Foto: Especial

Por: Ana Rodríguez Fischer


“Teníamos una maleta en la escalera, al lado de la puerta o al fondo del armario. Y aunque no la viésemos, sabíamos que siempre estaba ahí, lista para emprender la marcha”¿Qué hace que una novela montada sobre un resorte argumental bastante socorrido mantenga el interés de la lectura? Porque el esquema argumental de Nada que no sepas se articula a partir de un hecho nada atípico: el descubrimiento de una infidelidad conyugal, que lleva a la narradora a alejarse y viajar hasta el lugar de la felicidad donde transcurrió la infancia para, una vez allí, ir desvelando los secretos y misterios, las luces y las sombras que rodearon la vida de los padres y precipitaron algunas decisiones. Y sin embargo, pese a este inicio aparentemente previsible, Nada que no sepas atrae nuestra atención sin apenas ceder un ápice a lo largo de la lectura. La frase que abre la novela es sin duda un poderoso imán: “Yo vengo de un lugar de donde siempre había que irse”. Y también lo es la sugerente escena-recuerdo que enmarca el relato antes de que este se inicie propiamente: “Teníamos una maleta en la escalera, al lado de la puerta o al fondo del armario. Y aunque no la viésemos, sabíamos que siempre estaba ahí, lista para emprender la marcha”. Tómense estas líneas como muestra de un estilo depurado y conciso, de una escritura tan aguda como cristalina, que prescinde de ornamentos.

Nada que no Sepas

Autor: María Tena
Tusquets, 2018; 240 pp.