A don Chinguetas le sobrevino un súbito ataque de disfunción eréctil, nombre eufemístico de la impotencia. ¿A qué se debió eso? No se sabe. Arriesgo una suposición: quizá sin darse cuenta el señor comió texcates en la cena de Navidad o Año Nuevo. ¿Qué son texcates? Son las excrecencias carnosas y colgantes, de color entre rojo y azulino, que le salen alrededor del pico al pavo, guajolote, pípilo o totol. En sus antiguas crónicas el Padre Sahagún escribió esto: “El que quiere mal a alguien le da a comer texcates, para que no pueda armar el miembro viril”. Haya sido eso u otra cosa, el caso es que de la noche a la mañana don Chinguetas fue incapaz de izar la grímpola. Su esposa doña Macalota, preocupada, lo llevó con un doctor que le extendió ipso facto una receta: “Dense al paciente 3 o 4 gotas de las miríficas aguas de Saltillo”. Esas taumaturgas linfas, ya se sabe, son capaces de dar alientos venusinos hasta a una momia egipcia. Sucedió que la señora no leyó “3 o 4 gotas”, sino “304 gotas”. Por eso sigo siendo partidario de poner acento ortográfico a la letra o cuando va entre dos guarismos, para evitar que se confunda con el cero. Debido a esa confusión doña Macalota le dio a su esposo una buena cantidad de gotas de las milagrosas aguas, con lo que esa misma noche el antes desfallecido caballero recobró sus ímpetus de másculo y le hizo a su mujer una cumplida demostración de varonía. Tiempo después doña Macalota llevó otra vez a don Chinguetas con el médico. “Doctor –le pidió-, ahora dele el antídoto a mi esposo, porque el efecto de esas gotas fue tal que ya hace tres meses que se las tomó, y es fecha que todavía no se le baja”. (El efecto, quiso decir)… El gerente de la empresa de don Algón lo visitó en su casa, pues el señor estaba malancón. Linda palabra es ésa que el diccionario de la Academia no registra. Significa estar enfermo, pero no de cuidado. Equivale más o menos al término “malucho”. Sin embargo nuestro vocablo “malancón” es más sonoro y expresivo, por eso lo empleo aunque no esté sancionado por la docta corporación. El visitante le dijo a don Algón: “Hicimos una votación en la oficina, jefe, y por 17 votos contra 16 los empleados acordaron desearle una pronta recuperación”. Hace unos días escribí que todos los mexicanos deseábamos que López Obrador recobrara pronto la salud después de haber contraído el virus del Covid. He aquí que recibí numerosos mensajes cuyos firmantes me decían: “A mí no me incluya”. Respeto el punto de vista de quienes me reclamaron haber generalizado el buen deseo, pero es que puse los sentimientos de humanidad por encima de las diferencias de política. Celebro ahora que el Presidente se encuentre bien de salud y en franca recuperación, si me es permitido usar esa expresión inédita. Espero que en breve tiempo pueda volver a sus labores habituales (excepción hecha de las conferencias mañaneras, que creo debería espaciar, si no es que suspender del todo), y confío en que al menos durante el período de convalecencia el Presidente se abstendrá de viajar, sobre todo en avión de línea, pues el coronavirus es bicho impredecible, y el mandatario puede ser nuevamente contagiado, o contagiar. Ante este mal no hay que bajar la guardia. Sigamos con el prudente encerramiento; usemos cubrebocas; observemos la sana distancia y no acudamos a fiestas o reuniones. La pandemia está lejos de aplanarse. No dejemos que nos aplane… La cebra del circo se jactó ante el asno campesino: “Yo sé hacer piruetas, saltar el aro, alzarme sobre mis patas traseras. Tú ¿qué sabes hacer?”. Le contestó el pollino: “Quítate la piyama y lo verás”… FIN.