El video “1994” de Diego Enrique Osorno —distribuido por Netflix— es una singular contribución a la aguda desinformación que sufren los mexicanos. Aun siendo ignorantes, podríamos salir adelante si existiera en México una mínima vocación por la verdad. El año 1994 dejó funestas secuelas de “sospechosismo” generalizado, pero este video se amacha en revivirlas.

Viví el año 1994 intensamente. Conozco a muchos de los personajes del video; y los pecados que esconden. Los 25 años transcurridos secundan mi crítica: “1994” está plagado de insinuaciones dolosas.

En defensa de la verdad, resulta aberrante concluir que Carlos Salinas pudiera estar detrás del asesinato de Luis Donaldo Colosio. Antes que beneficiarse lo desprestigió. Su reemplazo, el doctor Ernesto Zedillo, resultó nefasto para Salinas. Nadie hace caso de la confesión de Mario Aburto.

El levantamiento zapatista —seguido por el crimen de Colosio— desbalanceó la deuda pactada en Tesobonos. Había una economía “prendida con alfileres”, sí, pero fue Zedillo quien le clavó mil picahielos en el corazón. Recuerdo una llamada de un abogado y financiero de Estados Unidos. No podía creer la estupidez de Zedillo. Además de realizar una devaluación fraudulenta, me dijo: “es la primera vez en la historia del planeta, que dejan abierta la caja fuerte del tesoro nacional para que siga el saqueo durante meses”.

Patético desparpajo del subcomandante Marcos (ahora ¿Galeano?) 25 años y 30 kilos después. Pretende adornarse con sus crímenes. Él, el TLC y la posterior catástrofe inflacionaria de Zedillo, arruinaron a miles de pequeños empresarios. Así inició la estampida migratoria hacia EU.

Los que se quedaron sufrieron lo inenarrable. Recuerdo que me buscaron los líderes de una colonia de Monterrey: llevaban más de una decena de suicidios y cientos de casas abandonadas. Los más afortunados pagando tres veces su valor original para conservarlas. “1994” exime a Zedillo de miles de tragedias familiares peores que el asesinato de Colosio.

En 1995 me corrieron del PAN. Una, porque en 1994 acusé de traición a Toño Lozano, el mandadero de Diego Fernández de Cevallos, al aceptar ser Procurador con Zedillo. Diego se adorna en el video como muy honorable al no aceptar el puesto. (¡Ja!) La otra porque en 1995 fui al Senado en Washington a boicotear un préstamo millonario para el rescate de México, que hipotecaba nuestro petróleo para siempre.

Vean a Toño Lozano en “1994” en todo su incomparable esplendor. Aseguró hubo un complot contra Colosio. Total falsedad. La defectuosa pistola asesina quedó pintada en la chaqueta. Solo Aburto disparó y no lo suplantaron. Ambos hechos confirmados por estudios del FBI. Sobre su conciencia está entonces la detención injusta y brutal tortura de Othón Cortés.

“1994” no ayuda a desapendejar a los mexicanos. Al contrario, los adicciona a una megadosis de fake news. Hace de Colosio el héroe que nunca fue. En 1991 yo negocié con Colosio las credenciales del IFE con foto. Pero vino luego el fraude cibernético que provocó las “concertacesiones” en Guanajuato y San Luis Potosí. “Hambre y sed de justicia”, por cierto, fue una frase de Enrique Krauze.

Observen al apocado Ernesto Zedillo, el candidato postizo. Lo rodean: Jesús Murillo Karam, el fabricador de pruebas del caso Ayotzinapa; Manlio Fabio Beltrones, el mafioso que llegó a controlar la Cámara de Diputados; y “don” Fidel Velázquez, el eterno y más corrupto capo sindical de la historia de México.

“1994” muestra a los mañosos del PRI a quienes Diego, Carlos Castillo (+) y Luis Álvarez (+), les regalaron el control del IFE en 1991. Luego, esa democracia simulada, defectuosa y subsidiada incubó al parásito llamado Andrés Manuel López Obrador. Tardamos, pero caímos del sartén a la lumbre.

El tiempo ha puesto a mucha gente en el pedestal de la infamia, pero el director de 1994 prefirió armar su propia versión para reemplazar los hechos.

Hay algo rescatable en “1994”. Merecemos peor por nuestros pecados. No tenemos ciudadanos ni un líder que pueda frenar al actual ocupante del Palacio Nacional. Ya empezó la penitencia.

javierlivas@kubernetek.com