El coahuilense debiera decidir de una manera integral por quién votar el 4 de junio. La composición de los cargos que se juegan, definirá buena parte de lo que será la entidad

 

La gran atención de los actores públicos se ha centrado para este proceso electoral en la definición del perfil de quien ocupará la gubernatura durante los próximos seis años, por lo que ha quedado un tanto relegada la elección de alcaldes y diputados locales, que también tiene una vital importancia. 

En el rubro de los Ayuntamientos serán unos comicios sui géneris ante el periodo que ocuparán los presidentes municipales. 
Al tener sólo un año en el cargo, podría pensarse que serían alcaldes de “pisa y corre” y que por el tiempo no podría haber grandes cambios. 

Pero no necesariamente puede tener certeza esa idea. Para bien o para mal, los alcaldes podrían modificar el derrotero que llevan las 38 presidencias municipales con los actuales gobiernos. 

Desestimar estos miniperiodos podría resultar sobre todo perjudicial, en caso de no dedicar el tiempo y el esfuerzo necesario. 

La tentación para algunos perfiles está a la vista: estos alcaldes se podrán reelegir, sin embargo, para hacerlo deberán de separarse de su cargo a los pocos días de asumir. El fantasma del “chapulineo” en su máxima expresión, obligada por las deficientes legislaciones electorales en la materia. 

Así como a nivel estatal nos gustaría –y debiéramos exigir- que existan propuestas e ideas realizables para mejorar la vida de los coahuilenses, a nivel municipal también debiera replicarse este ejercicio. 

Al igual que en el Estado, algunos municipios han tenido avances en diferentes rubros, como por ejemplo la seguridad y el fomento de las inversiones. El cuidado que debe tener el elector al analizar los perfiles a presidentes municipales, tendría que ser cuidadoso.

No tener esa prevención, podría acarrear retrasos. Como todo en la vida, siempre será más fácil destruir que construir. 

Los municipios han sido puntas de lanza en la alternancia, sobre todo en las grandes localidades se ha dado el intercambio de poderes entre los principales partidos políticos de la localidad. 

Ante todas estas condiciones, debiéramos también voltear a ver con mucho mayor detalle lo que pasa en las campañas para las alcaldías. 

A la par, de los municipios también se desarrollan los comicios para el Congreso local. 

Los partidos tienen en juego 16 diputaciones de mayoría y otras nueve por la vía plurinominal. La conformación del Poder Legislativo debe ser una prioridad en toda la democracia. 

Este poder debiera ser –por antonomasia- un contrapeso al Ejecutivo y al Judicial. 

Hasta ahora, el Congreso en Coahuila no necesariamente se ha apegado a dicho adagio democrático. 

Con todos estos ingredientes para estos comicios, el ciudadano de Coahuila debiera presentar de una manera integral la decisión de a quién votar el próximo 4 de junio.

La composición de los cargos que se juegan en fechas por venir, definirá buena parte de lo que será la entidad en los próximos meses. 

Las campañas a alcaldías y diputaciones no son secundarias. También tienen una fuerte importancia.