Esta acapulqueña se dice más saltillense que muchos que nacieron aquí, con su experiencia a nivel local y nacional busca continuar y mejorar lo hecho por la actual administración
Esther Quintana, candidata del PAN a Alcaldía de Saltillo. Fotos: Vanguardia/Omar Saucedo

TEXTO: Karla Tinoco
FOTOS Y VIDEO: Omar Saucedo
 

Si hubiera una canción que definiera la personalidad de Esther Quintana tendría que ser “monedita de oro”, porque así como al éxito del tamaulipeco Cuco Sánchez, también le gusta decir verdades, es terca y no pretende caerles bien a todos. 

En su acta de nacimiento aparece que nació el 1 de julio de 1951 en Acapulco, Guerrero. Hija de Rosario Salinas Sotelo y Feliciano Quintana Medina, fue concebida única con el privilegio de haber jugado los primeros años de su vida entre la arena de playa. 

También puede presumir, que como pocos, tiene dos patrias chicas y una grande que le traen infinitos recuerdos de su niñez que alberga con recelo. 

—Dios es magnánimo conmigo, porque no es nada fácil. Mi patria chica es Acapulco, porque yo nací ahí y amo entrañablemente la ciudad en la que nací por los afectos que están allá. Hablar de Acapulco es recordar mi infancia, mi adolescencia, es mantener vivos los tesoros que uno tiene cuando es niño. 

Aunque después de 34 años de haber llegado al norte Esther se considera más norteña que los mismos que nacieron en el otro polo de México. 

—Yo soy más norteña, coahuilense y saltillense que muchos de los que nacieron aquí, porque el amor a la tierra es el amor del trato. Así se enamora uno y así aprende a querer uno, y yo amo a Coahuila y a Saltillo entrañablemente. 

De su padre Esther no platica mucho, pero de su madre se le llena la boca de orgullo. De ella no solo heredó lo “Salinas” sino el carácter “echado pa´delante”, el corazón recio, la disciplina, el orden y la valentía para decir las cosas de frente. 

Tan enérgica fue Rosario, su madre, que incluso fue apodada por Esther como su mariscal de campo. 

“Fue una mujer que tenía una fe en ella misma como pocas personas… y apenas, porque con mi temperamento yo necesitaba una mamá así que me disciplinara. Yo se lo agradezco porque si no lo hubiera sido yo sería un caos. Yo soy muy apasionada y cuando eres así necesitas que te encausen. Por eso yo agradezco a mi mamá que me supo siempre educar, amar e impulsar”, afirma. 

Rosario era comerciante; estudió hasta cuarto de primaria, pero tenía la habilidad de llevarse perfectamente bien con los números, fue visionaria y muy inteligente. 

“Mi madre se esmeró y se empeñó en que a mí me gustara leer, ella estaba convencida de que era importante de que uno leyera y siempre me regaló libros, incluso antes de que yo aprendiera de letras; todo eso se lo agradezco porque aprendí a leer a los cuatro años, así es que desde pequeña siempre estuve en mucho contacto con los libros”, cuenta. 

En la memoria de Esther sus primeros libros eran de cuentos ilustrados con imágenes. El que le viene a la mente es el de cuentos de los hermanos Grimm, todos los repasaba una y otra vez, como si no quisiera que se le fueran de su cabeza nunca. 

“A mi madre yo la tengo siempre muy presente porque soy hechura de ella. Fue una mujer que sí se ocupó de mí, que trabajaba mucho pero que a pesar de eso yo no tengo memoria de ningún momento de soledad en mi infancia. Siempre tuve claro que era lo más importante para mi madre, que no había en el mundo alguien más importante que yo”, recuerda. 

Y es que Rosario no era una mujer expresiva, ni cariñosa sino muy dura; sin embargo a Esther le transmitió mayor seguridad en mi misma para que comprendiera que no era ni más ni menos que ninguna otra persona. 

