Hay hombres que luchan un día y son buenos.

Hay otros que luchan un año y son mejores.

Hay quienes luchan por

muchos años y son muy buenos.

Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles.

Bertolt Brecht

Padre Pantoja… hasta siempre.

 

A inicios de este año el mundo se conmocionó con la urgente necesidad de enfrentar la pandemia y los sistemas de salud pública en muchos países no estaban preparados para una contingencia sanitaria de gran magnitud, aún con los avances científicos en materia de biotecnología e infraestructura médica.

Por su amplia movilidad social e internacional, Europa y Estados Unidos inmediatamente recibieron a miles de contagiados que se hicieron millones y miles de fallecidos y siguieron otros países, sobre todo de América Latina. La fatalidad debió enfrentarse de una u otra manera con los objetivos de que no se desbordaran hospitales y de salvar vidas.

En muchas naciones se hizo presente la solidaridad como una actitud humana de cooperación y empatía, así instituciones públicas, hospitales privados y organizaciones de la sociedad civil se apostaron a colaborar ampliamente; pero también aparecieron posiciones de oportunismo político y de crítica destructiva ante todo lo que se organiza y opera para enfrentar esta nueva realidad, inclusive en los ámbitos laboral y educativo, México es ejemplo de ello.

En el mundo entero la proyección económica todo se debió reestructurar con urgentes planes y presupuestos públicos y privados. El cierre obligado de actividades no esenciales desplomó la economía y se debió atender la trágica eventualidad desde distintas posiciones teóricas e ideológicas.

Más que la oferta, en nuestro país se decidió apoyar componentes de demanda agregada, el consumo sin suspender transferencias sociales (adultos mayores y becas estudiantiles) y créditos a la palabra a micro empresas formales e informales, además el gasto en infraestructura productiva en el sureste del país como la región más deprimida económicamente.

El consumo no se en la magnitud que se esperaba, inclusive a partir de junio inició una relativa recuperación. Además, exportaciones y remesas han apoyado una eventual recuperación económica: se espera que los envíos de los paisanos en el extranjero alcancen 39.5 mil millones de dólares (mmdd) y en la balanza comercial exportaciones-importaciones en noviembre se tuvo superávit de más de 3 mmdd.

Según INEGI, otros indicadores pueden apoyar la perspectiva positiva: tasa de interés en 4.25% que no aleja capitales; después de la caída, el precio de la mezcla mexicana de petróleo supera 40 dólares por barril; inflación en alrededor de 3.5% anual; de 1.12 millones empleos perdidos de marzo a julio, a noviembre se han recuperado 562 mil puestos de trabajo, aunque aún falta la pérdida estacional de diciembre; el PIB repuntó 12% en octubre y se espera que la caída anual sea alrededor de menos -9% y no menos -20%; operación del nuevo T-MEC, que contribuirá la recuperación paulatina; tipo de cambio en rango actual 19.80 a 20.80 pesos por dólar; incremento recaudatorio sin condonaciones fiscales; heredada deuda federal (12.9 billones de pesos) in crescendo por depreciación del peso en primeros meses del año, pero no por más ingresos del gobierno, aunque es previsible que se deba acudir a fondos especiales de  organismos financieros multinacionales.

Ante una situación complicada las decisiones de política económica serán fundamentales en el 2021; se espera un mínimo desempeño económico de 4% (similar en 2022), con inflación alrededor de 4%, tipo de cambio en la línea de 20 pesos por dólar e incremento paulatino del precio del petróleo.

Con el necesario confinamiento se enfrenta rebrote mundial de la pandemia, por eso sólo si se acatan las disposiciones sanitarias se abrirán progresivamente las actividades esenciales y no esenciales. En gran parte la recuperación de la economía depende de la población.