La información que nos da el internet, las redes sociales, la posibilidad de tener opciones a la hora de elegir, los escándalos de corrupción, la impunidad rampante, el estancamiento económico, las crisis recurrentes son todos factores que nos invitan a levantar la mano, la voz y el pensamiento y a participar más en la vida política y social del País. Tenemos plataformas para informarnos y expresarnos que antes no existían.

Si nos ponemos a leer periódicos, escuchar noticieros y revisar redes sociales, es relativamente fácil tener una idea del pulso del País y de su gente. Claro, hay campañas (que cuestan mucho dinero) que nos quieren hacer ver que estamos mejor de lo que en realidad estamos; nos bombardean con anuncios de logros y avances; nos dicen que el País se está moviendo y que vamos en rumbo de ser una potencia mundial. Hay los que arman campañas al revés. Nos dicen que todo está mal, que no tenemos remedio y que estamos al punto del abismo. Seguramente la verdad estará entre esos dos polos, pero es difícil tener datos duros, sobre todo ahora que organismos antes confiables (como el Inegi) empiezan a manipular bases de datos e índices para mostrar una foto más colorida de lo que le conviene al Gobierno en turno (como hicieron con los datos de crecimiento del PIB).

Los mexicanos somos fundamentalmente optimistas y orgullosos. No nos gusta decirle a nadie que no estamos bien. Hagan un experimento y pregúntenle a la gente que vean hoy “¿cómo estás?”, y la respuesta seguramente será “bien” o “muy bien”. Al mismo tiempo, los mexicanos también somos nostálgicos sobre nuestro pasado. Es relativamente fácil pensar que los tiempos pasados fueron mejores. Añoramos glorias pasadas, propias o de los nuestros. Sabemos que como país y a pesar de todo (desastres naturales, gobiernos corruptos, vivir a la sombra de Estados Unidos, pobreza que lastima), en promedio México ha avanzado, no a su potencial, pero avance al fin.

Por eso llaman la atención un par de estudios recientes que miden percepciones entre países. El PEW Research Center en Estados Unidos publicó los resultados de un estudio donde se compara la respuesta de ciudadanos de 38 países a la frase “La vida en nuestro país es (MEJOR/PEOR) de lo que era hace 50 años para alguien como yo”. De los 38 países, México ocupó el penúltimo lugar en la lista con un 68 por ciento diciendo que estamos peor, comparado con 72 por ciento de Venezuela. México y Venezuela también ocuparon los dos peores lugares en la lista de los que perciben que su país está mejor, con un 13 y 10 por ciento, respectivamente. El promedio de todos los países para peor fue de 38 por ciento y mejor de 43 por ciento. Vietnam estuvo del lado contrario de la lista con 88 por ciento diciendo que mejor (tal vez por la guerra); India, Corea del Sur, Japón y Alemania completan los primeros cinco con la percepción más favorable de mejora.

Al mismo tiempo, OurWorldinData.org publica los resultados de una encuesta de hace un par de años donde se le pregunta a los ciudadanos de distintos países “¿te consideras muy feliz, feliz, no muy feliz, muy infeliz?”. México aparece en los primeros lugares de felicidad con cerca del 94 por ciento diciendo muy feliz o feliz, casi al nivel de Suecia que tiene 95 por ciento y por encima del 91 por ciento de Estados Unidos, el 92 por ciento de Brasil y el 81 por ciento de India, que en la encuesta anterior era uno de los países con mejor percepción.

Así está México, en la búsqueda del sentimiento de logro, de haber mejorado respecto al pasado de una manera que coincida con nuestro deseo de estar verdaderamente felices. México es un país de extremos, con millones de pobres y muchas carencias y es difícil poder pintarlo con una misma brocha, pero análisis como éstos nos pueden ayudar a entender que existen diferencias marcadas entre percepciones y realidades, las cuales a veces están peleadas con nuestro optimismo y con los datos que en ocasiones carecen de confiabilidad.

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