“Yo, cuando escucho de discriminación, no digo que no exista pero yo nunca me he sentido más o menos que nadie. Siempre me he sentido a la par que todos los demás, porque así me educaron y lo agradezco infinitamente”, dice. 

Esther fue precoz en el estudio pues con apenas cuatro años había entrado a estudiar la primaria y a los 10 ya la había terminado. A los 13 concluyó la secundaria, a los 15 la preparatoria y sus primeros años de universitaria los hizo en la Universidad Autónoma de Guerrero donde eligió la licenciatura en Derecho. 

A los 17 empacó en su maleta, sus sueños y sus recuerdos de Acapulco. Salió rumbo a la Ciudad de México para continuar sus estudios en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) cuando estaba vivo el movimiento estudiantil del 68, así que su madre siempre le recordaba que a donde fuera nunca se olvidara de lo que había aprendido en casa, porque sería la única herencia que le daría. 

Un año después Esther se casó con Juan Manuel Torres, un lagunero coahuilense con quien procreó a sus hijos Claudia, Francisco y Julio, y cumplió 45 años de matrimonio. 

Aquel choque cultural del sur con el norte para ella no representó ningún problema porque desde antes se sentía adaptada a una nueva cultura.

“Yo estaba completamente hecha para encontrarme con un estado muy diferente geográficamente hablando. La primera vez que yo estuve en el desierto íbamos a Ocampo me quedé pasmada de la belleza del desierto, porque representaba el contraste de lo que ella había visto durante toda su vida: arena, arena, arena, arena, arena, arena, arena, arena y plantas que no existen de allá de donde yo vengo. Así como es impactante para alguien que ve el mar por primera vez, también fue para mí impactante ver por primera vez el desierto”. 

Esther vuelve a soltar: “Saltillo es mi casa, es mi tierra, yo no llegué aquí de manera circunstancial, yo elegí vivir aquí y he sido muy feliz en Saltillo… conocer el valle de San Antonio de las Alazanas ¡qué cosa tan más linda, yo nunca había visto tantas manzanas!”, considera.

Esta mujer de cabello corto entrecano no se arrepiente de vivir y amar a su segunda patria chica, aunque tampoco descarta algún día volver a la tierra que la vio nacer. 

“Yo voy allá y soy visita, porque mi casa está aquí en Saltillo”.

 

Yo no tengo nada de lujos, el sueldo que me han pagado por estar en los cargos públicos no me da para tener mansiones o para tener a los hijos estudiando en el extranjero, ni mucho menos para tener carros ostentosos"

El orden y la disciplina comienzan en casa 

Dicen que lo que bien se aprende nunca se olvida, por eso Esther les transmitió a sus tres hijos lo que ella heredo de Rosario. 
“Ellos comenzaron a tender su cama a los cuatro años, ¡ya te imaginarás cómo la tendían!, pero no me interesaba pero lo que les quería enseñar era el orden. En la cocina también les tenía pegado un papel donde decía el rol del día de la semana en que les tocaba lavar los trastes y eso les sirvió porque a la hora en que tenían que irse a vivir solos ese aprendizaje y esa disciplina que tenían los ayudó a salir adelante”. 

Esa misma enseñanza venía de mi mamá, porque ella me enseñó que tenía que valerme por mí misma, a ser autónoma y cuando te enseñan eso aprendes a ser independiente. Yo fui a una niña muy independiente, pero mi madre se encargó de hacerme así. 

“Te digo que fui hija única”, repite como si no quisiera que hubiera dudas en su relato.   

“Yo no la tuve en bandeja de plata, ella me enseñó el orden en mi casa y decía que así eran las reglas. Yo batallaba mucho porque eso no me gustaba pero cómo se lo agradecí después… porque ha sido una guía una en mi vida. Para mí el orden y la disciplina son fundamentales porque te ayudan a vivir bien”, asevera.  

