A la memoria de la entrañable Doris Arnez Torrez

Mientras el mundo cambia, quienes llevan el timón de México reaccionan con un peligroso optimismo facilón.

El día después de la elección estadounidense, el presidente Enrique Peña Nieto presumió una “conversación cordial, amable y respetuosa” con Donald Trump; su elección –dijo el presidente-- era un “reto” y una “gran oportunidad”. La secretaria Claudia Ruiz Massieu añadió que “la relación bilateral entre México y Estados Unidos ni termina ni comienza con una elección”. Miguel Ángel Osorio Chong, José Antonio Meade y Agustín Carstens se unieron al coro: “México está preparado para afrontar las nuevas circunstancias”. Ninguno aclaró dudas porque imitaron al presidente que, para variar, se negó a responder a los medios: “quienes tengan preguntas, se las van a guardar. Pero ofrezco, en otra ocasión, responderlas”.

La historia no espera. El cambio de época ya se nos metió a las entrañas porque Trump usó el antimexicanismo para triunfar. Como presidente tendrá que hacer “algo” para cumplir su promesa de frenar a las hordas mexicanas que deshonran la pureza racial norteamericana. México tiene como opciones extremas solo responder en caso de urgencia extrema o tomar la iniciativa y proponer una redefinición de las relaciones con los Estados Unidos y el mundo. La segunda opción es más promisoria y tiene como antecedente una página gloriosa de la diplomacia mexicana.

En los años ochenta del siglo veinte América Central se consumía en la violencia política. El gobierno de Ronald Reagan quería una solución bélica, lo que afectaba los intereses mexicanos. Miguel de la Madrid instruyó al canciller Bernardo Sepúlveda para que invitara al gobierno de Colombia a iniciar un proceso de mediación. Luego se sumaron Panamá y Venezuela y así nació el Grupo Contadora que tuvo éxito porque, entre otras medidas, negoció con los republicanos aliándose con los demócratas.

Es momento de reactivar y actualizar Contadora. México tiene los motivos y la legitimidad para buscar una solución regional. En la variable seguridad puede meterse casi todo: tráfico de drogas y de armas, migraciones, comercio y lavado de dinero, derechos humanos y racismo. Con un proyecto sólido México puede convocar a los latinoamericanos y buscar el respaldo de los europeos y los asiáticos.

En tanto sabemos si nuestro gobierno toma la iniciativa en la redefinición, urge reaccionar ante el odio antimexicano fomentado y acelerado por Trump. Hasta ahora, el gobierno federal ha respondido con boletines de prensa y declaraciones. El presidente “instruyó” a la canciller para que atienda a los paisanos y ésta “instruyó” a los cónsules. Urge que terminen de instruirse porque una semana después de la elección, líderes mexicanos de tres ciudades estadounidenses comentaron a esta columna la apatía de los consulados. Según Daniel Montes, de la Unión del Barrio de California, los representantes mexicanos los “tienen en el abandono total. Estamos solos”.

Una razón tras la poca presencia es que los consulados reciben instrucciones sin recursos. Los consulados mexicanos carecen del capital requerido para atender a los millones que viven en los Estados Unidos. En lugar de darles, les están quitando lo que por ley les corresponde. En el otoño de 2015 Trump ya desparramaba odio, pero el entonces secretario de Hacienda Luis Videgaray quitó a Relaciones Exteriores 25% de los ingresos recibidos en los cincuenta consulados por servicios consulares y que deberían usarse solo para esos fines.

Entretanto, los partidos también hablan mucho y hacen poco. Tres días después de la elección de Trump los diputados aprobaron el Presupuesto de Egresos de la Federación para 2017. Ninguna fracción parlamentaria pidió que se incluyeran partidas de emergencia para atender a la población mexicana expuesta ahora al odio antimexicano.

A nuestros problemas se añade ahora el antimexicanismo. Lógico que The New York Times calificara, en su edición de ayer, el estado de ánimo mexicano como de “angustia y parálisis”. Hagamos a un lado el derrotismo, el pasmo y el optimismo facilón. Exijamos la reconstrucción de la política exterior mientras damos prioridad a la protección de los mexicanos amenazados.

Comentarios: Twitter: @sergioaguayo
Colaboró Zyanya Valeria Hernández Almaguer