La autora creó el libro para desarroyar tu intuición.
Nuestro cerebro es capaz de enviarnos señales instantáneas para ofrecernos distintos tipos de información. Una psicóloga explica cómo desarrollar y aplicar esa sorprendente capacidad intuitiva.

MADRID.- Imagine que acaba de conocer a alguien y no le inspira confianza. Esto no quiere decir que esa persona sea “mala”, sino que probablemente, por su forma de ser, por sus experiencias, por sus aprendizajes, ese individuo, probablemente no concuerde bien con usted. 

Algo en su interior le dice que lo más prudente es tomarse un tiempo para mantener una relación mínimamente cordial, hasta que el conocimiento más profundo le confirme lo que, a priori, le estaba indicando su cerebro.

O quizá ese tiempo le sirva para corregir algún aprendizaje que estaba cortocircuitando su toma de decisiones respecto a cierto tipo de personas, como la que acaba de conocer.

Este es un ejemplo de cómo funciona la intuición en nuestra vida cotidiana, de acuerdo a la psicóloga clínica Mila Cahue, autora del libro “El Cerebro Feliz”, donde dedica un capítulo completo a nuestra facultad de comprender las cosas instantáneamente, sin necesidad de razonamiento.

Mila Cahue, autora del libro “El Cerebro Feliz”.

“La intuición es una señal cerebral instantánea para ofrecernos cualquier tipo de información. La parte más arcaica de nuestro cerebro es capaz de recibir datos, interpretarlos y reaccionar a ellos a una velocidad infinitamente más rápida que nuestra parte racional, que es mucho más lenta”, explica Cahue (http://milacahue.com).

¡ATENCIÓN A LAS SEÑALES DEL ORGANISMO!.
“Nuestro cerebro tiene una forma de comunicarnos la decisión que ha tomado (salir corriendo, relajarnos, desconfiar…), a través de “señales” en nuestro organismo”, recalca. 

“A veces nos cuesta un poco descifrar esas señales, pero, por lo general, estamos atendiendo continuamente, en situaciones más cotidianas, a las operaciones que realiza nuestra intuición, como irnos de un sitio donde hace demasiado calor o decidir preguntar a una persona en vez de a otra”, según Cahue.

Esta psicóloga señala que el lenguaje intuitivo es muy simple: o nos hace un nudo en el estómago, “es decir se manifiesta por medio de una sensación de tensión o de nudo que percibimos en la región abdominal, o bien nos hace relajarnos plácidamente”.

Ello se debe, según la experta, a que la intuición no se manifiesta a través de “procesos racionales o de lógica, sino sensaciones, por lo general en lugares viscerales, y requieren una respuesta adecuada”.

Si por medio de la intuición “nuestro cerebro nos está indicando que estamos en un sitio peligroso, suele ser ineficaz mantenerse en ese lugar ”, asegura.

Aunque en situaciones como la anterior, “puede haber ‘cortocircuitos’ producidos por pensamientos automatizados, aprendizajes o experiencias, que nos impiden reaccionar correctamente”, de acuerdo a Cahue.

Para esta experta, la intuición no debe tomarse como un elemento aislado, ya que “todas las herramientas con las que estamos equipados en nuestro cerebro se potencian si las utilizamos interrelacionadas, y la intuición tiene un gran aliado en la conciencia, así como la razón en la emoción”.

Los beneficios prácticos de saber utilizar las herramientas cerebrales correctamente son que “nos sentiremos cada vez más gestores de nuestras vidas, nos conoceremos mejor, y podremos aportarnos experiencias que realmente sean significativas para cada uno de nosotros”, añade.

Según Cahue, la intuición no se mejora, porque "es un mecanismo hípersofisticado con millones de años de puesta a punto, y lo que tenemos que mejorar es nuestra capacidad para estar en contacto con nosotros mismos, aprender a interpretar esas señales y, lo más importante, lo que pueden estar significando para cada uno individualmente”. 

CULTIVANDO NUESTRA FACETA INTUITIVA
Para estar en contacto con nuestra parte intuitiva y saber interpretar mejor lo que nos quiere trasmitir, Cahue ofrece algunos consejos prácticos.

