Hace unos meses recibí el libro “Lengua de Plata” del maestro Alejandro Pérez Cervantes. Profesor investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC) en la Escuela de Artes Plásticas. En este texto nos presenta los elementos biográficos del poeta saltillense Otilio González. En mi caso lo primero que me enteré es que en Saltillo hay una calle que lleva su nombre. Me pregunté quién era él, nunca me imaginé que fuera un poeta, ni mucho menos que había tenido una participación política al lado del general Francisco Serrano, que se atrevió a disputarle la candidatura presidencial a Álvaro Obregón. Luego entre una colección de libros de la UAdeC, me topé con un libro de poesía, era de Otilio González. Así me enteré que era poeta. Busqué algunos otros datos más del poeta y no tuve suerte. Ahora ha sido un placer encontrar que en la novela “Lengua de Plata”, Alejandro Pérez nos adentra de manera amena, en la vida de este gran escritor coahuilense, con una bien soportada investigación histórica, nos narra diferentes etapas de Otilio.

Otilio, nos dice Alejandro, había publicado su primer libro a los 24 –en 1919–, dos años después de promulgada la Constitución Mexicana, el mismo año de la muerte de Zapata en Chinameca, y en el que López Velarde diera a conocer su libro “Zozobra”, para muchos su obra cumbre. Y agrega, Otilio nació en el antiguo barrio de El Ojo de Agua, que desde los tiempos de la fundación de Saltillo, por parte de los soldados españoles y portugueses, fue nombrado así por sus afluentes submarinas que formaban en la superficie de su suelo pequeñas fuentes, “ojos” de agua. Miembro de una familia conformada por sus padres: don Francisco González y doña Concepción Morales, su hermano mayor Enrique, su pequeño hermano Héctor –quien en años futuros editara sus libros póstumos– su hermana Gudelia, además de Xavier, Lupita y Mario, desplegaría en sus libros siempre la evocación de la tierra natal, sus campos, sus animales, sus aguas y gentes, y particularmente esa atmósfera esquiva de la primera infancia.

Nos cuenta Pérez Cervantes que el general Francisco Serrano creció a la sombra del caudillo, de Álvaro Obregón Salido. El 3 de octubre de 1927, ya renunciado como militar, Serrano se vistió de civil, con un saco y chaleco café, en su cabeza un sombrero fedora. Con 13 de sus seguidores se dirigió a su rancho en Cuernavaca, “la Chicharra”, con la intención de festejar su cumpleaños, que sería al día siguiente, sin percibir que ese sería su último día. En este festejo lo acompañó el orador oficial de su campaña, un joven abogado proveniente de Saltillo llamado Otilio González Morales, al que muchos de sus amigos, apodaban por su celebrada arte retórica como “Lengua de Plata”. El cuerpo de Otilio fue enterrado y su familia en Saltillo, notificada hasta algunos días después, mediante un telegrama.

Sin embargo también le llegó la hora a Obregón, a pocos días de ser elegido presidente, un joven dibujante, mientras fingía hacerle un retrato, le disparó a quemarropa. José de León Toral accionó a bocajarro la pistola que mató al presidente electo el 17 de julio de 1927.

El abogado Hildebrando Siller, nos cuenta, a través del estudio de Federico Leonardo Náñez “El Nibelungo”, que desde muy joven Otilio González se vio atrapado por la fuerza y la vorágine del último modernismo. Pero, ¿cuál es el ritmo secreto en la vida y la voz del poeta Otilio González? ¿Quién es él? ¿Por qué un oscuro poeta de provincia converge en la matanza que se vuelve origen y símbolo del actual estado mexicano? ¿Cuál era su ritmo indefinible? Ese que puso la vida de un poeta modernista bajo las patas de los caballos.

Las lecturas de autores como Machado, Tagore, Othón, pero sobre todo Velarde, fueron impulsando al saltillense hacia una exploración de las formas clásicas. Desde la crítica literaria, el análisis histórico, el periodismo, la crónica o la novela, de manera tangencial o directa, varios autores nos han hablado de la vida o la obra de este joven poeta modernista asesinado por motivos políticos a los 31 años. Alejandro Pérez reconociendo que no podemos responder la pregunta sobre quién fue el poeta. Nos deja las siguientes preguntas: ¿Quién mató a Otilio González? ¿Lo mató su terquedad, su pasión, su idealismo? ¿Cuál sería la palabra última del poeta?

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