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La educación tradicional presente en algunas regiones del país aún cataloga de exclusivas actividades acorde al género de los individuos y esto genera un tipo de violencia de género y limitación de identidad que puede afectar, desde la infancia, en el desarrollo de un ciudadano

Desde Sonora, la escuela de estimulación temprana Cepodi compartió en su cuenta de Facebook la historia de uno de sus alumnos que le pidió a sus padres una cocinita de juguete pero estos, de primer momento, se negaron a dársela por tratarse de un ‘juguete para niñas’. 

La respuesta del pequeño asombró a sus padres y a los usuarios de las redes sociales, pues generó una oleada de reacciones que superan las 40 mil, además de contar con cerca de 6 mil comentarios. 

Su respuesta derribó uno de los mitos sociales más arraigados hasta hoy en día: los roles de género. Pues ante la negativa escudada en el género asignado a un juguete el alumno de Cepodi respondió “Yo no quiero ser niña, mamá. Yo quiero ser chef.” 

Sus padres, al ver el argumento irrefutable de su hijo decidieron acceder a su petición y obsequiarle el juguete a su pequeño . 

“Los padres avergonzados de sus estereotipos,  decidieron invertir en un juguete de juego simbólico que promueve la independencia, la creatividad y desarrolla su inteligencia, entendiendo que su hijo es un adulto en formación.”

Publicó la escuela acompañada de la foto que muestra al niño feliz por obtener el juguete de su preferencia. Su publicación ha sido compartida ya miles de veces.

Así como los roles de género afectan el desarrollo de los niños, existe un concepto que también informa sobre otra problemática que afecta a los menores, se trata del adultocentrismo, práctica que deja de lado los gustos, intereses y necesidades de los más pequeños.

Los comentarios en la publicación aplauden la acción de los padres, pero también señalan que así como estas, hay muchas otras acciones que pasan desapercibidas al momento de la crianza de un niño.

El Instituto Nacional de las Mujeres define los roles de género como conductas estereotipadas por la cultura que pueden modificarse dado que son actividades que no requieren de un género particular para realizarse.

Pese a esta información, la educación tradicional presente en algunas regiones del país aún cataloga de exclusivas actividades acorde al género de los individuos y esto genera un tipo de violencia de género y limitación de identidad que puede afectar, desde la infancia, en el desarrollo de un ciudadano.