Miles de personas se encuentran cotidianamente en riesgo debido a la inobservancia de las autoridades

Uno de los errores que como sociedad cometemos es el de auto flagelarnos con la idea de que habitamos un País donde nada funciona; donde lo único que puede esperarse de las instituciones públicas son malas noticias. El paso del huracán “Patricia” por el territorio nacional es un buen ejemplo de que tal visión, si bien tiene motivos para existir, es incorrecta.

De acuerdo con los expertos en meteorología, “Patricia” ha sido el huracán más peligroso de que se tenga registro, de acuerdo con la velocidad de los vientos que alcanzó antes de tocar tierra. Sin embargo, los daños materiales que causó en la costa del Pacífico y, sobre todo, el saldo blanco en materia de víctimas fatales y personas lesionadas, no se corresponde con el riesgo potencial que representaba.

Ciertamente debe decirse que una parte del saldo inocuo de este fenómeno meteorológico se debe a circunstancias más allá de las capacidades humanas, como el hecho de que el huracán tocara tierra en una zona despoblada o que las cadenas montañosas del oriente mexicano le hubieran debilitado antes de que su “ojo” llegara a la costa.

No puede dejar de reconocerse, sin embargo, que las autoridades de todos los órdenes de Gobierno actuaron con prontitud y desplegaron eficaces esfuerzos para prevenir saldos negativos mayores.

A diferencia de algunos lamentables episodios del pasado, el Estado mexicano mostró ahora que ha aprendido de las duras lecciones que la naturaleza nos ha dado y por ello se actuó con gran efectividad en la tarea de alertar a las comunidades ubicadas en el paso del meteoro, así como para evacuar las zonas de mayor riesgo.

Habrá que reconocer pues, sin regateos, el esfuerzo realizado por quienes tienen a su cargo las tareas de protección civil. Su desempeño durante las horas críticas en las cuales “Patricia” se convirtió en el principal motivo de preocupación para todos constituye una garantía en el sentido de que las instituciones mexicanas son capaces de enfrentar enormes desafíos y superarlos.

Valdrá la pena en este sentido, que el conocimiento y la experiencia adquiridos en estos episodios sirva para diseñar y poner en práctica acciones orientadas a resolver los múltiples problemas de protección civil que padecemos en las zonas urbanas de todo el País y que, sumados, representan un peligro más importante que cualquier huracán.

Decenas de miles de personas se encuentran cotidianamente en riesgo debido a la inobservancia de las más elementales reglas de prevención de desastres o a la inacción de las autoridades frente a la realización de desarrollos urbanos que no respetan los cauces naturales, por ejemplo.

La actuación de las autoridades ante “Patricia” demuestra que somos capaces de aprender de la tragedia. Es tiempo de que lo demostremos en los sucesos cotidianos y no solamente en ocasión de las grandes amenazas.