Foto: Especial/ Oh Kee-cheol vive en un semisótano mientras ahorra para comprar su casa propia.
En el banjiha de Oh Kee-cheol, básicamente no hay luz solar. La gente puede husmear en su departamento por las ventanas. Los adolescentes ocasionalmente fuman fuera o escupen al suelo

Aunque ‘Parasite’, la gran triunfadora de los Oscar es una obra de ficción, el departamento que retrata no lo es. Se llama banjiha y miles de personas viven en ellos en Seúl.

En el banjiha de Oh Kee-cheol, básicamente no hay luz solar. La gente puede husmear en su departamento por las ventanas. Los adolescentes ocasionalmente fuman fuera o escupen al suelo.

En el verano, sufre una humedad insoportable y batalla contra la rápida expansión del moho.

Su baño diminuto carece de lavamanos y se eleva a medio metro del piso. Su techo es tan bajo que tiene que pararse con las piernas abiertas para evitar golpearse la cabeza.

"Cuando me mudé por primera vez, me hacía moretones por los golpes en mi espinilla con el escalón y rasguños por estirar los brazos contra las paredes de concreto", cuenta Oh, de 31 años, un trabajador de la industria de la logística.

Pero ahora dice estar acostumbrado. "Sé dónde están todos los obstáculos y las luces". Parásitos, el éxito cinematográfico del director Bong Joon-ho, es una historia retorcida de lo que se tiee y de lo que no. La extrema disparidad entre las dos familias, los ricos Parks y los pobres Kims, se muestra a través de sus hogares. Uno es una mansión reluciente en las colinas que se levanta sobre Seúl y el otro, un semisótano sórdido.

Sin embargo, en el Seúl de verdad, los banjihas es donde miles de jóvenes terminan viviendo mientras trabajan duro y esperan un futuro mejor.

Los banjihas no son solo un capricho de la arquitectura de Seúl, sino un producto de la historia. Las raíces de estos pequeños espacios se remontan décadas atrás, hasta el conflicto entre Corea del Norte y Corea del Sur.

En 1968, los comandos norcoreanos entraron a Seúl en una misión para asesinar al presidente surcoreano Park Chung-hee. La misión no tuvo éxito, pero la tensión entre las dos Coreas se intensificó. Ese mismo año, Corea del Norte también atacó y capturó una nave espía de la Marina de EE. UU: el USS Pueblo.

 

 

Foto: Especial/ Desde la calle, se puede ver el interior del apartamento de Oh Kee-cheol a través de la ventana.
Foto: Especial/Oh Kee-cheol no puede estar completamente erguido en su baño.
Foto: Especial / En la abarrotada Seúl, los alquileres son bastante altos.

Agentes armados de Corea del Norte se infiltraron en Corea del Sur y hubo varios incidentes terroristas. Temiendo una escalada de tensiones, en 1970, el gobierno de Corea del Sur actualizó sus códigos de construcción, requiriendo que todos los edificios de apartamentos de baja altura recién construidos tuvieran sótanos que sirvieran como búnkeres en caso de emergencia nacional.

Al principio, alquilar esos espacios banjiha era ilegal. Pero durante la crisis de la vivienda de la década de los 80, cuando la capital se fue quedando sin espacio, el gobierno se vio obligado a legalizar como viviendas estos subterráneos.

En 2018, la ONU señaló que a pesar de ser la undécima economía más grande del mundo, la falta de viviendas asequibles en Corea del Sur era una barrera sustancial, especialmente para los jóvenes y las personas más pobres.

Para los menores de 35 años, la relación entre el alquiler y los ingresos económicos se ha mantenido en alrededor del 50% durante la última década.

Por lo tanto, los apartamentos en semisótanos se han convertido en una respuesta asequible a la rápidasubida de los precios de la vivienda. Los alquileres mensuales rondan los 540.000 wons surcoreanos (US$453), mientras que el salario mensual promedio de los veinteañeros es de dos millones de wons (US$ 1.679).

Estigma social

Aún así, algunos habitantes de banjihas luchan por superar el estigma social. Aunque no todos. "Sabes, en realidad estoy bien con mi departamento", dice Oh.

"Elegí este lugar para ahorrar dinero y estoy ahorrando mucho. Pero he notado que no puedo evitar que la gente se compadezca de mí". "En Corea del Sur, la gente piensa que es importante tener un buen auto o casa. Creo que los banjiha simbolizan la pobreza".

"Quizás es por eso que el lugar donde vivo define quién soy". A mitad de Parasite, mientras la pobre familia Kim se infiltra en las vidas de los Parks para tratar de hacer dinero con ellos, el Park más joven, Da-song nota un olor entre los Kims.

Cuando Kim Ki-taek, el padre, trata de deshacerse del olor, su hija le dice con frialdad: "Es el olor del sótano. El olor no desaparecerá a menos que salgamos de este lugar".

Park Young-jun, un fotógrafo de 26 años, vio Parasite poco después de mudarse a su banjiha. Sus razones iniciales para elegir un banjiha eran simples: asequibilidad y espacio.

Sin embargo, no pudo evitar ser consciente del olor después de ver la película. "No quería oler como la familia Kim", dice. Ese verano, prendió innumerables varitas de incienso y mantuvo su deshumidificador encendido la mayor parte del tiempo. De alguna manera, dice que la película lo motivó a arreglar su piso y decorarlo.

"No quería que la gente sintiera lástima de mí solo porque vivo un poco bajo tierra", explica. Park y su novia, Shim Min, hicieron un un vlog sobre el cambio de imagen de su banjiha.

Están muy contentos con el lugar, pero les tomó meses llegar a donde están ahora. "Cuando mis padres vieron el departamento por primera vez, se angustiaron. El inquilino anterior fumaba mucho y mi madre no podía con el olor", dice Park.

Al principio, Shim, una YouTuber de 24 años, no estuvo nada de acuerdo cuando Park decidió vivir en un banjiha. "Tenía una percepción muy negativa de los banjihas. No se veían seguros. Me recordaban a la zona oscura de la ciudad. Yo crecí en edificios altos de apartamentos toda mi vida, así que estaba preocupada por mi novio".

Pero sus videos de cómo remodelaron el departamento recibieron comentarios positivos de sus suscriptores. Algunos incluso envidian lo elegante que ha quedado.

"Amamos nuestra casa y estamos orgullosos del trabajo que hemos hecho aquí", dice Shim. Pero señala que eso no significa que quieran establecerse en un banjiha para siempre. "Vamos a mejorar". Oh también está ahorrando para comprar su casa propia. Al vivir en un semisótano, espera realizar su sueño mucho antes. "Lo único que lamento es que mi gata, April, no pueda disfrutar del sol a través de la ventana".

Con información de la BBC