La pérdida de los 63 mineros que murieron a causa de la explosión de la mina Pasta de Conchos constituye un estigma en la historia moderna de nuestra entidad y de nuestro País. Y lo sería incluso si no existiera la sospecha de que la tragedia pudo evitarse desarrollando adecuadamente las tareas de prevención que una explotación carbonífera demanda.

Las circunstancias que rodean a la tragedia, sin embargo, hacen de este episodio uno especialmente agraviante para las familias de los mineros muertos, en particular, y para la sociedad entera.

Que en el ambiente siga flotando la sospecha de que los restos de los mineros muertos podrían ser rescatado —o habrían podido rescatarse—, pero no se han realizado todos los esfuerzos materialmente posibles para ello, representa la peor de todas las secuelas posibles de este incidente.

Y es que para las familias de los mineros muertos es válido que, en tanto no les entreguen sus despojos, se les considere desaparecidos. Como válido es que demanden la realización de un esfuerzo serio para rescatar los restos de sus seres queridos.

Como se ha dicho en ocasiones anteriores, frente a los reclamos válidos de los deudos puede que una respuesta válida sea la imposibilidad material de cumplir sus expectativas, pero para que tal respuesta sea aceptable requiere presentarse con la seriedad y con las condiciones debidas.

A estas alturas de la historia es probable que no exista oportunidad de presentar a los deudos una explicación —basada en evidencia científica— que sea capaz de convencerles de la imposibilidad de rescatar los cuerpos.

La razón de tal circunstancia es tan simple como trágica: la forma en la que inicialmente se actuó, y la reiteración de un estilo opaco de investigar, fue construyendo un muro entre las familias de los mineros fallecidos, la empresa propietaria de la mina y las autoridades.

No debería ser así, por supuesto, pero se le ha abonado demasiado a la sospecha en este caso. Tanto, que la restauración de la confianza se antoja realmente imposible.

Ésa es la razón detrás de la posición que hoy adoptan los deudos de Pasta de Conchos ante al surgimiento recurrente de un rumor según el cual Grupo México estaría realizando gestiones para obtener la autorización de las autoridades federales para reanudar la explotación en la referida mina.

No habrá actividad en Pasta de Conchos mientras no se rescaten los cuerpos de los mineros caídos: ésa es la postura de quienes han mantenido tal exigencia a lo largo de casi una década.

Se trata de una postura que en otras circunstancias podría ser calificada de intransigente, pero que en este caso particular representa el único reducto que se le ha dejado a un conjunto de familias para cuyos miembros constituye un acto en defensa de su dignidad.