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El lituano Evaldas Šiškevicius se ponchó tres veces, se cayó una vez, quedó separado una hora del pelotón, la barredora intentó retirarlo, pero él no se rindió

Tal vez Peter Sagan se llevó los reflectores, todos querían tomarse fotos con él, luego de ganar la Paris-Roubaix, pero hubo un ciclista que se ganó el corazón de todos aquellos ciclistas que alguna vez han sufrido para llegar a la meta de alguna carrera en la que han participado.

Evaldas Šiškevicius salió igual que el resto de los 174 ciclistas que salieron con él desde la ciudad francesa de Compiègne, su meta era pedalear  257 kilómetros y llegar a Roubaix para cruzar la meta.

Pero el lituano, que pertenece al equipo  Delko Marseille Provence KTM, no tuvo el mejor de los días.

Días antes de la carrera había sufrido bronquitis, y aún sufría los efectos secundarios, por lo que al momento de montarse a su bicicleta sabía que no iba a tener una gran carrera.

A los primeros kilómetros sufrió una caída, pero pudo recuperarse rápidamente, aunque con la fatiga y aún débil, no pudo aguantarle el paso al pelotón y comenzó a resagarse cada vez más.

Por su fuera poco se ponchó tres veces, en la última ya no pudo reparar su bicicleta y comenzó a caminar esperando el carro de auxilio de su equipo, pero como era demasiada la distancia que se había quedado atrás, ya lo había pasado desde hacía un buen rato.

Pero no bajó los brazos, al contrario, siguió caminando hasta que lo alcanzó "la barredora", el vehículo encargado de remolcar a los ciclistas accidentados o que sufren algún desperfecto en su bicicleta, también sirve de grúa a los competidores que quedan hasta el último y no pueden seguir en carrera.

Lejos de resignarse, el lituano les pidió un ruedo trasero, el que se le había ponchado, y enseguida tomó la carretera y siguió pedaleando por varias horas hasta que por fin llegó a su destino.

Para entonces ya se habían retirado todos en el Velódromo de Roubaix, donde ya habían premiado a Peter Sagan como ganador de la carrera. Sin embargo, los empleados del lugar le abrieron las puertas del lugar para que pudiera pasar por la meta, un sueño que tenía desde hacía algún tiempo.

Sin duda Evaldas Šiškevicius demostró que no importa las inclemencias que tengas durante tu camino, hay que pedalear hasta que llegues a tu objetivo.