Pese a ese orden y disciplina casi militarizada que definen a esta mujer tampoco se define como una “vieja ríspida y mandona” porque con el tiempo también ha aprendido a que debe escuchar aunque eso le haya costado mucho trabajo. 
“Eso es bueno porque entonces te das cuenta de que el mundo no es nada más como tú lo vez, sino que hay otros puntos de vista, hay otras opiniones, otras perspectivas y es cuando te integras como parte de una comunidad, porque conoces a gente que tiene virtudes o talentos que tú no tienes y vez que es una maravilla encontrarte con esas personas”, apunta. 

También sabe que esos valores parten desde casa por eso critica severamente a esos padres que como ella dice se han “desafanado” de la educación y la crianza de sus hijos, porque prefieren educar a través de la tecnología. 

Aunque siempre ha habido problemas dentro de la estructura familiar, afirma que actualmente hay mayor desintegración familiar pues “vivimos en una sociedad en la que hay mucha soledad interior, en la que hay muchos huérfanos pero que sus padres están vivos por eso es basura la orfandad. Hay cero comunicación”. 

“Hay muchos padres que creen que con comprarles los tres alimentos al día y con traerlos vestiditos está cumplido el deber que uno tiene, por eso los niños y los jóvenes están creciendo solos o con nanas que se llaman internet o televisión. Yo no tengo nada en contra de eso, pero lo que sí tengo claro es que cuando eres niño tienes que estar supervisado y ahora los padres se han ‘desafanado’ de esa supervisión”. 

Jesús Amaya Guerra, autor del libro “Padres ausentes, hijos desconectados y vacíos”, durante una visita que realizó a Coahuila el año pasado dijo que actualmente “vivimos en una generación en la que estamos conectados a miles de kilómetros, pero que descuidan a la persona que está a su lado. Como el uso desmedido del celular, tableta, televisión o videojuegos”. 

En sus investigaciones también encontró que entre las consecuencias del uso excesivo de la tecnología se encuentran los problemas que enfrentan sus hijos como trastornos de ansiedad, depresión, sexting, tristeza, estrés, ciber bulliyng, insomnio, distracción escolar y abandono. 

Con ese análisis coincide Esther Quintana. Dice que existe una crisis de valores en la crianza de los hijos. 

“Hay una diferencia enorme cuando te formas con valores porque tu vida siempre está llena y colmada, no andas buscando puertas por donde salirte. A veces abres puertas y la misma inmadurez te causa un conflicto y terminas siendo alguien con mucha adicción a las drogas, se involucran en el alcoholismo, hay un ejercicio de la sexualidad de manera precoz y como consecuencia hay embarazos no deseados, abortos y de ahí vienen los problemas, de lafalta de valores”, considera.

La cocinera 

Quienes la conocen saben que tiene grandes habilidades culinarias y ama la comida condimentada. Que los camarones al mojo de ajo le quedan como a nadie y que la carne asada la prepara con su toque especial. Lo que sí reconoce esta acapulqueña de corazón norteño es que nunca se le dará preparar postres. 

En el refrigerador de su casa en la colonia Virreyes nunca faltarán los frijoles porque su esposo Juan Manuel siempre se los reclamará. 

“De recién casada tuve muchos problemas con mi esposo porque a mí me daba igual si había o no frijoles en la casa, después entendí que a él le encantaban y desde entonces nunca faltan”, cuenta. 

Según el PRI se quiere deslindar del señor Humberto Moreira, pero yo no creo en ese pleito que hay entre los hermanos"
Yo, cuando escucho de discriminación, no digo que no exista pero yo nunca me he sentido más o menos que nadie. Siempre me he sentido a la par que todos los demás, porque así me educaron y lo agradezco infinitamente"

Como tampoco puede faltar la cerveza Tecate Light ni el vino blanco. Y hablando de copitas y otras pasiones para ponerse ‘jappy’ —como dice— para ella son necesarias cinco y recuerda que en su vida ha tenido tres borracheras memorables de las que antes de contar le arrancan una carcajada. 

