Ni cuando los dinosaurios dominaron la Tierra; ni ahora, en pleno siglo 21, que el Homo sapiens parece ser el rey de la creación, ha habido quien frene a virus y bacterias

Nuevamente, como ya ha sucedido en diversas fechas y por distintos lugares del mundo a lo largo de la historia humana, esta semana en el sector salud se encendieron alertas médicas. Nada más, pero nada menos.

China, la nación donde apareció el coronavirus -ya reportó 54 fallecimientos y mil 700 infectados- en una ciudad donde las autoridades locales se tardan en informar.

Por si fuera poco, este fin de semana, funcionarios de Salud chinos revelaron la muerte del primer médico a causa del Coronavirus en la ciudad de Wuhan. Se trata de Liang Wudong, médico de 62 años de un hospital de esa ciudad, centro del brote de la enfermedad. Esa es una excelente muestra del riesgo que entraña el operativo y el sacrificio de aquellos que lo ejecutan.

El doctor Wudong y el resto de médicos, enfermeras y empleados de la ciudad de 11 millones de habitantes, fueron bautizado como baishe tianshi: ángeles blancos. Los trajes de plástico cubren de cabeza a pies a los esforzados trabajadores de la salud.

Pero las cifras se han duplicado y también hay alertas en países vecinos, en Europa y Estados Unidos. En México se analizan los casos sospechosos de tener coronavirus. Es importante que las autoridades, si bien deben ser responsables y muy cuidadosas con el manejo informativo, deben también ser confiables con la población.

Se recuerda a un titular de Salud de Coahuila, allá por los años 80, que nunca reconoció un solo caso de cólera en el Estado, aún cuando ya todas las entidades del País los habían identificado.

Tan pronto entró al relevo en el Palacio Rosa el nuevo Gobernador, la titular de Salud (que no es médica) salió a informa a los coahuilenses cuál era la situación y qué acciones estaban tomando. Sin sobresaltos y con seriedad, tal como debía ser para una población madura.

El AH1N1 fue una potencial pandemia a la que el mundo debe a México un agradecimiento porque aquí se frenó su contagio, que podría haber sido de proporciones catastróficas. 

Ojalá que las lecciones aprendidas por la humanidad cuando de virus y bacterias se trata no se olviden ni aquí, ni en China.

Nuestra civilización cada vez depende más y más de la solidaridad y el trabajo de unos de otros.

Esmirna Barrera