen todo. No debemos olvidar que los invasores son ellos (1846).

Como 1ª condición se debe revertir la reforma energética que puso a México como sumiso de un imperio decadente y de sus gobernantes en turno, los que ahora, sin el menor respeto diplomático, desconocen todo, pero no debemos olvidar que los invasores son ellos (1846)