“Estimado derechohabiente: para su atención en urgencias primero pasar a TRIAGE”, así puede leerse en el letrero de la sala de espera de urgencias, que más que de espera es una sala de paciencia, donde se atiende a los pacientes en los dos sentidos de la palabra: por la actitud que lleva al ser humano a soportar contratiempos y obstáculos para conseguir algo bien (en este caso que los atiendan); y por el que proviene del latín pati, (sufrir) que en participio es patiens y que el castellano introdujo como paciente para describir en los hospitales “al que sufre”.

En esta sala de paciencia todo parece marchar normal para los pacientes: ellos saben que deben pasar al módulo donde serán valorados y, según la gravedad del caso (que responde a un sistema de colores), será el tiempo de espera para que los pasen a urgencias.

Ya en la sala de urgencias, que es como otra de paciencia con la única diferencia de que en esta sala hay 3 camillas similares, 3 casi a ras del suelo y muchas sillas que fungen como si fueran un camastro, la señora Tere acompaña a su padre que trae “bajo” el azúcar. Dice que lo atendieron a tiempo (media hora), que llegó en la mañana y que media hora después ya estaba en urgencias. Se veían tranquilos a pesar de que eran ya las tres de la tarde y esperaban los resultados de sangre. El padre se notaba muy cansado; esperaba sentado en una silla de metal a que terminara de pasar el suero intravenoso, lo mismo que el chico de al lado, solo que él había llegado por parálisis facial.

La señora Tere dice que los trataron bien y tal vez por eso no haya quejas. La buena labor de los enfermeros, camilleros, químicos y doctores hace que los pacientes se olviden o se acostumbren a lo deprimente de las instalaciones y que tengan que ser atendidos sentados.


Las únicas quejas frecuentes son por el desabasto de medicinas. La señora Tere lo atribuye a los huachicoleros de medicinas y probablemente sea una de tantas causas. Esta situación, entre otras cosas, ha derivado en que el presidente de la república catalogue nuestro sistema de salud como podrido en corrupción y tome medidas como la austeridad republicana, sin saber o considerar que también se puede ser un corrupto  austero.

Resulta irónico que quiera desbaratar nuestro actual sistema de salud,progresista y  funcional, aunque no perfecto, calificándolo de neoliberal. Cuando hacemos el recuento del avance, estas son las fechas: en 1943 se funda el pilar de nuestra seguridad social (el IMSS); el mismo año pero en octubre, se crea la Secretaría de Salubridad y Asistencia (primera vez en la historia de México en que hay una secretaría de estado dedicada de manera exclusiva y especializada a la salud). Después, en los 60´s, se funda el ISSTE; el 30 abril el Instituto Nacional de Salud, mediante la creación del Hospital Infantil de México, poco después el de Cardiología y Nutrición (institutos de altísima calidad, de vanguardia).

En 1983 hay una gran reforma legislativa, un cambio estructural que incluye en la Constitución el derecho a la protección de la salud en el artículo 4. En 1984 se promulga la Ley General de Salud. En 2003 el congreso aprueba una reforma a la Ley General de Salud, cuyo brazo operativo es el Seguro Popular. De esta manera se fue dando la descentralización de la salud, misma que López Obrador esta ahora revirtiendo, empezando con desbaratar lo más reciente, el Seguro Popular y asignar a la SHCP la compra de medicinas y  seguirá probablemente  una reforma constitucional.
 

No sé de qué manera podríamos aspirar en materia de salud a ser países como Canadá, Inglaterra o Dinamarca, donde la gente no empobrece por atender su salud, y en donde no existen monopolios en ese sector. Estos países tienen flexibilidad para que los gobiernos locales inviertan el fondo para la salud acorde a sus necesidades y prioridades. Además Dinamarca recauda 46% de impuestos en relación con su PIB y destina 11% de dicho PIB en salud. Los gobiernos que centralizan y asumen toda la gama de prestación de servicios son sistemas muy defectuosos, como el de Cuba, que se esgrimen como servicios gratuitos pero que se pagan con los impuestos de todos (no hay nada gratis). No todo gasto es defectuoso ni todo ahorro es un acierto, y para la salud se necesitan recursos. La austeridad debe tener un límite y este no puede ser otro que el de atentar contra la salud. Mas que pacientes muy pacientes, López Obrador necesita congruencia y análisis. No todo puede ser guiado por la ideología, porque cuando hay recortes en la salud se pierde la vida.

 

http://www.oecd.org/centrodemexico/medios/Gasto%20P%C3%BAblico%20Social%20OCDE.pdf

https://www.oecd.org/mexico/Health-at-a-Glance-2017-Key-Findings-MEXICO-in-Spanish.pdf