El 8 y 9 de marzo de 2020 marcarán un hito histórico en el País. La larga marcha de la lucha de las mujeres iniciará un imparable cambio civilizatorio. Cambiarán las estructuras patriarcales, más pronto que tarde. Y las mentalidades adheridas a ellas, también. Esa es la primavera que marchó con las mujeres ayer 8 de marzo. Y las abrazará hoy 9 de marzo con entrañable esperanza.

¿Importa si Andrés Manuel López Obrador critica el Movimiento de mujeres desde la más alta palestra del poder y lo acusa de conservador, reaccionario, pagado desde el extranjero y al servicio de sus adversarios? No.

¿Importa si las mujeres del gabinete de AMLO aparecen juntas en público para cubrir la falta de empatía, sensibilidad y compasión de su jefe con la violencia de género y los feminicidios en nuestro País? No.

¿Importa si Olga Sánchez Cordero, secretaria de Gobernación, dijo hace 4 días que “las mujeres están enojadas con la violencia, pero no con el gobierno”? No.

¿Importa si Irma Eréndira Sandoval, secretaria de la Función Pública, declaró que “queremos mujeres empresarias, científicas, empresarias y líderes pero no mujeres tortilleras”? No.

¿Importa si López Obrador alabó ayer “la abnegación de Margarita Maza” esposa de Benito Juárez y hace 3 días defendió su postura como “humanista pero no feminista”? No.

¿Importa si decenas de políticos y empresarios oportunistas aparecen como feministas transformados al instante para integrarse al movimiento? No.

¿Importa si bancos, empresas, comercios, hoteles, restaurantes, hospitales, universidades, etcétera, no son solidarios con el paro nacional de mujeres de hoy 9 de marzo? No.

¿Importa si este movimiento de mujeres esta integrado por cientos de miles de ellas con distintos grados de consciencia de género y marcadas diferencias políticas entre ellas? No.

¿Importa si estos cientos de miles de mujeres nunca llegan a organizarse para articular objetivos en común? No.

Lo único importante es que esos millones de mujeres fueron, ayer y hoy, abrazadas por la primavera, desde su corazón e inteligencia germinales, para introducir un cambio civilizatorio que —como dice Alexandra Haas, “revolucionará la vida pública y privada, para que las mujeres no mueran en el mismo lugar donde nacieron”. “¿Porqué qué más se puede pedir en esta vida?”, remata con brillante lucidez la misma Alexandra.