Empezaré por la opinión del filósofo español Fernando Savater, en cierto sentido está en contra de muchos otros filósofos que sostienen que el coronavirus nos hará cambiar. En primer término estima que esta pandemia del coronavirus es un desastre. Que no determinará un punto de inflexión en la historia de la humanidad. Ni nos hará mejores. Ni tampoco saldremos más fuertes ni más buenos. Lo que va a suceder es que vamos a ser más pobres.

Y para el gran filósofo alemán Peter Sloterdijk. “El regreso a la frivolidad no va a ser fácil”. Sostiene que cuando despertemos y el miedo amaine, el coronavirus todavía estará ahí. Afirma que el mundo en su concepción como gigantesca esfera consumista está basado en la producción colectiva de una atmósfera frívola, que muestra una enfermiza inclinación hacia el consumo. En estos días este vínculo entre la atmósfera frívola y el consumismo se ha roto, pero sólo temporalmente. Y aunque todo el mundo espera ahora que se vuelva a reconectar ese vínculo, va a ser difícil. Tras una disrupción tan importante, el regreso a los estándares de frivolidad no va a ser fácil. Los rebrotes así lo están evidenciando.

Y si a lo anterior le agregamos que a pesar de que se diga lo contrario, todavía estamos inmersos en la crisis que empezó en el año 2007, hace 13 años. Es una crisis que no nació por generación espontánea, como bien lo plantea Santiago Niño-Becerra, economista español. Y agrega que las crisis se producen por el agotamiento de un modo de funcionamiento económico. Y la que nosotros padecemos, y en ella nos sorprendió el coronavirus, se generó por el agotamiento del modelo que había estado funcionando desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Las cosas se habían estado haciendo de una determinada forma desde entonces y hasta 1991.

Niño-Becerra puntualiza que llegamos a esta crisis, como se había arribado a las anteriores, por el agotamiento del modelo vigente y entonces estalló. Exactamente igual, en términos estructurales, a lo que sucedió en 1929. Con el Crash de 1929, también se agotó un modelo, el que se había puesto en marcha tras la crisis de 1873. Hagamos un repaso. Entre 1873 y 1879 se produjo una crisis brutal, salvaje, como consecuencia del agotamiento del modelo característico de la fase de acumulación originaria de capital.

Subraya que las crisis sistemáticas son largas, profundas y hondas, son evidentemente penosas y terribles, obligan a cambiar una forma de hacer, pero no nacen por generación espontánea. La crisis actual es estructuralmente muy parecida a la de 1929. Por lo tanto, las constantes se repiten. Se trata de una crisis de sobreproducción, de subconsumo, de contracción de demanda. Y ahora se le suman las consecuencias económicas a causa del coronavirus.

En el periodo que va desde 1950 hasta la crisis de 2007, el economista español identifica tres partes distintas. En primer lugar, de 1950 hasta mediados-finales de los años setenta (1973 a 1979). En segundo lugar, de finales de los setenta hasta 1991. Finalmente, desde 1991 hasta 2007. Tres bloques con características bastante diferentes.

Sin embargo, hay que recordar que en el año 79, se produce la victoria de Margaret Thatcher en el Reino Unido; al año siguiente, Ronald Reagan alcanza la presidencia de Estados Unidos. Y para completar el cuadro, Helmut Kohl ganó las elecciones en Alemania en 1982. Eso lo cambió todo. Fue el inicio de la introducción del llamado “modelo neoliberal”. En el fondo, neoliberalismo quiere decir colocar el capital y la oferta como protagonistas de la economía, mientras que el trabajo y la demanda quedan desplazados poco a poco de la primacía de la que habían gozado hasta entonces.

Esto, en 2007, el modelo se estaba agotando. Todo lo que se había aplicado hasta entonces ya no daba más de sí. La gente no era capaz de absorber más crédito ni viviendas, el precio llegaba a un punto insostenible, se habían puesto en marcha productos de inversión que no aguantaban, teníamos bancos inflados de activos a un valor superior al de mercado. Y la pandemia, hoy, le da el tiro de gracia a la economía, que ya venía de caída, en decrecimiento. Lo que nos puede obligar a cambiar es la crisis económica, más que el coronavirus. Porque la pandemia no acaba con las ganas de consumir.

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Salvador Hernández Vélez

Columna: Fractalidades