Esta semana recibí un correo de una mamá de Torreón pidiendo orientación: “Desde hace ya muchos meses en Torreón parece que no hay pandemia: la gente viajó en vacaciones y se hacen planes sociales de adolescentes y adultos sin ninguna medida. Cada vez hay más actividades, y siento que somos la única familia que sigue con tantas medidas. Mis hijos extrañan muchísimo a sus primos y amigos, sus rutinas de antes. Ha pasado mucho tiempo, y no quiero equivocarme con ellos en haber sido demasiado exagerados con las medidas. Sigo viendo tanta incertidumbre y el tema de los rebrotes, y me duele ver que se están perdiendo de momentos únicos por la edad en la que están. Ojalá pudiera darme su opinión”.

Efectivamente, ya son más de seis meses que iniciamos el aislamiento y ha afectado a nuestros estilos de vida, como el trabajo, escuela, familia y relaciones sociales. Entiendo que estamos exhaustos en este confinamiento, padres e hijos. La mayoría de mis estudiantes universitarios desean regresar a las aulas en forma presencial y tener convivencia con sus compañeros, pero no podemos relajarnos. Desafortunadamente muchos jóvenes piensan que el virus no les afectará muy seriamente y dicen: “Prefiero contagiarme que dejar de juntarme con mis amigos”. Igualmente, muchos papás piensan y sienten que sus hijos están perdiendo momentos únicos de su vida que no podrán vivir después. Algunos papás están permitiendo en sus casas que sus hijos organicen reuniones con decenas de compañeros y amigos sin tomar en cuenta las normas de sana distancia. Una cosa es tener distanciamiento físico y otra social. Todos debemos evitar vivir un distanciamiento social, pero debemos tener una buena distancia física para prevenir el contagio.

La mayoría de los adolescentes afirman que esta pandemia los ha aislado y encarcelado en sus casas. Muchos no quieren perder su oportunidad de vivir su adolescencia y juventud encerrados. Sin embargo, papás, no debemos bajar la guardia y hay que continuar supervisando a nuestros hijos para que respeten la sana distancia y eviten asistir a reuniones para bien de ellos y de todos nosotros. Corremos el riesgo de un rebrote y más difícil la recuperación. No porque nuestros hijos nos presionen: “Papá, yo soy al único que no le dan permiso. Todos mis amigos, sus papás sí los dejan. ¡¿Por qué yo no?!”. El Dr. Emmanuel Sarmiento, director del Hospital Psiquiátrico Infantil de la Ciudad de México, afirma que entre más tiempo dure la pandemia y el aislamiento hay un mayor riesgo que nuestros hijos presenten problemas de salud mental, como ansiedad, depresión, pensamientos suicidas, soledad y ausencia de sentido de vida. Debemos proteger el cerebro de nuestros hijos del aislamiento social, pero esto no significa que ya pueden estar todos reunidos en un salón. Cada mañana escuchamos en las noticias de jóvenes menores de 30 años que han fallecido por el COVID-19 sin antecedentes físicos de riesgo, como presión alta, obesidad o cardiopatía. No bajemos la guardia.