Hoy marchan ellas. Mañana paran ellas: las niñas, las jovencitas, las adultas, las ancianas, las mujeres. Marchen y griten fuerte, que retumbe su voz, su coraje, su indignación. Que el grito sacuda a una sociedad, a una estructura, a una cultura.

Y mañana paren para que en adelante nadie las pare.

Hoy miles de mujeres mexicanas marcharán en el día internacional de la mujer, en un contexto de violencia y feminicidios que ha llegado a un nivel espeluznante; de casos atroces que remueven el estómago y de una retórica de gobierno que asusta y sorprende por su menosprecio, su apatía, su paranoia, su manipulación, su alucine y hasta su estupidez.

La violencia contra las mujeres y niñas de todas las edades es inadmisible. No se puede culpabilizar a una sola persona, un sólo pasado, una sola ideología.

Mañana, otras cientos de miles no irán al trabajo, a la universidad. Veremos un México sin mexicanas, hacerse invisibles para hacerse visibles. No irá la maestra a la universidad o la secundaria, no estará la abogada en el despacho o la comunicadora en la radio, tampoco la empleada del hogar en el hogar o la trabajadora de la maquila en la maquila, la mesera en el restaurante o la vendedora en el comercio.

Será un día sin ellas para gritar sin gritar la falta de políticas públicas que protejan a ellas, las mujeres. Un día para exigir se acaben las brechas salariales entre hombres y mujeres. Un grito en silencio para reclamar que las secretarías e institutos de las mujeres sean algo más que edificios asistencialistas. Un rugido por la trabajadora que ya está harta de que su jefe o su compañero la acosen, de la veinteañera que ya no quiere tener miedo cuando sale del antro sólo por ser mujer, de la madre que anda caminando sola en la calle, de la doctora a la que no le dieron un cargo directivo por ser mujer, de la ingeniera que estigmatizan por ser mujer.

Lo positivo desde ya es la empatía que ha logrado el movimiento y el paro: universidades, empresas, gobiernos, bancos. Muchos de ellos, hay que decirlo, orillados a aceptarlo sin necesidad de estar a favor. Pero ese “apoyo” tiene que empujar más allá de un asunto de solidaridad, como han expresado muchos. No sólo es asunto de solidaridad y de dar permisos para ausentarse. Lo importante radicará en darse cuenta que en esa maquila, en ese restaurante, ese banco, ese programa de radio, esa escuela, esa casa, ese despacho de abogados, esa constructora, ese hospital, no se puede sin ellas porque son parte de nosotros; no son de nosotros, son parte de nosotros, de una sociedad.

Por eso será indispensable que hablemos de un antes y un después del 9 de marzo, del paro nacional de mujeres, del #UnDíaSinNosotras. El éxito de la protesta, la marcha y el paro será la participación homogénea de las mujeres, sin separaciones, ni razas, ni edades, ni clases sociales. La mujer como mujer.

AL TIRO

La infinidad de casos de violencia contra la mujer ha sacudido al País. Pero esto no puede quedar en una sacudida para que simplemente las cosas, al paso de los días, vuelvan a estar igual.

Será necesario darnos cuenta –sobre todo quien no lo ha hecho– del valor de la mujer en la sociedad. Por eso, este 9 de marzo podrá y será histórico. Ninguna mujer laborará ni consumirá bienes ni servicios, ni saldrá a la calle ni nada.

Esto tiene que traducirse en algo que cimbre. Inclusive más allá de leyes y de políticas públicas, es necesario ese cambio radical de sociedad, que somos en mucha medida, los responsables. Pues finalmente somos lo que hemos construido como sociedad.

No sólo es que ya no maten a niñas y mujeres, que ya no se acosen ni se violen. Es necesario más, es necesario ese cambio de estructuras en el hogar, en los trabajos, en cambios en la forma de conducirse con una mujer en los espacios públicos, en las escuelas, en la forma como se valora y se le da importancia a la mujer, en hablar y educar en las nuevas masculinidades. Se requiere que este paro nacional taladre el pensamiento de todos.

Sin duda, el cambio de mentalidad no será por decreto. Pero allí, en este día sin mujeres, tiene que existir el envión.