Parece que siempre es el último Mundial de Clubes, pero —al final— la FIFA se arrepiente, como fue en esta edición. Cuando el Monterrey levantó el título de la Concacaf, derrotando a los Tigres, no existía certeza de que se jugaría en este 2019, ya que todo estaba enfocado para retomar este incómodo torneo en 2021 en China, con un nuevo formato y donde realmente hubiera un interés verdadero y muchos más equipos participantes.

Y así como se está jugando ahora en Qatar, seguramente la FIFA inventará que se dispute en 2020, también en la sede mundialista, para seguir avalando la corrupta decisión de haber elegido a ese país árabe, porque resulta insensato que ya para el nuevo formato estén clasificados el Real Madrid, el Liverpool, el Atlético de Madrid, el Chelsea, el Flamengo y hasta el ecuatoriano Independiente del Valle, y que nadie les haya avisado a los de la Concacaf que tienen tres boletos asignados o quizá serán para los que ganen las próximas Concachampions.

Pero todas estas imprecisiones, desinformación e incomodidad de jugar el Mundial de Clubes en estas fechas del año no exentan a que los Rayados fracasen. Tienen la obligación, como el plantel más costoso de América Latina (casi 100 millones de dólares) de vencer al Al-Sadd, dirigido por Xavi Hernández y cuya figura es el exjugador del Atlético de Madrid, Gabi. Es decir, nada del otro mundo, nada que espante.

El fervor regio y el involucramiento de su sociedad con el futbol son una verdadera locura. Desde el cambio del nombre en el letrero que anuncia el ingreso a Santa Catarina, el cual ahora dice Santa QATARina, pasando por la constante presencia de aficionados con el velo islámico en la cabeza, hasta los miles de fanáticos que estarán en los modernos estadios de Qatar, presenciando los partidos del equipo dirigido por el “Turco” Mohamed.

No se pueden dar el lujo de fracasar, como eternamente ha sucedido con el futbol mexicano en este insensato torneo, pero tienen la doble obligación de regresar triunfantes y ganar la Liga; es decir, será una Navidad muy tensa para los norteños, porque este proyecto está diseñado para ganar un título de Liga, lo que no han hecho en los más recientes nueve años y, por supuesto, para tener una decorosa actuación en el Mundial de Clubes.

La directiva regia tomó cartas en el asunto y reaccionó muy a tiempo cuando se dio cuenta de que Diego Alonso no servía para maldita la cosa para dirigir a este equipo; regresaron a quien armó el plantel y conoce perfectamente a la institución, pero también ha sufrido los dos golpes más duros en la historia reciente de los Rayados: perder finales en casa, una contra los Tigres.

Para Antonio Mohamed es un área de oportunidad para volver a ganar, mostrar su valía como entrenador, pero también corre el riesgo de ser marcado eternamente si no se destaca en Qatar y pierde la final con el América, así que —en el inicio del Mundial de Clubes— los Rayados no pueden pasar inadvertidos.

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