Arturo González: “El patrimonio arqueológico necesita muchos más expertos para poder entenderlo, rescatarlo, difundir y educar sobre su existencia”, comentó. Foto: Archivo
El director del Museo del Desierto nos platicó la necesidad de investigadores que difundan las riquezas patrimoniales del país

Arturo González González es uno de los científicos saltillenses más prominentes a nivel internacional. Sus estudios arqueológicos en las cuevas sumergidas de Yucatán han arrojado nueva información sobre los habitantes de esa región durante la última era del hielo.

Sin embargo, aunque este trabajo representa un importante avance para conocer la manera en que vivieron y se desarrollaron nuestros antepasados, es tan solo una muy pequeña parte de los tesoros que el planeta esconde y Arturo está consciente que hay que dedicar mayores esfuerzos para rescatarlos.

“Mientras más aprendemos de nuestro planeta más nos damos cuenta de la riqueza que hay. México es uno de los 5 países con mayor biodiversidad, pero si nos vamos hacia atrás, al tema arqueológico, nos damos cuenta que existieron culturas antes de los españoles e incluso de los prehispánicos, de los que sabemos muy poco”, explicó el biólogo en entrevista para este medio.

Comentó que el patrimonio arqueológico necesita muchos más expertos para poder entenderlo, rescatarlo y difundir y educar sobre su existencia pues “entre la extracción del carbón, del cemento, las minas y las piedras para construcción, perdemos probablemente el 99 por ciento de los fósiles, de las historias que nos cuentan estas rocas y que nos ayudan a entender el proceso que ha llevado la vida”, agregó.


Argumentó que los tesoros patrimoniales de cualquier índole —arqueológicos, biológicos, culturales, etcétera— siempre forman parte de un proceso donde, al principio, su riqueza pasa desapercibida antes de que una autoridad llegue a hacer campaña para su preservación.

Puso como ejemplo los casos de los borregos cimarrones y los perritos de la pradera, sobre los que ya existe una consciencia para preservarlos, además de esfuerzos y acciones para el mismo objetivo pero que existen otras instancias como la del arte rupestre coahuilense, que no ha tenido esta clase de atención y que por lo mismo está en peligro.

En el caso de Yucatán los restos son tan inalcanzables que el único riesgo que corren es ser olvidados y destruidos por la misma naturaleza, pero su ubicación también presenta problemas al momento de estudiarlos; obstáculos que han logrado neutralizar luego de cerca de 15 años de trabajo.

“Es un trabajo muy lento, muy complejo, porque hay que excavar bajo el agua y al momento de remover los sedimentos el agua se vuelve muy turbia, pero poco a poco estos nos ha ido posicionando a los científicos mexicanos como líderes mundiales en el trabajo arqueológico en zonas sumergidas”, dijo el investigador.


El tipo de agua es un factor que determina qué tan bien se preservan estos vestigios. González nos explicó que estas cuevas inundadas tienen en la parte superior agua dulce y en la inferior agua salada, que no se mezclan. Esta última, debido a su alto contenido mineral ayuda a que se conserven mejor los restos.

Estos descubrimientos, por supuesto, ya se encuentran en museos de la república y el Museo del Desierto (MUDE), institución que dirige, no es la excepción. El Pabellón II, dedicado a hablar sobre los primeros pobladores de América ya cuenta con un apartado que muestra este trabajo.

Al respecto del MUDE nos confió que las remodelaciones del Pabellón I, famoso por albergar los esqueletos de dinosaurios, llevan un buen progreso y adelantó que para septiembre u octubre habrán terminado.

“Para septiembre u octubre estaremos terminando con eso. Vamos a lograr tener ahí el centro de conocimientos y trabajo de fósiles más importante de México. Habrá alrededor de 10 estaciones de trabajo donde se podrá ver cómo se hace todo esto”, comentó.


Aunado a este centro de investigación existirá un área de casi 350 metros donde se expondrán los nuevos descubrimientos de dinosaurios, como el Yehuecauhceratops Mudei —especie pariente del tricératops bautizada en nombre del MUDE— y el Muzelón.

Y dado que una de las principales preocupaciones del director y del museo es la preservación de toda esta riqueza que México tiene, no sólo de especies vivas, sino también de restos de nuestra historia, estas remodelaciones irán a la par del diplomado en paleontología que se ofrecerá este año en colaboración con el área de Ciencias de la tierra de la Universidad Autónoma de Coahuila. 

“Este curso, aunque tendrá clases presenciales cuando sea necesario ir al campo, será principalmente en línea, con maestros de la Ciudad de México, de Alemania, de Suiza, de España, y la idea es que sea la base para generar la primera maestría en paleontología, avalada por la UAdeC”, comentó el director.

Para finalizar la entrevista, González añadió su preocupación por el reciente incendio forestal en la sierra de Zapalinamé, el cual acabó con más de 400 hectáreas de bosque y con ellas, con el hogar de muchas especies animales que el MUDE ha buscado proteger y preservar en sus 18 años de vida.

“Nos preocupa mucho porque habíamos visto cómo las poblaciones de oso habían empezado a recuperarse poco a poco y eso habla de que los bosques de alguna manera estaban sanos, pero cuando vemos este tipo de situaciones vemos el riesgo en el que estábamos y la necesidad de poner atención en este tema para que no nos vuelva a suceder”.