El Quijote II, 28

En la llamada aventura del rebuzno Sancho Panza es apaleado por un grupo de hombres que se siente burlado. Don Quijote intenta entrar en su defensa, pero ante la superioridad de los agresores “volvió las riendas a Rocinante, y a todo lo que su galope pudo se salió de entre ellos, encomendándose de todo corazón a Dios, que de aquel peligro le liberase”.

Se fue pues don Quijote y dejó al pobre de Sancho, para ser molido a palos. Al volverse a encontrar, el escudero reclama a su señor que estando él en tan grave trance haya huido, dejándole en poder de sus enemigos.

“- NO HUYE EL QUE SE RETIRA –respondió don Quijote-; porque has de saber, Sancho, que la valentía que no se funda sobre la basa de la prudencia se llama temeridad, y las hazañas del temerario más se atribuyen a la buena fortuna que a su ánimo. Y así, yo confieso que me he retirado, pero no huído; y en esto he imitado a muchos valientes, que se han guardado para tiempos mejores, y desto están las historias llenas; las cuales, por no serte a ti de provecho, ni a mi de gusto, no te las refiero ahora”.

Entonces pues, según el especioso razonamiento de don Quijote, “no huye el que se retira”.