Las escuelas van a comenzar el ciclo escolar 2020-2021 en medio de la pandemia, se sabe que nada será como antes/Foto: Jessica Lewis
El derecho de los niños a la participación está siendo violado mientras se crean estrategias para la educación a distancia y las consecuencias de este error nos impactarán aún después de la pandemia

Aarón, disfrutaba un fin de semana largo durante el puente del 13 al 16 de marzo con sus papás, llegó el martes y no lo llevaron al kinder, ese día comenzaron unas vacaciones. 

No era como cuando ha ido a la playa, tenía muchas preguntas, ¿por qué ya no lo llevaban al parque a pasear a Beth (su pastor belga)?

Pasaron los días y su mamá le dijo que ya podría ver a la maestra Xóchitl y a sus amigos de la escuela, lo sentaron con una computadora y su maestra les reveló por fin lo que estaba pasando. Allá afuera hay coronavirus.

“Son unas bolitas que te infectan y te enferman”, explicó el pequeño de cinco años con un dibujo de su autoría.

“Por eso ya no voy a la escuela, ni al cine, ni a los columpios con Daniel (su mejor amigo) y el lunes voy a estar por línea”, dijo mientras demostraba cómo ya sabe poner la pantalla en “el canal de la maestra” él solo.

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¿Quiere tener clases por televisión? No. Pero al igual que a los más de 39 millones de niños mexicanos, nadie le ha preguntado.

Las escuelas van a comenzar el ciclo escolar 2020-2021 en medio de la pandemia, se sabe que nada será como antes; el gobierno, el sector privado y el sistema educativo mexicano se unieron para considerarlo todo, excepto la opinión de los niños.

No sería la primera vez que asuntos se deciden desde una perspectiva adultocéntrica, a pesar de que los niños, niñas y adolescentes (NNA) constituyen el 30.1 por ciento de la población.

La crisis sanitaria llegó de sorpresa, pero en materia de escolarización ya hubo cinco meses para reaccionar. 

“Lo lógico es que ya estemos preparados para ofrecer una estrategia más completa, más dinámica y tratar de disminuir los errores del pasado (ciclo)”, dijo Carlos Villalpando, especialista en Estudios Interdisciplinarios de Género por la Universidad Autónoma de Madrid y profesor de posgrado en la Universidad Pedagógica Nacional. 

Cuando se plantea inicialmente consultar a un menor sobre lo que le gustaría que pasara con su educación, la excusa es que “seguro dirían que no quieren estudiar y punto”.

“Pero ese `no´ es ya su propia voz y preguntar esperando que te digan lo que tú quieres, no es escucharlos a ellos, es escucharte a ti en ellos. El `no´, podría sentar bases para un diálogo ¿por qué esta opción no te gusta? ¿Qué podría mejorar?”, dijo Villalpando.

En el caso de Aarón, su `no´ es porque teme que eso signifique pasar más tiempo “haciendo puras tareas” o que sus papás le digan que no vea tanta televisión. 

“Aunque pues sí quiero más o menos, porque terminando ahí mismo le cambio al 5 a ver si está Spider-Man, además así ya vuelvo a ver a mi maestra y a todos”, consideró sin saber aún que en la TV no estará la maestra que él conoce y extraña.

Los niños claramente no van a resolver los problemas del mundo, dijo Villalpando, pero escucharlos crea las bases para un consenso.

Evidentemente no es momento de regresar al aula presencial, pero habría que planificar para aprender a distancia de una manera integral e inclusiva.

“La educación a distancia no se respetó, se convirtió en una colección de evidencias. Todo mundo estuvo apurado con recolectar fotografías, enviar pruebas de que trabajaron lo encargado”, señaló el también director de educación básica.

Las evidencias de tareas y trabajos forman parte del modelo de clases a distencia/Foto: Especial

Derecho a la educación, pero también a la educación de calidad

El uso de las Tecnologías de Información y Comunicación (TICS) es una cosa, pero el uso pedagógico es diferente. A los maestros los tuvieron en juntas, sí, pero más allá de coordinar plataformas de difusión y entregar planeación, habría que capacitarlos.

“Nadie se tomó el tiempo de proponerles (a los docentes), de manera oficial, algún curso diseñado para esta situación tan alarmante que fue la pandemia”, puntualizó Villalpando.

En México, fue más fácil romantizar a los maestros como héroes en la adversidad de aprender a prueba y error, que reconocer que la sobresaturación de actividades y la falta de capacitación para educar a distancia, son una combinación para el desastre.

“Pero es que, el componente humano de la educación es precisamente preocuparnos por el que no puede, el que no sabe, y hasta por el que no tiene”, expresó el experto. “Nosotros somos maestros por los que batallan para aprender, no por los que aprenden muy bien, a esos a veces les estorbamos”.

