La contingencia sanitaria aceleró drásticamente la crisis económica mundial que se anunciaba desde hace años. En Estados Unidos el crecimiento económico se observaba en ascenso, pero no firme, con promedio de 2.2% de 2015 a 2019, magro crecimiento que en parte se debe a la política económica de intervención en el mercado, pero insuficiente para reducir el desempleo promedio de 4.46%

En los años señalados 15-19, en la zona Euro (19 países con moneda euro) el crecimiento promedio del Producto Interno Bruto fue de 1.9%, igualmente insuficiente para reducir 8.59% promedio de desempleo. Como potencia económica, en cinco años el crecimiento de China fue en promedio de 6.62% (cuando en años anteriores superaba el 8%) con tasa promedio de desempleo en 4.45%.

Del 2015 al 2018 el promedio de crecimiento del PIB en México fue 2%, cayendo a 0% en 2019 por ajustes en presupuesto público federal y redistribución de riqueza, con transferencias sociales a población vulnerable e incremento salarial de 8%, con más consumo de las familias y sin crecimiento importante del nivel de precios.

Nuestro país reiniciaría el crecimiento económico en este 2020, con más gasto público en infraestructura productiva -sobre todo en la Región Sureste-, incremento del ingreso agregado con programas sociales y 20% de aumento salarial (sin elevación inflacionaria), para que el próximo año, con la demanda agregada, se impulsara la inversión y el mercado interno. No será así, la pandemia lo impide.

Por el COVID-19, en un mundo globalizado, las economías enfrentan el desmantelamiento de cadenas productivas y transportación y la caída del turismo con sus efectos negativos, lo que augura recesión mundial, inclusive más aguda que en 2008.

Las perspectivas negativas para este año y sus preocupantes efectos se presentarán en todo el mundo, con un máximo de 1.5% de crecimiento y desempleo mundial en más de 13% (casi 210 millones de personas desocupadas); para nuestro país se prevé una caída drástica de -6% y desempleo posible de hasta 8%.

Aparte de las estrategias específicas de cada gobierno en sus respectivos países (con sus perspectivas ideológicas y su situación política interna, incluidas oposición y grupos de interés económico), para enfrentar la grave recesión que ya está en puerta, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional deberían ofrecer fondos especiales con tasa de interés cero, a efecto de que dichos recursos se ofrezcan en crédito tasa cero a micro, pequeñas y medianas empresas; asimismo, contener, mínimo hasta fin de año, el pago de intereses de los créditos vigentes de los países.

De igual manera, en cada país, los bancos comerciales nacionales y transnacionales deberían suspender temporalmente los pagos crediticios y reducir su tasa de interés, para “dar respiro” a empresas y gobiernos.

Respecto a política fiscal, es evidente que se deben otorgar créditos fiscales e incentivos para las empresas que mantengan su ocupación y, pasada la pandemia, que generen más empleos, cuidando que los grupos de poder económico no aprovechen más estas estrategias de apoyo, como ha sucedido en el pasado. Asimismo, apoyos directos a micro y pequeños empresarios.

En plena contingencia mundial las cuestionadas calificadoras internacionales Fitch Ratings, Moody’s y Standard and Poor’s, conservadores carentes de toda ética, alevosamente con “bombo y platillo”, anuncian sus supuestas evaluaciones, en extremo negativas, de gobiernos y empresas -sobre todo paraestatales-; los organismos financieros multinacionales les deben exigir evitar sus conjeturas pontificadoras con objetivos políticos, porque deterioran aún más la expectativa económica y complican la solución de la crisis.

En México es tiempo de definiciones históricas y, si una postura ética se debe exigir, la recesión económica deberá enfrentarse con perspectivas compartidas y coordinadas entre el Gobierno Federal, gobiernos estatales, iniciativa privada y organizaciones sociales, con estrategias efectivas y adhesión solidaria, pensando en el interés común, de ninguna manera con oportunismos políticos e intereses económicos. Que no sea “tiempo de zopilotes”.