¿Así cómo, mi estimada 4T. The Rise of the Septuagenarian? La verdad nos ponen muy difícil otorgarles la credibilidad que nos solicitan como salto de fe de cada día

Si hay algo difícil de cultivar –además de la manzana con este clima tan loco–, es la credibilidad. Si no, ahí está la dichosa Academia, que por primera vez en muchos años no perdió puntos de rating y, en vez de volver a tener la audiencia más baja de su historia, tuvo la segunda peor jamás registrada.

En credibilidad, por supuesto, sí continuó en picada y no por haberle negado el Oscar en la máxima categoría a “Roma”, que era ya a esas alturas mero trámite y créame, luego de recibir el reconocimiento de academias de mayor seriedad, Alfonso  Cuarón y su filme no pierden absolutamente nada, a diferencia de la AMPAS –la Academia por sus siglas en inglés– que por buscar complacer a cada segmento étnico, político y demográfico, acaba haciendo tremendos y muy pachones plantígrados.

Todavía se lo hubieran dado a una cinta medianamente interesante, pero no. “Roma” no figurará a posteridad como película del año, en cambio sí una “feel good movie”, es decir, un melodrama edulcorado, hípercomplaciente que reduce el problema de la segregación racial a una bella anécdota de “happy ending”. “The Green Book” intenta ser reivindicadora y termina siendo insultante para la historia afroamericana de los Estados Unidos.

No por nada el legendario realizador, Spike Lee les dio la espalda y se marchó en cuanto anunciaron a “los ganadores” de la noche, pues la mejor película del 2019 es una que se toma muy a la ligera la grave causa a la que él ha consagrado toda su vida, obra y carrera.

A las pocas horas, Los Angeles Times publicó un extenso artículo en el que señala que “The Green Book” es la peor Mejor Película desde “Crash”, premiada en el 2005 y que, se lo digo en serio, aún provoca urticaria.

Siendo la del Oscar una historia de reiteradas injusticias que sólo el tiempo pone en incontestable evidencia, la Academia se las ve como “Black Panther” –bien prietas– para reclamar ese raro valor agregado al que únicamente podemos aspirar a través de la constancia en hacer y decir lo que es correcto: la credibilidad.

Y así como la vetusta Academia, la naciente 4T lucha por preservar el voto de confianza que le otorgó la histórica votación que la llevó al poder, cosa que por supuesto no es fácil ya que la campaña es sólo un escenario hipotético en el que el candidato tiene facultades ilimitadas para resolver todos los problemas de una nación, es la potencia mientras que la Presidencia es el acto, es decir, la realidad pura y dura.

Fueron las notas de la semana pasada algunas muy desafortunadas contrataciones por parte de la 4T para desempeñar diversos puestos en el servicio público, concretamente, en el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

Primero, El Universal nos dio a conocer que el subdirector de la Coordinación de Comunicación de este H. Consejo, no contaba con un título universitario, a lo que yo y muchos comunicólogos exclamamos: “¡Penalty, árbitro!”, porque así sea para vender calzado de Andrea o manejar un Uber, pero muchos mexicanos sí nos recibimos en esta fascinante carrera de la Comunicación.

En esas estaba el País –y en lo de Yalitza, claro– cuando nos enteramos de las credenciales de la subdirectora de la Comisión Intersecretarial de Biodiversidad de los Organismos Genéticamente Diseñados del mentado Conacyt.

Por el puro nombre del cargo, uno piensa que se necesitan dos postgrados para desempeñarlo, uno en Biología Genética y otro más en lingüística y creación de siglas y acrónimos para hacerle un nombre abreviado a esa rimbombante monstruosidad de puesto.

Pero no, la hoy exsubdirectora de la Comisión Intersecretarial de Biodiversidad de los Organismos Genéticamente Diseñados del mentado Conacyt, Edith Arrieta Meza –que no es albur, “arriétame esa”– sí tiene una licenciatura… en diseño de modas.

Ya mejor le ahorro las argumentaciones que en su momento se dieron para justificar la inclusión de sendos perfiles en dichas subsecretarías de este organismo de carácter eminentemente científico.

¿Pero así cómo, mi estimada 4T. The Rise of the Septuagenarian? La verdad nos ponen muy difícil otorgarles la credibilidad que nos solicitan como salto de fe de cada día.

Y sabe qué, ni siquiera lo digo por estos dos chamacones recortados de la científica nómina del Conacyt, sino de la peor inclusión de la 4T desde Dino-Manuel Bartlett. Una que sí los exhibió muy verdes, o de plano ya muy pasados y una que por cierto nos atañe a todos los coahuilenses. Quizás usted ya sabe a quién me refiero. Pero en todo caso no se comentó en medios nacionales con la misma persistencia que el Conacyt-Gate.

Si usted ya sabe de quién hablo, no le eche a perder la sorpresa a los demás, que el jueves lo comentamos y es que por hoy, con eso del Oscar y “Roma” y “Yali”, pues ya me quedé sin espacio. Pero el jueves aquí los quiero temprano.

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