¿Por qué entonces no se diseñó también una manera de enseñar a quienes van a enseñar?

Los maestros han tenido que aprender a utilizar la tecnología para impartir sus clases/Foto: Especial

¿Qué se puede aprender de otros países?

En Chile, el Ministerio de Educación se oponía a frenar las clases presenciales aún entrada la Fase 3 (que es cuando los casos de COVID-19 no son rastreables). Los maestros tuvieron que organizarse para presionar al gobierno y pasarse a la educación a distancia.

Ahora la plataforma “Aprendo en Línea” aborda solo los conocimientos básicos, pero ha dado suficiente tiempo para resguardar a los niños en sus casas. Además el software educativo incluye capacitaciones para docentes.

En Uruguay, ya estaban preparados para la enseñanza online, ha declarado públicamente Emanuela Di Gropello, gerente del área de educación del Banco Mundial para Latinoamérica y el Caribe.

Desde el 2009, el presidente Tabaré Vázquez, ejecutó un proyecto llamado Plan Ceibal, que proveyó a todos los estudiantes de escuelas públicas con una laptop con conexión a internet.

Foto: Especial

El sector de niños que están ignorando aún más

De acuerdo con el titular de la SEP, Esteban Moctezuma Barragán, los contenidos de la programación para educación especial e inicial están destinados principalmente a tutores, madres y padres de familia de niños con discapacidad.

Aarón tiene un compañero con discapacidad auditiva, “habla con sus manos” y no siempre tiene conexión a internet, su maestra se esfuerza admirablemente para incluir a todos, incluso aprendió un poco de Lengua de Señas Mexicana, pero no se está transmitiendo toda la enseñanza a través de la pantalla.

En su clase también hay una niña a quien cuida su abuela y “a veces no puede, se le olvida apagar el micrófono y no le sabe picar”, ha notado el empático menor.

“Hay familias donde los niños tienen que trabajar, a lo mejor en marzo y abril no fue el caso, pero ahorita ya muchos papás perdieron el empleo. O está el niño conectado pero no hay un adulto que le apoye porque están sacando para sobrevivir”, puntualizó Villalpando.

De acuerdo con la Encuesta de Seguimiento de los Efectos del COVID-19 en el Bienestar de los Hogares Mexicanos (ENCOVID-19) - con datos de mayo de 2020 - más de 4.6 millones de personas en hogares con niños, niñas o adolescentes, reportaron estar desempleadas, porque fueron descansadas sin goce de sueldo o no podían salir a buscar trabajo.

La estrategia para la educación a distancia está dejando fuera a millones de niños/Foto: Especial

¿Qué derechos se están omitiendo?

La estrategia para la educación a distancia está dejando fuera a millones de niños.

El 48.5 por ciento de las familias mexicanas no tiene computadora o internet, según el informe “Impacto de la Pandemia del COVID-19 en los Derechos de la Infancia en México” elaborado por REDIM.

Y 1.4 millones de hogares todavía no cuentan con señal de televisión digital, de acuerdo con la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.

"Era mejor esperarnos a comenzar el ciclo escolar, postergarlo a septiembre u octubre, señaló Villalpando. "Porque si no hay un estudio que nos asegure o nos de datos de la cobertura que podemos tener en la educación en casa, lo que hacemos es mantener la brecha de desigualdad o la no inclusión de los niños en la escuela".

El derecho a jugar también está siendo pasado por alto/Foto: Especial

El derecho a jugar también está siendo pasado por alto, y según Villalpando el problema comienza en que no deberíamos asumir que mientras un niño está sentado y escuchando pasivamente está aprendiendo.

¿Cómo solucionar esa falla? Si bien, no habrá un momento delimitado para el juego dentro de la lección, hay que indicar que los niños tienen que jugar y valorar que así también van a aprender, incluso más que cuando solo están escuchando pasivamente.

“Los niños van a la escuela a ser felices”, destacó.

Las escuelas también tienen que dar libertad y alegría, y son los anhelos de los niños, aquello que nos diagnostica cómo mejor trabajar con ellos. Pero solo los vamos a conocer preguntándoles.
 

Las escuelas también tienen que dar libertad y alegría/Foto: Especial

Ivonne Valdés

Editora de los newsletters de CONTEXTO COVID-19Vive la Nueva Normalidad y Quédate en Casa, co-editora de MEMORIAL COVID-19, editora de la revista 360, colaboradora en las secciones de soft news en VANGUARDIA y editora en jefe de Círculo de Oro 2019.
Periodista multimedia y teóloga con especialidad en niños y familias con estudios en comunicación intercultural.
Siempre lista para conocer una nueva historia