Para que te crean, necesitas hacer mucho. Para que no, muy poco

Les platico: dando clases en el Tec de Monterrey y luego en la Universidad Regiomontana conocí a Andrés Meza.

Trabajaba yo entonces los que serían mis últimos meses en el periódico El Norte.

Siempre me llevé con madre con el Licenciado Alejandro Junco, el papá de quien hoy dirige a sus periódicos. Siempre le dije Licenciado y le hablé de usted, aun ahora lo sigo haciendo.

Siempre me llevé con madre con él, hasta que se dio cuenta de que en la noche, apenas mandaba a “Formación” la 1a Página de la Sección de la que era Editor, me iba en chinga a dar mis clases a los alumnos de la UR que estudiaban Comunicación  en lo que llamábamos “la nocturna”, porque esos chavos trabajaban de día y cuando salían de la chamba, estudiaban.

Esa estirpe de cabrones YA SE EXTINGUIÓ, y uso dicho apelativo como tributo, no como insulto.

Cuando terminaba mis clases a las 10 de la noche, ¿ustedes creen que me iba a mi casa a cenar y luego a dormir?

Ni madres: regresaba, otra vez en chinga, al periódico, a recibir a los reporteros a quienes mandaba a cubrir algún evento nocturno, les editaba sus notas, esperaba a que las fotos salieran del cuarto oscuro o llegaran los últimos cables de las agencias nacionales y mundiales, y me iba al 4o piso, donde estaban el Departamento de "Formación" y el larguirucho Mauro, y me divertía de lo lindo dándole el toque de turrón a las páginas de mi Sección.

LOS PARTOS DOBLES

Allá en las alturas cenaba lo que hubiera de lo que estuviera abierto a esas horas y después me bajaba hasta las entrañas del periódico a ver el fragor y el estrépito de las prensas Goss, dando a luz al ejemplar del día, y como también parían a las crías vespertinas de El Sol, pues eran partos dobles con un intervalo de unas ocho horas.

Me encantaba hacer eso. Los operadores de las prensas llegaron a verme como alguien de ellos y la gozaba como el padre que ve nacer a su hijo... y yo tenía "hijos" casi los 365 días del año...

Venía saliendo como a las 2 o 3 de la madrugada, porque en aquellos años el tiempo volaba a la velocidad de las Goss, y llegaba a mi casa con el periódico del día.

Y a la mañana siguiente, otra vez y así, hasta que una de esas noches que llegaba a darle a la Formación de mi sección, me estaba esperando el Licenciado Alejandro, y después de preguntarme y yo de responderle de dónde venía y que andaba haciendo, me dijo: “lo que le paguen por dar clases (él también me hablaba de usted a pesar de que aún tenía espinillas en mi feis de 20 años), se lo pago yo”.

Y como a mí me gustaba ser profesor de alumnos que eran de mi edad o más grandes y unos cuantos más chicos, le dije que no era cosa de lana, que era cosa de hacer lo que me gustaba y con lo cual me divertía diamadre.

Y como ahí se acabaron -por esa razón- mis años de mi primera etapa como periodista (ahora estoy viviendo mi 2a) no me tocó recibir en el periódico a Andrés Meza.

Él entró cuando recién yo me había salido, pero siendo mi alumno, supe lo que ese cabrón (otra vez, es un tributo, no un insulto) se traía entre manos.

Fue el primero en todo México en hacer una encuesta de opinión para medirle el agua a los camotes de las campañas políticas.

En muy poco tiempo se volvió EL Referente de lo que hoy se ha convertido en un pinche carnaval.

Hasta donde sé, Andrés se dedica ahora a la investigación y como -otra vez- el muy cabrón vive muy bien, ya se ocupa poco o nada o lo hace por entretenerse con las encuestas políticas.

Viene esta historia a colación para unir dos temas, el de mi querido Andrés y sus encuestas políticas, y mi paso por El Norte.

Y el pretexto fue la inverosímil dada a conocer en estos días por mi Alma Máter del periodismo, donde en menos de quince días, trepó a Samuel 24 puntos en las “preferencias” de los electores.

ALGO HAY RARO EN RARILANDIA

A mí se me hizo muy rara esa encuesta de El Norte. La anterior la liberó en la noche del 4 de Abril y la publicó al otro día.

La encuesta de ahora dice que la  levantó del 7 al 15 de Abril.

Es decir, la iniciaron a los dos días de haber publicado la anterior.

Esto nunca lo habían hecho y más cuando ellos mismos habían anunciado que lo harían con una frecuencia mensual y por consiguiente se esperaba para los primeros días de mayo.

Iniciar una encuesta mensual a los dos días de haber publicado la anterior. Pfff. Esto no se lo cree nadie. Antes de preguntarle a Andrés, me huele a encuesta inventada para favorecer a Samuel.

A lo mejor la hicieron al vapor y en el escritorio de alguien que jala en Washington 629 oriente, sin permiso de los jefes, algo que en las carreras cuarto de milla se dice "están tronando al cuaco", que traducido al español quiere decir que compraron al caballerango cuando el dueño del caballo ni cuenta se dio.

Podrían estar tratando de opacar las pruebas que relacionan a Samuel con el June.

Eso huele a algo más cuchareado que el menudo que les sirven a los crudos, los domingos en el Mercado Juárez.

Otro que se dedica a hacer encuestas me envío un whatsapp donde muy orondo me dice: “mira, El Norte copió mis resultados”.

Y le respondí: eso es totalmente inverosímil. Provoca incredibilidad que a su vez desemboca en incredulidad. A lo mejor el bato ese no fue capaz de descifrar el deliberado trabalenguas que le receté, pero lo hice adrede, a propósito, con premeditación, alevosía y ventaja y alguito de mala leche.

Y me faltó decirle, pero por aquí se lo digo, no te tapes con esa capa porque si ya estabas encuerado, el otro te está encuerando más y tú peor, por andar de presumido.

Confieso que eso de las encuestas no es lo mío, yo nomás huelo como buen perro callejero café que soy, y la dicha encuesta me huele tan mal que ni un reparo le tiro.

Lo bueno es que el próximo viernes voy a comer a la casa de Andrés. Como es un chef categoría Guía Michelin, a ver si al fragor de las delicias culinarias no se me olvida preguntarle sobre este tema de las cuchareadas.

Es que si alguien le sabe a eso en México y aldeas que lo circundan, pues es él, ¿quién más?

CAJÓN DE SASTRE

“Inviten, no sean cabrones”, dice la irreverente de mi Gaby.