Las Joyas de la Corona. Con esta exposición reafirmaron su apoyo a la comunidad cultural. Foto: Omar Saucedo
Muchos en alguna ocasión hemos asegurado que hacemos algo por “puro amor al arte”, sin aspiraciones económicas o profesionales, más allá del mero disfrute, pero en el caso de Clau y Samuel, ellos lo hacen por ayudar

Hace unas semanas escribí en esta misma columna sobre cómo en ocasiones pareciera que los únicos consumidores de arte son los mismos artistas y lancé la idea —a sabiendas de que estaba generalizando— de que no existe un público meramente espectador, ya ni hablemos de uno participativo.

Días después, casi como una respuesta del destino a mi cuestionamiento, me enteré de que hay una pareja en la ciudad que desde un ámbito discreto se ha involucrado de manera activa en el desarrollo de la comunidad artística y cultural local.

A Claudia Barrios y Samuel Flores los conocí al topármelos con regularidad en exposiciones, presentaciones, inauguraciones y otros eventos similares. Poco conocía yo de ellos y llegué a la simple conclusión de que eran amigos cercanos de algún artista o ellos mismos eran productores.

Pero cuál fue mi sorpresa al enterarme que no sólo no eran artistas, ni desarrollan profesiones tan siquiera cercanas, sino que desde hace alrededor de dos años han apoyado a algunos creadores en la conclusión de sus proyectos.

En su departamento ubicado en el 310 de la calle Ramón Corona, esquina con Ignacio Allende, en el centro de la ciudad, un lugar bautizado como la “Residencia Corona”, ellos han hospedado a artistas como Omar Árcega, Norberto Treviño y miembros del Programa de Fotografía Contemporánea de Coahuila 2018, sin cobrarles ni un sólo peso.

 

Es probable que de no ser por esta iniciativa la exposición que Árcega tuvo en el Cerdo de Babel en 2017 —y que luego se llevó a Londres—, ni la de Norberto Treviño también el año pasado en Estudio Lomelí habrían sido posibles, o por lo menos habrían requerido una mayor inversión por parte de sus organizadores.

Lo mismo con los participantes del PFC 2018, quienes habrían tenido que invertir más durante los meses que duró el proyecto, así como con Vinicio Fabila y su serie 
“Almacenar y Conservar” que fue creada en el ático de este hogar.

Clau y Samuel brindaron ayuda a los artistas que lo solicitaron, y durante todo este tiempo lo realizaron de manera discreta, con su proyecto sólo difundido de boca en boca, hasta la semana pasada.

Con “Las Joyas de la Corona” el espacio se convirtió también en una galería, sobre cuyos muros se exhiben para venta piezas de aquellos que han habitado allí, además de otros artistas como Ignacio Valdés, Roy Carrum, Carlos Farías, Antonio Olvera, Carlos Vielma, Talía Barredo y Ana Carral.

La exposición termina este sábado 22 de diciembre, con obras también de Ramiro Rivera, Vinicio Fabila, Jorge Palomares, Asis Jaramillo, Adriana Villalpando, Daniel Bates, Alejandro Cerecero, Jesús Soto, J. C. Castro, Adair Vigil, Jess Silva, Natalia Blanco y Karla Rangel, a precios accesibles entre 700 y 2 mil pesos.

Quienes primero comenzaron como espectadores ahora son promotores que planean seguir apoyando en la medida de sus posibilidades a los artistas locales, no sólo con cuartos para hospedar y que sirvan como talleres temporales, sino también como un ejemplo para que esta práctica se popularice, en beneficio de la comunidad cultural.

Único. Residencia Corona es el primer espacio en ayudar de esta manera a los artistas locales y foráneos que residen aquí.

 

Porque ante la incertidumbre que se anuncia año con año en los recortes presupuestales para las instituciones oficiales de cultura, la única alternativa que queda siempre estará en las iniciativas de este tipo, de las cuales, de momento, Residencia Corona es única en su tipo en la ciudad.

  
¡Visítala y compra!

> Se puede agendar una cita para visitar la muestra al celular de Claudia, el 8442971568, y poder comprar alguna pieza.
> La Residencia Corona se encuentra en el 310 de Corona, esquina con Allende.
> La exposición termina este sábado 22 de diciembre.