“La primera vez me puse un cuete memorable en mi primer año de casada y yo le decía a mi esposo: ‘ahora te aguantas, tú te pones cuete y yo te aguanto… ahora tú me aguantas a mí’. La segunda fue en París… habíamos caminado un mundo por la colina de Montmartre,  donde está la Basílica del Sagrado Corazón. Esa vez el mesero me decía: ‘señora que bien habla usted francés, aunque en su estado hasta chino debe hablar en este momento’”, rememora. 

La última me tuvieron que aguantar mi marido y mi hijo el más pequeño, fue en Estados Unidos una vez que fuimos… a mí me da por cantar y me da por reírme y soy muy cariñosa de lo usual. 

Y entre esas veces que también le ha dado por echarse un palomazo comienza con Monedita de Oro, la canción que la define de pies a cabeza:

Nací norteña hasta el tope/ me gusta decir verdades/soy piedra que no se alisa/por más que talles y talles/ soy terco como una mula/¿a dónde vas que no te halle?
En tu casa no me quieren/ porque me vivo cantando/ me dicen que soy mariachi/ y que no tengo pa’ cuándo/ comprarte el traje de fiesta/ que el tiempo te estoy quitando.
No soy monedita de oro/ pa’ caerle bien a todos/ así nací y así soy/ si no me quieren, ni modo… 

Esta última estrofa la dedica a todos sus rivales políticos, en especial a los del “partido de enfrente”. 

“Esa se las canto y se las requetecanto porque así se enamora uno y así aprende a querer uno, y yo amo a Coahuila y a Saltillo entrañablemente. Por eso me gusta dedicarme a esto porque desde el cargo público se pueden hacer maravillas y sobre todo una mujer como yo, que entiende a la política de una manera muy diferente al que lo entienden el resto de los políticos. Soy una mujer derecha, y aunque suene a vituperio, les diré que nunca me he manchado las manos por corrupción de ninguna especie. Ni en el billete ni en los hechos”, señala. 

A Esther no la derriten las casas, los coches nuevos, los terrenos o los relojes. Pero tiene una debilidad: los zapatos. Tiene más de 100 pares de distintos modelos y colores, entre los que no contempla los tennis. 

“Yo no tengo nada de lujos, el sueldo que me han pagado por estar en los cargos públicos no me da para tener mansiones o para tener a los hijos estudiando en el extranjero, ni mucho menos para tener carros ostentosos. El rico que se hace rico a costa de los pobres, es un hijo de la tiznada, yo aborrezco a todos los que entran pobres y que se hacen ricos junto a su descendencia”, dice. 

Sobre la reciente expulsión del PRI del ex gobernador y ex presidente del partido tricolor, Humberto Moreira, se mantiene incrédula: 

“Yo hace muchos años que dejé de chuparme el dedo, es una farsa más; porque según el PRI se quiere deslindar del señor Humberto Moreira pero yo no creo en ese pleito que hay entre los hermanos. El PRI sabe que en este momento tiene todas las de perder porque los coahuilenses están hartos de la forma en que se han hecho las cosas y quieren hacer deslindamientos aunque yo no creo que eso”, señala. 

Me preocupa mucho la gente que vive en las colonias de bajo estrato económico porque están condenados por el sistema a vivir en esas condiciones"
Yo tengo la esperanza de que sea Guillermo Anaya el próximo gobernador de Coahuila porque será una situación muy diferente, porque ‘no es lo mismo tratar con tu madre que con tu madrastra’».«¿Policía corrupta? Sí, si hay y se tiene que quedar fuera de ahí, porque los hay… tenemos que investigar y tener esto bien sustentado para poder castigar"

La carrera por Saltillo

Esther es una de las candidatas para contender por la alcaldía de Saltillo. Este año las elecciones en Coahuila contemplan permanecer durante un año en el poder con la posibilidad de la reelección.

