Yo ni desayuno pero lo invité a desayunar porque así me lo pidió y durante las más de dos horas que estuvimos platicando, casi ni probé el delicioso -al menos así se veía- machacado con huevo que pedí, sin cebolla, igual que él también lo hizo.

Apenas terminamos la sobremesa, corrí al carro y me quedé más de media hora anotando todo lo que recordaba de lo que fue una muy interesante conversación.

Acostumbro tomar notas de mis entrevistas o cuando alguien me llama para pasarme un tip y responde a mis preguntas.

Nunca grabo, porque como ya les había contado, hago esto a la usanza de los años en que uno de los más grandes patriarcas del periodismo me educó en la materia.

En aquellos años pensaba que así era la cosa nomás en México pero cuando junto a mi amigo Agustín Gutiérrez Canet hice mis prácticas de periodismo en el Washington Post, una vez que acompañé a Bob Woodward y a Carl Bernstein -sí, los periodistas que descubrieron el escándalo del Watergate que le costó la presidencia a Richard Nixon en agosto de 1974- me di cuenta de que los dos tomaban apuntes y no grababan a quienes entrevistaban.

Desde entonces, esporádicamente les hablaba por teléfono o les escribía y en cada contacto actualizaba sus números.

Hace buen tiempo que no sé de ellos porque, convertidos en celebridades tras haber sido “la causa” de la caída de un presidente gringo tan poderoso como lo fue Nixon, después de haber seguido en el Post unos cuantos años más, cada uno siguió su camino dando conferencias por todo el mundo y escribiendo libros, uno de los cuales -se los recomiendo- se llama “All the president’s men” y fue hecho película con Dustin Hoffman personificando a Bernstein, y Robert Redford como Woodward.

Vean ustedes hasta donde llevo la digresión de lo que quería contarles desde el principio, pero traer a colación hoy a estos personajes del periodismo tiene su razón de ser, porque ayer supimos que la Cámara de Representantes de Estados Unidos votó por enjuiciar a Trump por el llamado “Ukraingate”.

Desde ahorita les auguro lo siguiente: No le van a hacer nada. Todo esto es un show mediático para los villamelones del oficio y para los ingenuos que apenas leen una noticia como ésta corren a divulgarla y a platicarla por todas partes, dando por hecho algo que no está ni medianamente consumado y si no me creen, vean las fotos de ayer cuando Trump se enteró del proceso votado en su contra.

No señor, el impeachment decretado contra Donald se va a topar con pared porque los republicanos dominan el voto final en el Senado y aunque no nos guste a muchos, el güero platino seguirá como presidente y les haré un segundo vaticinio: va a ser reelecto por otros cuatro años más. “De mí se van a acordar”, como decía mi abuela la financiera. Voy a guardar la liga de éste artículo para recordárselos cuando eso ocurra, dentro de corto tiempo.

Ahora sí, confieso que estoy en un dilema y les pido me ayuden a resolverlo: ¿Qué harían ustedes si en un desayuno que tuve el lunes con uno de los máximos líderes de la cúpula empresarial, es más, del mismísimo santo grial de la IP -al menos en su nomenclatura- dicho personaje comenzó la plática diciéndome que de lo que ahí hablaríamos era todo “off the record”, pero dos días después, en una conferencia a donde lo invitaron y ante 65 personas entre empresarios, políticos, periodistas camuflajeados y gente del regimiento civil, prácticamente repitió lo mismo que a mí me dijo?

No estuve en esa reunión a la que fui invitado, pero le pedí a un corresponsal de lujo 100% confiable, que me reportara lo que ahí se dijo y apenas recibí su informe y lo crucé como siempre lo hago con otras fuentes que ahí estuvieron, me di cuenta de que en efecto, el personaje de la IP con quien desayuné el lunes dijo lo mismo que a mí me platicó y en ningún momento advirtió a la audiencia que eso que decía era “off the record”.

Entonces ¿qué hago? ¿Escribo sobre los tópicos que tratamos en nuestro encuentro del lunes y que él repitió el miércoles?

En esta primera parte voy a dar algunos indicios de los temas que abordó en ambos eventos, pero lo voy a hacer en sentido figurativo para dar oportunidad a que mis tres lectores me hagan el favor de comunicarme si están a favor o en contra de que -con estos antecedentes- escriba lo que él me dijo que era “off the records” pero que en su reunión del miércoles no les advirtió a sus oyentes tal cosa.

Por lo pronto, va la fase figurativa:

El personaje de marras es un economista brillante, consentido -al menos hasta ahora- de familias empresariales de abolengo y que en vez de que él, representando a los empresarios de México, convenza al Presidente para que le baje tres rayitas a la confrontación que se trae contra todos a tres caídas sin límite de tiempo, por lo que le escuché, MALO terminó convenciéndolo a él.

¿Cómo? Abriéndole las puertas del Palacio Nacional, compartiéndole los reflectores de anuncios de papel sobre proyectos de infraestructura que muchos capitanes de industria dicen que no se van a concretar, y con la mentalidad pueblerina de que México no se va a endeudar más y eso es lo que mejor le ha ido a nuestro País desde que nos sacudimos la conquista de los españoles.

MALO tiene a este líder empresarial de su lado incondicionalmente. Mi invitado a desayunar dice que hay proyectos fantásticos; que lana hay, que nada más no invertimos porque no queremos.

Pero si se bajara de su proscenio y oyera a los pymes que están pegando de brincos por la incertidumbre fiscal, se sensibilizaría y aprovechando su derecho de picaporte con MALO, podría hacer mucho bien al País.

Por ahora no lo hará. No hay indicios de que lo vaya a hacer porque suena muy convencido de lo que el gobierno está haciendo ¿Hasta cuándo? hasta que su ídolo se derrumbe. Qué feas son las decepciones.

CAJÓN DE SASTRE

Tu estilo figurativo de decir las cosas da mucho en qué pensar pero te falló, porque apuntas hacia una sola persona. Espero que mañana, merced a la opinión de tus tres lectores -y yo soy una- te decidas a compartirnos lo que te dijo en el desayuno y que repitió en su conferencia del miércoles. Si mi voto cuenta, yo te digo que sueltes lo que traes”, dice la irreverente de mi Gaby y espero la opinión de mis otros dos lectores.

placido.garza@gmail.com