La degradación ambiental empezó a ser una preocupación global en los años setenta, cuando fue incorporado el tema por primera vez en una Conferencia de Naciones Unidas, ahí tomó relevancia y se incorporó, poco a poco en la agenda política internacional y fue permeando entre las nacionales. Desde entonces ha cobrado cada vez mayor importancia, debido a que la problemática sigue agravándose. Reconociendo que hay problemas compartidos a nivel mundial, en 1992 surge la Agenda 21, un instrumento que sienta las bases de una agenda común para proteger el medio ambiente y alcanzar el desarrollo sustentable. Derivado de esta agenda en el 2000 se generó un movimiento llamado Objetivos de Desarrollo del Milenio, para establecer metas medibles para abatir los problemas más graves de pobreza, desigualdad de género, salud, medio ambiente, entre otros. 

 

En 2015 se complementan estos objetivos y se convierten en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), con un trabajo más inclusivo y profundo, se agregan metas e indicadores para trabajar hacia un mismo fin y buscar que el desarrollo tenga un equilibrio ambiental, social y económico. Los ODS son 17 objetivos que abarcan mediciones de mejora en las personas, en aspectos del planeta, de prosperidad social y económica, de la paz y de alianzas internacionales. 

 

Hoy en día, el cambio climático se suma a los grandes retos que enfrentan las sociedades para alcanzar calidad de vida y bienestar. No hace replantear y ajustar las formas de planear, mitigar y adaptarnos, por ello en los ODS se incluyen objetivos que tienen que ver con las condiciones ambientales y el cambio climático directamente: Agua Limpia y Saneamiento, Producción y Consumo Responsable, Acción por el Clima, Vida Submarina, Vida de Ecosistemas Terrestres. El resto de objetivos también tiene la visión de sostenibilidad. 

 

Esta agenda común se puede interpretar como una guía para crear las bases del desarrollo sustentable a nivel local y pasar del discurso a la acción, por ello es importante que los gobiernos municipales y estatales consideren a los ODS como parte fundamental de su planeación del desarrollo y ajusten sus indicadores a nivel local, para medir los avances y definir las prioridades que hay que atender. Así se pueden sumar y medir las acciones que contribuyen a un mismo fin: el desarrollo sustentable.