1.- No obviar las “señales” que nos está enviando nuestro cerebro.

2.- Intentar identificar qué es lo que nos están queriendo decir nuestro cerebro, y a que está reaccionando exactamente, de una forma muy objetiva, preguntándonos:
 a. ¿Qué tipo de sensaciones son: huida, desánimo, alteración…?
 b. ¿Qué está ocurriendo en el contexto en el que me encuentro?
 c. ¿Qué puedo hacer –con mis habilidades, conocimientos y forma de ser- en ese contexto?.

3.- Valorar (si se puede, ya que a veces no es posible) si lo que estamos sintiendo tiene lógica y es adecuado.

4.-  Dar siempre un voto de confianza a la intuición, sin “tirarnos a la piscina”, ni tampoco ignorarla. Lo mejor es adoptar un posicionamiento prudencial ante sus señales.

5.- Decidir nuestra conducta siguiente, invirtiendo tiempo y análisis, sin olvidar que la paciencia es la madre de la ciencia.

Sobre la pregunta eterna de ¿qué hacemos cuando lo que nos dice la intuición se contrapone a lo que nos dicta el sentido común o el raciocinio?, la experta comenta:

“Probablemente la intuición tiene más razón que el sentido común, que suele estar condicionado por aprendizajes desde la infancia, entornos culturales, familiares, generacionales y experiencias”. 

La intuición suele fallar poco, y si se produce una disonancia, según Cahue, “hay que analizar más detenidamente el contexto en el que nos encontramos (cosas, personas, eventos…), y el ‘filtro’ (nuestras opiniones, creencias y juicios previos) desde el que estamos analizando esa situación, lo cual requiere tiempo, pero sería lo más correcto”.

Por otra parte, la doctora afirma que “la intuición sólida es más intensa que un pensamiento pasajero, y va a estar ‘saltando’ mientras no demos una respuesta adecuada a lo que nos está indicando”.

“Un pensamiento o sentimiento espontáneo o trivial se pasará en seguida, o en cuanto se confirme que eso que estábamos pensando y sintiendo era producto de nuestros miedos”, indica. 

“Por ejemplo, si creemos que mañana nos van a echar del trabajo porque hemos cometido un error en el trabajo, se nos encogerá el estómago pero, al día siguiente, cuando eso no ocurre y valoramos nuestro error como algo posible, pero no significativo en el conjunto de nuestra labor desempeñada a diario, entonces respiramos tranquilos”, indica Cahue a Efe. 

Por eso para esta experta es importante saber diferenciar qué es una intuición, y qué es una “sensación” derivada de nuestros propios pensamientos y emociones incorrectamente interpretados.

LEYENDO LAS SEÑALES DEL CUERPO
La psicóloga Mila Cahue  señala que la intuición se expresa a través de “señales” y describe algunas de los signos corporales más frecuentes e interpretando qué podría significar:.

Para situaciones negativas
>  Se nos encoge el estómago. “El organismo necesita poner en “pausa” operaciones para las que necesita mucha energía, como la digestión, ya que la necesita para, aparentemente, algo que nos resulta más importante, y de cierta gravedad. Por lo general, no llegamos a condiciones extremas, pero la intensidad nos indicará cómo de relevante es lo está considerando nuestro cerebro”, indica.

>  Nos late el corazón con rapidez. “El organismo necesita que toda la musculatura esté preparada con oxígeno suficiente para, por ejemplo, salir corriendo si el contexto lo requiere. El corazón late más rápido para enviar rápidamente ese oxígeno”, destaca.

“Por lo general, en ambos casos, no llegamos a condiciones extremas, pero la intensidad nos indicará cómo de relevante lo está considerando nuestra mente, y la atención, ahora racional, que debemos prestar”, comenta Cahue.

Para situaciones positivas
>  Sentimos una cierta inquietud por confirmar que nuestras hipótesis son correctas. “En algunos casos, tener bien ejercitada la paciencia es una ventaja, pues hay eventos que ocurren cuando toca, y no cuando lo queremos nosotros”, recalca.