Para los mexicanos y para los nacionales de múltiples países del mundo, la construcción de un coro de reprobación cada vez mayor implica toda la diferencia

Cada año la ceremonia de entrega de los Premios Oscar concita la atención del mundo occidental porque se trata, sin duda alguna, del evento más importante de la industria fílmica del planeta. La edición 2017 del Premio no fue la excepción.

Pero, más allá de si las producciones a las cuales decidimos personalmente apoyar terminaron ganando una o varias estatuillas –y, sin duda, mucho más allá del bochornoso momento que implicó el otorgamiento erróneo del Premio a Mejor Película–, la ceremonia de entrega de los Oscar de anoche quedará grabada en nuestras memorias por el mensaje unificado que enviaron quienes en ella participaron.

El mensaje de inclusión y de celebración de la diversidad como una fuente de riqueza colectiva llega en un momento importante: en el momento en el cual la xenofobia y la discriminación amenazan con transformase en políticas públicas en los Estados Unidos.

La voz de quienes tienen la capacidad de multiplicar su voz se escuchó fuerte desde el Teatro Dolby, en la Ciudad de Los Ángeles, y dejó claro que frente a la amenaza segregacionista existe el ánimo de una comunidad multirracial de defender y proteger sus derechos.

No es poco lo que está en juego: se trata de mantener en pie instituciones públicas cuya construcción ha costado mucho esfuerzo y que han requerido la tenacidad de múltiples generaciones para consolidarse.

Por ello, que la comunidad artística de una poderosa industria, como lo es el cine, se pronuncie de forma unánime constituye un motivo para ver con aliento el futuro y convoca a participar en las diversas formas en las cuales puede apoyarse dicho esfuerzo desde nuestras personales trincheras.

No bastará, desde luego, que se haya lanzado un mensaje claro anoche, o que el conductor principal de la ceremonia, Jimmy Kimmel, haya llegado al extremo de dirigirle un tuit al presidente Donald Trump en un claro ejercicio de mofa hacia él y sus políticas.

Independientemente de si el Mandatario estadounidense decide contestar o no, de forma directa, a las múltiples provocaciones dominicales de la industria holliwoodense, seguramente no abandonará ninguno de los proyectos con los cuales ha decidido cumplir sus promesas de campaña: deportaciones masivas, cierre de las fronteras estadounidenses a la inmigración, construcción de un muro en la frontera con México…

Lo importante, sin embargo, es que el coro se va haciendo fuerte; que las voces siguen sumándose y que del lado de la condena alinea una mayoría cada vez más contundente.

Para los mexicanos y para los nacionales de múltiples países del mundo, la construcción de un coro de reprobación cada vez mayor implica toda la diferencia. Por ello, hay que agradecer a la industria cinematográfica por el contundente mensaje enviado anoche desde la ceremonia de entrega de los Oscar.