De septiembre a noviembre de 2012, diputados federales de derecha realizaron una cruzada nacional en favor de la reforma laboral que enviaría Felipe Calderón al Poder Legislativo. Como precondición de las “reformas estructurales” –sobre todo la energética-, la reforma a la Ley Federal del Trabajo (aprobada el 13 de noviembre de 2012) fue un acuerdo político PRI-PAN con el poder económico, para evitar el desprestigio social de Enrique Peña Nieto al inicio de su sexenio.

Con la contratación flexible –entre otras modificaciones- se prometió más empleo formal, salarios dignos, aumento en recaudación fiscal y aportaciones a seguridad social, incremento de la productividad nacional, lo que no se reflejó en la realidad.

De 2013 a 2018 la informalidad laboral sólo se redujo de 56.5 a 53%, pero los resquicios de la ley permitieron abusos en la contratación, que afectaron la seguridad laboral y el bienestar de las familias mexicanas.

La subcontratación –outsourcing- por parte de agencias colocadoras implica menos costos salariales y de seguridad social, así se evita el reparto de utilidades, ya que la empresa subcontratante reporta utilidades nulas.

Según la Secretaría del Trabajo, del 2013 al 2019, las y los trabajadores subcontratados pasaron de 1.3 a 6.1 millones (17% del empleo formal), de los cuales más de 50% laboran en grandes empresas –de 250 trabajadores o más-.

La simulación es burda. Según la misma dependencia federal, en diciembre de 2018 se despidieron a 378 mil 560 trabajadores para no pagar aguinaldos ni generar antigüedad, recontratándolos en febrero del siguiente año; la cifra de diciembre de 2019 aumentó a 382 mil 210 trabajadores. En algunas empresas de servicios turísticos, 98% del personal es subcontratado. Otro ejemplo son las excesivamente precarias condiciones laborales de quienes entregan servicios a domicilio, más aún con la pandemia.

La agencia intermediaria subcontrata y liquida trabajadores en pocos meses, aparte registra con un salario mínimo, para aportar menos al IMSS e INFONAVIT, dejando a la empresa el pago de alguna compensación o “premio”. El abuso reduce costos de liquidación e indemnización, evita reparto de utilidades, disminuye la antigüedad y genera inestabilidad laboral.

Así, se abarata artificialmente el costo de mano de obra. Cifras del INEGI indican que de 2010 a 2019 las personas que obtuvieron hasta un salario mínimo (sm) se incrementaron de 6.07 millones a 10.88 millones; quienes obtuvieron de 1 a 2 sm pasaron de 10.69 a 17.45 millones; de 2 a 3 sm sólo creció en 19 mil personas, de 9.76 a 9.95 millones; contrariamente, de 3 a 5 sm se redujeron de 7.84 a 4.64 -3.2 millones menos-; y de 5 sm en adelante se redujeron de 4 a 1.84 millones, esto es 2.16 millones de trabajadores menos. Cruda realidad laboral y social provocada por el neoliberalismo a partir del 2013.

El 9 de diciembre pasado el gobierno federal envió al legislativo una propuesta de ley para modificar y armonizar la Ley Federal del Trabajo, el Código Fiscal, las leyes del IMSS e INFONAVIT, así como del ISR e IVA. Lo anterior para regular la subcontratación, los servicios y obras especializadas y a las mismas agencias de colocación.

En la propuesta de ley sí se permite subcontratación en actividades que no son propias de la vocación económica de la empresa, como servicios y obras especializadas –con la autorización de la STPS y con padrón público-; pueden operar agencias de colocación para reclutamiento, selección y capacitación, pero éstas intermediarias no serán patrones; asimismo no se podrán deducir impuestos por actividad laboral. El incumplimiento se considerará delito de defraudación fiscal, además de imposición de multas.

Al outsourcing le llegó la hora. Esta iniciativa de ley era un asunto pendiente de la Cuarta Transformación. Líderes empresariales molestos afirmaron que “se rompieron acuerdos”, asimismo partidos políticos de derecha, comunicadores “todólogos” e intelectuales orgánicos criticaron severamente la iniciativa. Son intereses económicos de clase y cada quien se ubica en su justa dimensión histórica.