El País se dispone a retomar actividades en múltiples áreas productivas como si realmente nos encontráramos en el declive de la pandemia

La “Jornada Nacional de Sana Distancia” ha concluido y a partir de hoy el País intentará ingresar a lo que todo mundo llama ahora la “nueva normalidad” pero que no termina de quedar claro exactamente qué significa. O al menos no parece estar claro que signifique lo mismo en todas partes.

Y es que la semana que concluyó ayer ha sido la peor en términos de contagios y personas muertas por el coronavirus en México, acumulando 22 mil 44 nuevos casos confirmados y 2 mil 536 fallecimientos.

Lejos de que podamos observar una “curva aplanada”, como se empeña en repetir el presidente López Obrador desde hace cinco semanas –específicamente desde el 26 de abril pasado, cuando por primera ocasión aseguró que en nuestro país se ha “domado” a la pandemia– lo que vemos es una curva en ascenso permanente.

Todas las cifras y toda la experiencia acumulados en los meses que la humanidad lleva lidiando con este virus reman en sentido contrario al discurso presidencial. Incluso los especialistas que el Presidente ha puesto a informarnos de manera cotidiana advierten que podríamos sufrir un rebrote, “si las reglas no se siguen”.

El problema es que las reglas no están claras y, sobre todo, los distintos órdenes de gobierno están tomando medidas que colocan a la población ante una situación imposible de resolver: por un lado, se ha decidido no reabrir las escuelas ni las guarderías, pero por el otro se le está pidiendo a los padres de familia que regresen a sus lugares de trabajo.

Por otra parte, las voces de especialistas coinciden en reconocer lo que todos hemos podido atestiguar: el confinamiento fue sólo parcial y en fechas específicas como el Día del Niño y el de las Madres, la movilidad fue muy alta y eso muy probablemente explica el crecimiento de contagios de las últimas dos semanas.

Finalmente, las medidas que se están adoptando para la “nueva normalidad” son contradictorias, pues mientras el Gobierno de la República ha puesto en marcha un “semáforo” para informarnos de la situación en la que se encuentra cada entidad de la República, diversos gobiernos estatales han dicho que ese modelo no aplicará en su territorio.

Así pues, en medio de la confusión y del peor momento de propagación del virus, el País se dispone a retomar actividades en múltiples áreas productivas como si realmente nos encontráramos en el declive de la pandemia, algo que diferentes estudios proyectan podría ocurrir a finales de este mes.

La vida debe continuar, sin duda, y no podemos prolongar el confinamiento de manera indefinida pues ello terminaría por hundir la economía. El problema es que la estrategia empleada por el Gobierno de la República para hacer frente a la pandemia claramente no ha funcionado y el riesgo al que cada uno de nosotros está expuesto es hoy más alto que nunca.

Casi 10 mil personas –en la cuenta oficial– constituyen la trágica evidencia de que en México las cosas no van bien. Por ello resulta imposible confiar en que la “nueva normalidad” nos depare mejores noticias a partir de hoy.