Hasta hace unos meses fue la jefa del gabinete de Isidro López. También ha sido diputada local, federal, presidenta del Comité Directivo Estatal del PAN, asesora en Proyectos Especiales en la Subsecretaría de Normatividad y Servicios a la Industria y al Comercio Exterior, de la Secretaría de Economía, en el gobierno federal y editorialista. 

Con más de 30 años viviendo en la ciudad sabe que uno de los retos que enfrenta es continuar con el empoderamiento de los ciudadanos para eliminar el asistencialismo, del que se declara enemiga. 

“Me preocupa mucho la gente que vive en las colonias de bajo estrato económico porque están condenados por el sistema a vivir en esas condiciones. Son personas a las que el partido que ha gobernado todo el tiempo en Coahuila les ha domado la voluntad y no les han permitido crecer como seres humanos.  Tienen acostumbrada a la gente a extender la mano a cambio de votos”, afirma. 

Sobre si continuará con el plan de trabajo que mantiene Isidro López, responde que sí. Que dejaría el programa de los microcréditos. 

Tampoco busca dejar el tema de la seguridad porque sabe que es uno de los temas que más le ha dolido a la comunidad aunque reconoce que aún prevalecen elementos corruptos. 

“Hay policías que todavía no han entendido que se trata de servirle a la gente y esos malos elementos se han estado dando de baja. ¿Policía corrupta? Sí, si hay y se tiene que quedar fuera de ahí, porque los hay… tenemos que investigar y tener esto bien sustentado para poder castigar y generar un precedente”, critica. 

Esther asegura que los robos han disminuido en un 40 por ciento porque trabajan de manera coordinada con la policía estatal aunque ironiza con que en tiempos de elecciones en los lugares en los que gobierna el PAN sube la delincuencia. 

Sobre si cambiaría al Mayor Clemente Yáñez, actual jefe de la corporación policiaca, por otro jefe policiaco, responde que previamente tendría que platicar con él.

“Yo tengo una opinión del Mayor muy respetable porque lo he visto trabajar pero yo sé que todas las personas cerramos ciclos en la vida y yo tendría que platicar con el Mayor y preguntarle si quiere seguir siendo el encargado de la seguridad de Saltillo. Si él desea irse, se va a ir. Tendríamos que traer a otra persona”, considera. 

Durante la actual administración municipal algunas políticas públicas como las del transporte, foto multas y la ciclovía no se han aplicado correctamente. Unos dicen que los programas no han funcionado porque no se aplican correctamente, aunque otros consideran que únicamente ha habido obstáculos que interponen en el camino. 

“Yo tengo la esperanza de que sea Guillermo Anaya el próximo gobernador de Coahuila porque será una situación muy diferente, porque ‘no es lo mismo tratar con tu madre que con tu madrastra’, —ironiza— a la administración de Isidro López le ha tocado estar frente a un gobierno que está más preocupado por ver de qué manera nos obstaculiza las cosas que en coordinarse con nosotros en muchos aspectos para sacar a Saltillo adelante”, afirma. 

Sobre el programa de las fotomultas, Esther considera que es una medida politizada, pues Saltillo no es la única ciudad donde se castiga a quien excede los límites de velocidad a través de una fotografía, por lo que pide a los saltillenses que brinden otro instrumento para frenar la alta velocidad. 

“Si me dicen que hay otro instrumento lo habilitamos, porque estas fotomultas han salvado muchas vidas. Si me dicen cómo evitamos muertes, o accidentes que dejen a la gente inválida de por vida, que me digan y lo implementamos porque no se trata de una medida recaudatoria como lo han estado señalando”, replica. 

Finalmente Esther sabe que la carrera por la alcaldía no es sencilla, pero apela al hartazgo de la gente. En los días que lleva su campaña se ha abanderado de la ‘dignidad’ como lema: 

“La dignidad es el respeto por sí mismo y cuando no te respetas: robas, mientes, difamas, calumnias… no respetas a los demás y no respeta nada”, remata.