El Quijote II, 68

En conversación que sostienen don Quijote y Sancho Panza, el primero dice a su escudero estar maravillado “de la libertad de tu condición… Yo velo cuando tú duermes, yo lloro cuando cantas, yo me desmayo de ayuno cuando tú estás perezoso y desalentado de puro harto”.

A estos comentarios que le hace don Quijote y a pesar de ser un rústico analfabeta, Sancho le responde de manera tan concertada, juiciosa y sabía que lo deja sorprendido.

“- Nunca te he oído hablar, Sancho –dijo don Quijote-, tan elegantemente como ahora; por donde vengo a conocer ser verdad el refrán que tú algunas veces sueles decir: ‘NO CON QUIEN NACES, SINO CON QUIEN PACES’”.

Efectivamente este refrán, muy conocido en tiempos de Cervantes, lo dice Sancho un par de veces, según se lee en los capítulos 10 y 32, también de la segunda parte de la novela.

Lo que don Quijote insinúa a Sancho, al citar este dicho o paremia, es que ha aprendido a hablar de manera razonada y bien porque se lo ha aprendido a él, pues por ser su escudero le oye hablar todos los días.

El refrán alude a que el trato (con quien se “pace”), como cuando una cabeza de ganado se acompaña de otra a comer pasto en el campo, es decir, la comunicación permanente con otros, es a veces más importante en la formación de la personalidad de cada quien que su propio origen, cuna o linaje (con quien se nace).

Un comentarista apenas inmediatamente posterior a Cervantes, Luis Galindo, explicó que el uso de la palabra “pace” alude a la comparación hecha por Juvenal, quien hizo notar que la roña y sarna de una de las ovejas era bastante para contagiar a las demás cuando “con ella pacen”, es decir, que si lo malo, como la roña, se pega, también lo bueno.