Artes plásticas, música, danza clásica, literatura, arquitectura. Nuestra ciudad cuenta con escuelas y facultades con planes de estudio formales para estas disciplinas artísticas que con sus fallos y aciertos logran cumplir la cuota. Para las restantes Bellas Artes si alguien quiere estudiar cine o busca por fuera o se inscribe a la Facultad de Comunicación de la UAdeC, no especializada en esta área pero con materias afines. En cambio el teatro es un caso aparte.
Si bien la máxima casa de estudios del estado cuenta con una Escuela de Artes Escénicas en Torreón este arte en Saltillo ha permanecido activo gracias a la pura constancia, pasión y disciplina de sus practicantes, fenómeno que tiene décadas en desarrollo.
 
Actores, directores y dramaturgos en sus respectivas compañías han ido y venido por años, sin mayor escuela que el mismo escenario les ofrece y maestros que sus propios compañeros, con algunos ocasionales talleres, clases magistrales —y otros tantos egresados de Letras o Comunicación— y la introducción de algunas figuras que decidieron hacer parte de su carrera en la ciudad, compartiendo en el proceso sus conocimientos y experiencias; ellos sí, con formación profesional.
Si hay una escena independiente en Saltillo es la teatral. Sus obras son en gran parte financiadas por los propios creadores, aunque suelen contar con el apoyo de becas o programas gubernamentales que facilitan el trabajo, con compañías como Cuarta Pared con modelos que parecen estar haciendo redituables producciones de calidad, sin que esto asegure su valía artística; tal aspecto queda nuevamente delegado a la profesionalidad de los involucrados y a veces hasta a su mero talento nato.
 
Esta semana, con motivo de su 25 aniversario de trayectoria, platiqué con el actor Gabriel Neaves. Él, como muchos otros antes y después de él se inició en el teatro en la práctica misma. Si, con los años ha tomado algunos talleres y cursos, pero su principal formación está sobre el escenario.
Nos preguntamos si en medio de una comunidad teatral como la saltillense, que por años se ha mantenido en constante actividad sin una educación formal y profesional en artes escénicas es realmente necesaria la introducción de una escuela o facultad de teatro.
De entre los puntos que discutimos rescato argumentos a favor y una gran amenaza que se cierne incluso actualmente sobre las otras instituciones de arte: La creencia de que al graduarte ya eres artista, escritor, músico o, peor aún, que lo que estás haciendo es digno de ser admirado por el mundo entero.
 
Es común, al menos desde mi área en las artes plásticas, ver a los egresados sin el ímpetu creativo que, por ejemplo, tienen casi todos los teatristas locales. Pareciera que los años de estudio solo sirven para crear una zona de confort donde el éxito llega por mera suerte o coincidencia.
Gabriel y yo nos cuestionamos si al existir una escuela formal se perdería esta chispa y las generaciones entrarían entonces para ser actores o directores y salir con la idea de que solo por el título ya podrán hacer lo que les plazca. Por fortuna esta es una cuestión que puede ser considerada desde la fundación misma de tal proyecto educativo.
A favor de una iniciativa así, en esa conversación y en el mismo análisis de la situación parece todo girar en torno a un mismo objetivo: el público.
Si bien la práctica amateur y casi autodidacta del teatro local ha producido grandes e increíbles obras también trae de vez en cuando cada adefesio que pone en juego la percepción de la audiencia hacia toda la escena de la ciudad.
 
Una escuela podría unificar esta práctica y sería un punto de referencia en cuanto a calidad se refiere como ya lo es en otros lugares del país —Veracruz, el mejor ejemplo— además de que desde ahí se generarían proyectos para facilitar la producción de más y mejores obras.

Pero mientras no exista una iniciativa real todo esto no es más que una rica conversación de sobremesa, con todo y los rumores que he escuchado al respecto.