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Los productos ‘ecológicos’ no son tan buenos para el medio ambiente como normalmente se cree (veremos la definición del concepto)

El pasado mes de noviembre de 2016, la cooperativa escandinava de productos lácteos Arla Foods, publicó un anuncio en un diario local del Reino Unido en el que promocionaba su leche ‘ecológica’ como excelente para el trato con los animales y adecuada para una producción sostenible”’.

Unos días después, un demandante anónimo denunció ante la autoridad que establece las normas publicitarias en Gran Bretaña (la ASA), que el contenido del anuncio de Arla, no era veraz. O sea que esa leche no era tan buena para el medio ambiente como decía el anuncio.

Semanas más tarde la ASA prohibió el anuncio alegando que el mensaje de Arla era “engañoso”.

En fin, lo que que dijo el organismo regulador de alimentos esque Arla  no había podido demostrar que su sistema de producción de leche fuese bueno para el ganado y para la sostenibilidad del medio ambiente.

Con ingresos anuales de 10 mil millones de dólares, Arla Foods no es una empresa cualquiera. De hecho, es el cuarto productor de leche a nivel mundial.

Más vacas y más metano

La verdad es que justificar la producción de leche ‘ecológica’  no es tan sencillo como uno se imagina. Los productores de leche, carne y huevos ecológicos alimentan a sus animales con granos y forrajes que no han sido tratados con agroquímicos. Tampoco le agregan antibióticos a los alimentos de la granja, y utilizan menos energía en la producción y transporte de sus productos.

Hasta aquí, las ventajas.

Ahora bien, las granjas ecológicas producen menos leche por vaca que las explotaciones ganaderas tradicionales. Por tanto, las granjas ecológicas necesitan más terreno y más vacas por cada litro de leche producido, en comparación con el sistema de producción ‘tradicional’.

Y según un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), “en las granjas ecológicas las emisiones de metano a la atmósfera son peores que las de las granjas tradicionales”. En fin, la creciente obsesión por los productos ecológicos ha despertado muchas dudas en los consumidores. Para que lo entienda, aquí tiene cuatro razones que probablemente desconocía sobre los llamados productos ‘orgánicos’ o ‘ecológicos’:

1. No está claro si son mejores para la salud

Muchos expertos dicen que el argumento de los supuestos beneficios de los productos ecológicos carece de fundamento.

De hecho, es motivo de discusión frecuente entre los nutricionistas y los productores.

La Agencia de Salud Pública Inglesa (PHE) del Departamento de Salud de Reino Unido asegura que “las evidencias científicas actuales” no admiten la idea de que la carne, las hortalizas y las frutas orgánicas sean más nutritivas que esos mismos productos obtenidos mediante el sistema tradicional (más adelante se aclara lo que es ‘orgánico’ y lo que es ‘tradicional’).

Sin embargo, investigadores de la británica Universidad de Newcastle aseguran que sus estudios sobre la comida orgánica los ha llevado a encontrar que ésta tiene mayor valor nutritivo, por ejemplo en lo que se refiere a los antioxidantes.

Pero sus críticos argumentan que más antioxidantes no es indicativo suficiente para afirmar que un alimento sea más nutritivo.

“Las evidencias científicas actuales no admiten la idea de que la carne, las hortalizas y las frutas orgánicas sean más nutritivas que el resto”, dice la Agencia de Salud Pública Inglesa (PHE).

2. Se requiere de más tiempo para manejar una explotación agrícola ecológica que una tradicional

Los ganaderos y agricultores interesados en la producción ‘ecológica’ deben solicitar una ‘certificación oficial’ para poder vender sus productos como ‘orgánicos’. Y eso es algo que exige supervisión. Por tanto, se requiere más tiempo para cumplir con los estándares de la producción orgánica o ecológica.

3. Los productos orgánicos se venden menos que los tradicionales

En el Reino Unido, los productos ecológicos sólo representan el 1.4% del consumo de alimentos y bebidas, según el Sindicato Nacional de Agricultores británicos.

De hecho, en la mayoría de los países de la Unión Europea el porcentaje de ventas de productos ecológicos es inferior al 5% del total de alimentos.

4. Los productos ecológicos son más caros

En Estados Unidos la venta de productos ecológicos ascendió a 47 mil millones de dólares en 2016, según la Asociación de Comercio Orgánico (OTA, por sus siglas en inglés).

Aunque los productos orgánicos y ecológicos constituyen un mercado a la alza, los precios son mayores con respecto a los de alimentos y bebidas sin esta certificación.

Las definiciones

Se denomina alimento ‘orgánico’ al producto agrícola o pecuario que se obtiene bajo un conjunto de normas y procedimientos especiales que por lo general exigen el uso de químicos, como pesticidas, herbicidas y fertilizantes artificiales.

El movimiento de ‘agricultura orgánica’ surgió a finales wlsada por la llamada ‘Revolución Verde’, apoyada en el uso de maquinarias y de agroquímicos (que ahora se considera la producción ‘tradicional’). 

Actualmente la agricultura ‘orgánica’ es una industria fuertemente regulada, que en países como Japón, Canadá y la Unión Europea requiere certificaciones oficiales para poder comercializar sus productos.

En la Unión Europea las denominaciones ‘orgánico’, ‘ecológico’ y ‘biológico’, aplicadas a los productos agrícolas y ganaderos destinados a la alimentación humana, se consideran sinónimos, y su uso está protegido y regulado por las normas y reglamentos oficiales. 

Los prefijos ‘eco’ y ‘bio’, también caben dentro de la llamada producción ‘orgánica’. 

Cada país se ha acostumbrado a usar uno u otro término. Por ejemplo, en España está más extendido el uso de ‘ecológico’, en Portugal y Francia se usa más el término ‘biológico’, mientras que en el Reino Unido se utiliza más el término ‘orgánico’.

Los alimentos ecológicos suelen presentarse en empaques diferentes para atraer a los consumidores y para difundir cómo fueron producidos.

Los llamados alimentos ‘tradicionales’ son aquellos producidos según las prácticas agrícolas utilizadas durante la llamada Revolución Verde, que destacó entre  los años ’60 y 70s, y que se apoyó principalmente en el uso de fertilizantes, pesticidas y herbicidas, con los cuales se logró aumentar de manera significativa la producción de alimentos a nivel mundial.

Sin embargo, el uso de esas prácticas pronto llevó a disminuir la sustentabilidad de los sistemas de producción y a la presencia de residuos de sustancias químicas indeseables en los productos de consumo. 

Con información de BBC Mundo