Me niego a aceptar que la política tiene un lazo indisoluble con la corrupción, es el poder que ella implica lo que en un momento determinado resulta corruptor

Eduardo Galeano expresaba: “Todo mi desprecio a los oportunistas políticos que predican ideologías, ofreciendo falsas esperanzas y espejismos libertarios, engañando y mintiendo mientras cobran por ello. Mi desprecio a los embaucadores que se disfrazan de emprendedores. Mi desprecio al progreso basado en el abuso y la desigualdad…” Triste, amargamente, tenía y tiene razón. Hace una descripción fiel de muchos miembros de la cofradía en mención, a quienes hace mucho tiempo se les olvidó, si es que alguna vez lo supieron, de que ser político no es sinónimo de ladrón, ni de desvergonzado, ni de ratero, ni de oportunista, ni de vividor… pero, pero –qué enorme es este PERO– se han empeñado en que así se conceptualice y esté generalizado.

La política es cosa COMÚN. Todos nacimos políticos porque nuestra propia naturaleza nos compele a ello, pero en lugar de ser protagonistas de nuestra vida y de la sociedad de la que somos parte, le hemos permitido a una caterva de traidores de su propia comunidad que engañen y roben ante nuestros ojos una y otra y otra vez. Nos hemos negado a asumir que la democracia más que una forma de gobierno es una forma de vida, y por ello nuestra participación debe ser esencial a nuestra cotidianeidad. Me niego a aceptar que la política tiene un lazo indisoluble con la corrupción, es el poder que ella implica lo que en un momento determinado resulta corruptor. Y con el debido respeto a Lord Acton, no comparto la máxima de que “el poder corrompe, y que a más poder más corrupción”. ¿Sabe a que obedece mi punto de vista? A que es cierto que el poder corrompe, pero al que se DEJA. Y la corrupción anida en todos los gremios, en la banca, en el magisterio, en la iglesia, en el periodismo, en… en cualquier sitio donde se le permita crecer y enraizarse. También al dinero le endilgan que todo pudre, no estoy de acuerdo tampoco; el billete no pudre nada, solamente “facilita” que salgan las “liviandades” que los humanos guardan en su interior. El cobre, dice la conseja popular. La corrupción es señera en todos los niveles de poder, a grado tal que se ha convertido en la “marca” más visible del sistema. Ocupa el lugar en el que debieran estar la eficacia en la gestión y la responsabilidad en el mandato.

Vivimos inmersos en un caldo en el que la autoridad es desvergonzadamente condescendiente con los delitos de corrupción. Desde el de más arriba hasta el de más abajo. Se protege a los pillos, no se tiene ningún prurito en ir a salvaguardarlos hasta allende los mares. Y es que la telaraña se les revienta si no cuidan a su ínclita membresía. 
Todas las corruptelas se minimizan: La “casa blanca”, el “departamento de Miami”… no pasa nada… el exlíder sindical de los trabajadores de la CFE con una pensión jubilatoria “modestísima”: $474 mil 945 pesos mensuales y toda su parentela de jubilados… más despensa y aguinaldo… ¡qué poca m…! Discúlpeme el francés, pero de verdad ¿no importa?

¿Y la popularidad por la que no vino el presidente Peña Nieto?... No sé si reír o llorar. ¿Quiénes lo asesoran? Hay un desprecio absoluto a la inteligencia de los mexicanos. Son vergonzosos los niveles de cinismo y egoísmo imperantes ¿De verdad le siguen apostando al mal endémico de la desmemoria que padece el grueso de los compatriotas? ¿De verdad piensan que la impunidad los protegerá hasta la consumación de los siglos? ¿No han caído en cuenta de que a pesar suyo el mundo está mudando y que hay cambios irreversibles que ya no podrán controlar? ¿Es tan grande su soberbia o su tozudez que están pasando por alto que cuanta perversión han hecho se ha quedado guardada en la memoria de los discos duros de las computadoras, en la tecnología cada día más refinada de los aparatos digitales, y que los guardianes son el sector más numeroso de la población de este País –es decir, los jóvenes– y que sus fechorías se comunican a todo el mundo en cuestión de segundos en las redes sociales?

El año que viene tendremos elecciones en nuestra Coahuila. Por el amor y el respeto que se debe a sí mismo y que les tiene a las personas que sean más caras a su corazón, no vaya a votar a ciegas. Somos, recuerde, el único Estado norteño en el que JAMÁS ha habido ALTERNANCIA, ni una mayoría en el Congreso local que no le rinda pleitesía al gobernador en turno, por encima de los deberes que tiene con usted, que es quien les paga la dieta. Que no lo venza el miedo ni la desesperanza, atrévase a romper con una inercia que ya no da para más.