Como bien mencionaba el filósofo español Fernando Savater: “nadie nace siendo ciudadano o demócrata (…), se deben forjar ciudadanos capaces de aprovechar los derechos y garantías de la democracia de una manera crítica y participativa”.

El proceso electoral que vivió México, a principios este mes, ha sido clasificado como uno de los más importantes y complejos de la historia de nuestro País. Donde se hizo evidente la masiva participación de la población y el gran ambiente democrático que rodea los procesos electorales 
Sin embargo, las afirmaciones anteriores chocan con un dato preocupante. Recientemente Latinbarometro publicó su reporte sobre el estado de la democracia en 2017. En Latinoamérica la satisfacción con la democracia cayó por cuarta vez consecutiva de 34 por ciento (en 2016) a 30 por ciento (en 2017).

En México, el proceso del 1 de julio hizo evidente el enorme potencial que la juventud tenía para definir el rumbo del País. La población juvenil actualmente representa la tercera parte en México, hay 37 millones 504 mil 392 jóvenes de 12 a 29 años. De dicho total, 25.5 millones tuvieron posibilidad de votar en las pasadas elecciones.

No obstante, la mayoría de los jóvenes están desinteresados por los asuntos políticos. El grupo etario con menor participación en las elecciones es el de 20 a 29 años, con un índice de abstención de 46.8 por ciento. Las tasas de abstencionismo de los jóvenes superan 40 por ciento en las elecciones federales y son aún mayores en las elecciones locales. Y, según la Encuesta Nacional de Valores de la juventud, sólo el 9.5 por ciento de los jóvenes está interesado en la política mientras que al 43.2 por ciento no le interesa en lo absoluto. 

Dicho desinterés ha abonado a que los jóvenes estén subrepresentados en todos los espectros de la vida política mexicana; representan un escaso 20 por ciento de los militantes de partidos políticos. Además, durante la actual sesión legislativa de la Cámara Federal de Diputados 2015-2018, sólo 24 de 500 legisladores, o el cinco por ciento, son menores de 30 años. 

Esto es alarmante, ya que la juventud representa una coyuntura crítica en el presente y futuro de México. Dado el porcentaje de la población que representan, ellos tienen la oportunidad no sólo de definir a los líderes de la nación, sino de remodelar el panorama político, económico y social de México. Para ello, es necesario invertir en la formación de los jóvenes en democracia, entender las formas en las que se comunican, los valores que comparten y ayudarlos a construir los espacios donde construyan la democracia que tanto añoran, pero que no están encontrando.

El pasado proceso electoral para muchos fue un hito en la vida democrática del País. Ahora es nuestro turno como ciudadanos profundizar ese proceso. Es momento de adoptar la democracia, recordar que es un proyecto en constante construcción y que para permanecer necesita de personas que crean en ella, la promuevan, la adopten y la enseñen. 

Norma Ruiz, gerente de Programas, Oficina México 

@normaars

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