Es necesario advertir que el cumplimiento de las nuevas reglas de etiquetado por parte de los fabricantes de alimentos y bebidas no será suficiente para contener el fenómeno del sobrepeso y obesidad

El Senado de la República aprobó ayer reformas a la Ley General de Salud mediante las cuales se pretende combatir la epidemia de sobrepeso y obesidad que vive el País, particularmente entre menores de edad.

Las nuevas reglas implican que los fabricantes de alimentos y bebidas no alcohólicas deberán, a partir de la entrada en vigor de éstas, modificar el etiquetado de sus productos a fin de advertir al consumidor respecto del contenido energético así como de azúcares añadidos, grasas saturadas, sodio y demás nutrimentos críticos.

La intención –teórica– es que el nuevo etiquetado de productos alimenticios y bebidas permita a los consumidores “tomar decisiones respecto a su alimentación, a fin de que puedan elegir y comparar productos de una misma categoría” y adquirir aquellos que sean más saludables.

Sin duda se trata de una modificación importante en la legislación sanitaria del País, pues la obesidad y el sobrepeso constituyen problemas de salud pública mucho más importantes que el tabaquismo, por ejemplo, pues más personas mueren en México de padecimientos relacionados con dicha condición.

Sin embargo, es necesario advertir que el cumplimiento de las nuevas reglas de etiquetado por parte de los fabricantes de alimentos y bebidas no será suficiente para contener el fenómeno y, mucho menos, para revertirlo. Para que eso ocurra es necesario que se tomen medidas adicionales que dibujen una política pública orientada a conseguir un objetivo concreto.

En este sentido es preciso que se definan los indicadores puntuales cuyo seguimiento podrá realizar cualquiera y que sirvan para demostrar que la estrategia está funcionando: incidencia de padecimientos relacionados con la obesidad y número de decesos provocados por tales padecimientos, por señalar sólo dos ejemplos. 

Porque, en teoría, el hecho de que las etiquetas adviertan sobre la existencia de cantidades excesivas de “nutrimentos críticos” en los productos hará que las personas no los consuman, o que los consuman menos, algo que en última instancia implicaría que dejaran de fabricarse.

Pero esto no necesariamente ocurrirá, sobre todo si los productos, aun cuando sus etiquetas adviertan sobre elevados niveles de “nutrimentos críticos”, son los más baratos del mercado o son los únicos que se encuentran disponibles.

Por otra parte es necesario tener en cuenta que una estrategia incluso más agresiva ha sido ya utilizada por varios años en el caso de los cigarrillos, a cuyos fabricantes se les obliga a imprimir en las cajetillas imágenes desagradables de padecimientos relacionados con el consumo de tabaco y tal hecho no ha logrado una disminución sensible en el consumo de éste.

Por ello, aunque las nuevas reglas de etiquetado son importantes y es relevante su aprobación, es necesario tener claro que si la estrategia se limita a esto, puede apostarse desde ahora a que nada ocurrirá en términos de los indicadores de sobrepeso y obesidad, así como de incidencia de padecimientos relacionados con tales condiciones.