El coronavirus nos tomó a todos por sorpresa. Un profesor universitario, además de investigador del Sistema Nacional de Investigadores, con un buen número de libros publicados, muy reconocido y respetado en su escuela, todavía se lamenta de la manera en que le indicaron que no podía permanecer en clase por ser parte de los profesores de más de sesenta años. Llegó uno de los directivos y le dijo, “maestro debe terminar su clase inmediatamente porque está expuesto a que lo contagien”. Solicitó un rato para terminar su clase y dejarles tareas a sus estudiantes. Le dijeron ya debe terminar, por la situación de la pandemia, usted es de los vulnerables. Dio rápidamente unas indicaciones y abandonó la escuela, porque el microorganismo ya lo estaba “asediando”. Así le pusieron el panorama. De esta forma arrancó la pandemia en marzo pasado. Con muchos temores, miedos y dudas.  

Sin duda para la mayoría de los maestros y los estudiantes, la experiencia del semestre pasado ha sido muy diferente a cualquier otra que hayan vivido en sus cursos escolares. Enfrentamos de golpe y porrazo, las clases virtuales. Ha sido en muchos casos en cierta forma traumático. Pues ha sido difícil adaptar nuestra forma interactiva al compartir el aprendizaje en línea.  Enseñar en línea no es ajustar las lecciones tradicionales a la audiencia del salón de clases virtualmente. Es totalmente diferente, la enseñanza en línea debe ser activa e interactiva; para que sea funcional, pertinente y de calidad, a la vez que el estudiante aprende diferentes procesos de aprendizaje, por sí solo.

Dar clases en línea, nos llevó a darnos cuenta que no podía ser igual que el modo   presencial. Además de reunirnos en una plataforma virtual, de cambiar nuestros grandes y hermosos pizarrones blancos por un software para compartir información, si aprovechamos, ésta situación, nos da la oportunidad de interactuar con cada estudiante de manera más personal, porque muchos estudiantes se conectan a diferentes horas para solicitar asesoría.

Muchos piensan que es más fácil las clases en línea que las presenciales, pero no hay que olvidar que casi todos los maestros y profesores del mundo provienen del pequeño grupo de personas a quienes les funcionó la educación tradicional, la del aprendizaje pasivo, por eso en cierta forma es más difícil adaptar el aprendizaje pasivo a un formato de enseñanza remota, porque las clases tradicionales se vuelven aun más pasivas en línea. Grabar las lecciones de la enseñanza presencial, si se decide tomar ese camino, requiere una práctica intensa y largas horas de trabajo, pero solo es extender lo presencial.

El problema pues, no son las clases virtuales, sino romper con el aprendizaje pasivo. Los estudiantes pueden escuchar conferencias, leer o mirar videos, pero carecen del involucramiento que da, por ejemplo, dibujar mapas conceptuales, formular preguntas, debatir con otros o dar explicaciones. Debido a que en general estamos enrolados en la enseñanza tradicional, los profesores no percibimos nuestras deficiencias. Dado que solo hemos practicado una forma de enseñar. La instrucción pasiva no solamente es menos efectiva, también abona a que la pasividad se vuelva una hábito fuera del salón de clases. En suma ahoga la iniciativa y la capacidad de acción de los estudiantes.

Por otra parte, el aprendizaje pasivo no es equitativo: su enfoque vertical y en un único sentido, asume que todos los estudiantes captaran por igual lo enseñado, pero solo algunos aprenden realmente. En el caso de los estudiantes que vienen de zonas marginadas, hay que proporcionarles la alternativa para actuar por su propia cuenta. El solo hecho de desarrollarse en situaciones de vulnerabilidad les coarta el futuro, si además la educación en la escuela es pasiva, eliminamos su capacidad de acción. Para el futuro del mundo, necesitamos que las personas aprendan a solucionar problemas, a que reconozcan los desafíos y que sepan que ellos pueden enfrentarlos.

¿Por qué aferrarnos a una situación de la enseñanza pasiva, cuando tenemos esta oportunidad única para mejorar y cambiar nuestros métodos de enseñanza? ¿Por qué ofrecer solo clases grabadas si podemos brindar un aprendizaje activo, basado en la investigación? El reto es que cada maestro y estudiante pueda hacer un cambio en su propio mundo.

@SalvadorHV

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