No pocas veces he hecho referencia aquí a la banalidad y chabacanería de las redes sociales que todo lo pudren (ejemplo, las críticas a la complexión física de la gimnasta mexicana Alexa Moreno en las pasadas olimpiadas); redes que los nacionales usan para denigrar, denostar y perder el tiempo en fruslerías. Lo importante, lo duro en México pocos o nadie lo “comparten”. Un ejemplo más de ello es el niño sirio de la guerra.

Está vivo. No es un zombie. No es un cartel promocional de esas series gringas tan estúpidas como exitosas hoy en día. Los muertos andantes o los muertos vivientes, les dicen. Este niño está vivo. Tal vez muy a pesar suyo. Tiene nombre y apellido. Es Omran Daqneesh. Tiene cinco años apenas. Y estrictamente ya no es un niño. Nunca lo ha sido. Es decir, no ha roto los vidrios de las ventanas de los vecinos, no ha jugado a ser espía ni cowboy, no ha dejada abierta la llave de su bañera para que el agua corriera limpia y sin pausa, mientras su madre colérica y divertida, acaso lo reprimiera; no. Este niño de la fotografía que circula en el mundo (de la autoría de un fotógrafo de Reuters, véalo usted en Internet), no ha tenido infancia. Vaya, lo único que ha hecho es algo elemental: sobrevivir. Mantenerse vivo.  

Omran Daqneesh es un niño sirio de cinco años. Está cubierto de polvo, ensangrentado, catatónico. Está vivo, aunque se dude al ver tan perturbadora imagen. El niño sirio es sobreviviente (junto con su hermana) a la cruenta guerra que se libra en estos países que no tienen tregua ni reposo. El niño vive en Alepo, Siria, y aquí hay una guerra entre las fuerzas gubernamentales de Bachar el Asad (con la colaboración de los rusos), las milicias yihadistas que todo lo depredan y pudren en nombre de Alá y el Corán y los rebeldes que también disputan el territorio. Entrampados, en medio, la población civil y los niños. Sobre todo los infantes que no tienen infancia. 

Son literalmente unos walking dead en un túnel tan oscuro, como la sombría foto de este niño en una ambulancia que llevaba a él y su hermana a recibir atención médica en una zona donde la niñez se entrena con fusiles de asalto a los ocho años y participan activamente en la guerra siendo aún menores a los 15 (datos de la ONU, que advierten que en este 2016 hay un 30 por ciento más de niños soldados con respecto a 2015, en una zona donde hay 8.4 millones de niños). 

La fotografía es aterradora y cruda. Como lo es la guerra en cualquier parte del mundo. La fotografía del niño de cinco años, Omran, le ha dado la vuelta al mundo. 

Esquina-bajan

Bueno, al mundo sin incluir a México, donde los cibernautas con acceso a Internet de full time se ceban (se cebaron) en la anatomía poco agraciada de la gimnasta mexicana descalificada rápidamente en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, la connacional Alexa Moreno. Esto y no otra cosa es México: las ladies, los lords, los políticos de baja estofa, los memes, la chabacanería, la estulticia, la estupidez… ¿Es un distractor la Internet y las redes que todo lo pudren? En México, ya no tengo dudas, sí. 

Lo he escrito antes: ¿Qué hombres seríamos amputados de sentidos? ¿Seríamos como bestias, como animales? No lo sé. Sin sentidos (ojos, oídos, tacto, lengua, olfato) estaríamos condenados a la nada. A la soledad, a un infierno en vida. Dice Leonardo Boff que la soledad es el infierno. Fuimos diseñados para amar, para ofrecer solidaridad, ayuda desinteresada, cooperación al vecino. Al niño Aylan Kurdi, ahogado en una playa de Kos, Grecia, septiembre de 2015, de quien aquí le conté en su momento. Niño muerto, ahogado, diminuto y desvalido que fue retratado de manera lastimera sobre la arena y las aguas de la mar que vienen y van, lo lamían sin lastimarlo. Fotografía palpitante que le dio la vuelta al mundo y aquí nadie se conmovió. Y ahora, el niño Omran Daqneesh. Vivo aún. ¿Por cuánto tiempo?

Unicef advierte de que sólo en Siria y su región hay 8.4 millones de niños afectados por la guerra. Omran es uno de los 3.7 millones de infantes sirios nacidos tras el inicio de la guerra civil en 2011. No ha conocido juegos, dulces ni reposo. Las violaciones contra los niños que se quedan en su territorio son constantes. Unicef dice que en 2015 se produjeron  más de mil 500 agresiones directas y graves en contra de niños (El País, 18 de agosto de 2016). Camino a la escuela (cuando la hay), estallan explosivos asesinando y mutilando a los infantes. Sin contar a los niños-soldado que abrazan desde temprana edad la milicia o la rebeldía (todos menores a 15 años).

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Al momento de redactar estas notas, una vez más se discute un cese al fuego entre las potencias de Rusia y EU. Cese al fuego que cuando mucho es de 24 horas.