El acuerdo comercial de nuestro país con Estados Unidos se ha centrado fundamentalmente en la industria automotriz por su amplio contenido de valor agregado. Foto: Especial

En vísperas de las elecciones legislativas de noviembre próximo, Donald Trump ganó la partida inicial para decir a los electores que promueve  el empleo y el ingreso. Primero acuerdo bilateral con cada uno de los dos países y después, si se dan las condiciones de negociación, se firmaría uno trilateral en puntos de interés común. Aún falta la aprobación del Acuerdo por parte del Congreso estadounidense, pero de no ser así el presidente “negociador” ya tendrá a quién culpar por no lograr lo prometido.

Aparte del capítulo 19 de solución bilateral de controversias (que se mantiene), del sector electrónico, industria de telecomunicaciones, garantías en derechos de propiedad y restricciones respecto al medio ambiente, entre otros, el acuerdo comercial  de nuestro país con Estados Unidos se ha centrado fundamentalmente en la industria automotriz por su amplio contenido de valor agregado: se incrementó de 62.5% a 75% el contenido de partes proveniente de los dos países –Canadá está por aceptar o no.

Pero se pactó un candado que favorece a los vecinos del norte: de dicho contenido, el 40% para autos y el 45% para camionetas provendrá de empresas cuyo pago salarial sea mínimo de 16 dólares la hora, lo que para trabajadores mexicanos es imposible. Es decir que México se quedará con lo que pueda rascar del 35% restante, por tanto la perspectiva de país maquilador se afianza y se fortalece.

En Estados Unidos el salario promedio automotriz es de 24 dólares la hora, mientras que en México es de 2.4 dólares, lo que para las empresas extranjeras instaladas en nuestro país representa un ahorro mínimo de más de 700 dólares por unidad producida. Sin embargo, el candado señalado induciría a más empleo en el vecino país del norte, además la reducción del impuesto corporativo de 35 a 21% también impulsaría en el mismo sentido.

Según datos de la Comisión Económica para América Latina de la ONU, del total de empresas en México las que son exportadoras pasaron de 1.1% en 2012 a 0.7% en 2016, pero el monto promedio de exportación por empresas pasó de 5.5 millones a 107 millones de dólares anuales. 

Alrededor del 74% de las exportaciones mexicanas van hacia Estados Unidos, mientras que a Canadá sólo se destina alrededor del 5%; y las exportaciones de Canadá son 74% a su vecino del sur y sólo el 2% a nuestro país"

Esto evidencia la alta concentración de ventas al exterior que se observa en nuestro país.  Además, datos del 2016 indican que en entorno del TLC las exportaciones mexicanas ascendieron al 83.7% del total  (313 de 374 mil millones de dólares), y las importaciones fueron el 49% del total (189 de 387 mmdd). 

Si esta información muestra la concentración exportadora y la enorme dependencia económica actual de nuestro país a Norteamérica, el reciente Acuerdo bilateral podría acentuar más esta condición con Estados Unidos.

Porque en el año señalado el comercio bilateral de México con Canadá fue sólo de 20 mil mdd 

–prácticamente no tuvo ascenso en estos 24 años de TLC—, pero con Estados Unidos fue de 482 mil mdd (mientras que dicho intercambio entre los dos países vecinos de Norteamérica fue de 544.5 mil mdd).  

El 46% de la inversión extranjera directa en nuestro país proviene de Estados Unidos y 7% de Canadá, lo que en total resulta en 276.5 mil mdd. 

Por otra parte, alrededor del 74% de las exportaciones mexicanas van hacia Estados Unidos, mientras que a Canadá sólo se destina alrededor del 5%; y las exportaciones de Canadá son 74% a su vecino del sur y sólo el 2% a nuestro país. 

Es lógica y calculada la exigencia estadounidense de negociar por aparte con los dos países y posteriormente, si conviene según el resultado por separado, firmar un Acuerdo Trilateral en los puntos en común. 

Por ahora, los canadienses tienen el juego en su cancha. Además del sector automotriz, el interés de la representación de Canadá se centra sobre todo en  farmacéutica, telecomunicaciones, sector agropecuario y la explotación maderera. 

El nuevo Acuerdo bilateral se revisará cada seis años y tendrá vigencia de 16; parecería un justo medio, pero es otra negociación. El posible Acuerdo Trilateral sería sólo una secuela o consecuencia.  Marcha fúnebre para el TLC.

*El autor es catedrático de la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Coahuila.

Te puede interesar