Ahora que el Distrito Federal ha dejado de ser el DF para convertirse en Ciudad de México, y ahora que las autoridades capitalinas han promulgado un nuevo Reglamento de Tránsito para mejorar la circulación, proteger a los peatones y con eso disminuir el caos y cuidar la salud de los citadinos, es necesario reflexionar. 

Honrosa acción del señor Miguel Ángel Mancera y de los responsables de promover el nuevo Reglamento de Tránsito, hubiese sido consultar a la ciudadanía antes de echarlo a andar. Después de todo, y antes de todo, los empleados del gobierno de la ciudad de México viven de los impuestos de los ciudadanos. Consultar, encuestar, escuchar la opinión de quienes no pertenecen a sus oficinas es fundamental. 

Ignoro las razones de su impericia. No sólo es desdén, es también falta de respeto y de preparación: difícil discutir cuando la propuesta, en este caso el nuevo Reglamento, resulta, a todas luces, así lo ha expresado la ciudadanía, así lo han escrito articulistas, impopular, detestable, sospechosa. Difícil discutir si la educación es deficiente y la capacidad argumentativa es pobre. El señor Mancera y su grupo deben recular. Ya que a todos los gobernadores les encantan las encuestas, deberían contratar a una compañía neutral para que averiguase la aceptación o el rechazo de su reglamento. Los gobernantes inteligentes, los que escuchan, cambian de opinión. La ciudadanía aprecia mucho a los dirigentes que confiesan haber hecho un error, lo manifiestan y lo eliminan. En México son tan escasos que no conozco a ninguno. 

No pertenezco a ninguna consultoría ni hago encuestas. Escuchar es mi oficio fundamental. Nutro la escucha por medio de la lectura. No he oído, ni leído ni una sola opinión a favor del nuevo Reglamento de Tránsito. La semana pasada utilicé este espacio para hablar de él. Reproduzco la idea central del artículo: Ningún Reglamento, aunque sea con mayúsculas, funciona si no se atiende el mal. El nefasto tránsito de la ciudad no es culpa ni de los automovilistas ni de los motociclistas ni del transporte urbano. La culpa la tienen quienes ejercen y han ejercido la dirección de la ciudad de México. 

El nuevo reglamento (estúpido en muchas vertientes, no en todas) no funcionará mientras no se atiendan las etiologías del embrollo. Me adjudico, perdón, el derecho de promover unas reglas que corran en forma paralela a las del equipo del señor Mancera. Mi propuesta gozará de un efímero nombre: Reglas Ciudadanas para los Regidores de la ciudad de México. Aclaro: Debido a la corrupción, a la impunidad, a las mordidas, y a la devaluación, opto por no calcular los montos económicos que deberán pagar las autoridades a la ciudadanía. 

Regla 1. Las autoridades de la ciudad de México deberán pagar las llantas víctimas de baches. 

Regla 2. Las autoridades deberán pagar los rines averiados por topes color asfalto (no se ven) y por topes altos que dañen el chasis (¿será chasis?, no sé mucho de automóviles). 

Regla 3. Las autoridades deberán pagar cuando los automóviles no puedan circular a más de un kilómetro por hora. 

Regla 4. Las autoridades deberán pagar cuando los automóviles permanezcan estacionados por el tráfico más de cinco minutos. 

Regla 5. Las autoridades deberán pagar por cada árbol talado. 

Regla 6. Las autoridades deberán renunciar cuando los pájaros empiecen a morir por la contaminación. 

Regla 7. Las autoridades deberán pedir perdón cuando falte agua potable por más de dos horas. 

Regla 8. Las autoridades deberán esconderse y/o huir cuando se describan los primeros casos de Cáncer variedad ciudad de México (antes llamado Cáncer variedad DF). 

Regla 9. Las autoridades deberán explicar por qué permiten a los coches de guardaespaldas estacionarse en doble fila y a los de la ciudadanía se los llevan en grúas funcionales a sus corralones. 

Regla 10. Deberán pagar por los semáforos descompuestos y el caos subsecuente. 

Regla 11. Deberán pagar por no contar con la señalización adecuada para saber cuáles son las vías primarias, las secundarias y las aledañas a hospitales y escuelas y así cumplir con “sus velocidades”. 

Regla 12. Las autoridades deberán explicar por qué no explican nada.

Jorge Luis Borges tiene razón: “No hay consuelo más hábil que el pensamiento de que hemos elegido nuestras desdichas”. Borges es sabio y tiene razón, pero… ¡No le hagamos caso! 

Notas insomnes. A los señores que dirigen la ciudad de México les deseo feliz año y feliz circulación, y, si pueden, deroguen las reglas oscuras de su Reglamento y atiendan el origen de la enfermedad.